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LA PERVIVENCIA DEL SEÑORÍO DE MONTIJO EN SERÓN

En Agosto de 2003, Valeriano Sánchez Ramos publica un estupendo artículo en la revista  Al- Cantillo, titulado: “El último aliento del señor de Serón: la venta de tierras de la condesa-viuda de Montijo en 1843” para situar el fin del dominio señorial del Marquesado de Villena en Serón.

En este artículo se sigue la pista del señorío de Serón, desde que, en sus inicios, los Reyes Católicos se lo concedieran al Marqués de Villena hasta que, a través del tiempo, vaya pasando por línea sucesoria de una familia nobiliaria a otra hasta llegar a Francisco de Borja Soto Moreno, XII señor de Serón. En el transcurso de este ir y venir del señorío de unas manos a otras, Valeriano se detiene en el litigio en el que a la familia Portocarrero se le conceden las tierras del señorío de Serón, quedando como heredera, la condesa de Montijo.

En lo referente a las últimas posesiones de los Montijo en Serón, cito:

A partir de este año (1843) la madre (de Francisca de Sales Portocarrero y Kirkpatrick, condesa de Montijo) procedió en la notaría madrileña de D. Pascual Seco a formalizar las escrituras de venta”……”con Don Antonio Fernández. La operación se cerró”…….”entrega en monedas de oro y plata Don Benito Fernández”….”Nada sabemos de ambos hermanos, aunque sería interesante conocer si tuvieron alguna relación con tan importante familia nobiliaria más allá de la operación de compra-venta, su extracción social, volumen de negocios…”

“No cabe duda de que con este acto los descendientes de los Marqueses de Villena liquidaban los últimos vestigios que aún poseían en Serón.”

“El último paso de todo este largo proceso se dio en Serón, cuando el 20 de enero de 1844 D. Benito Fernández, en nombre de su hermano D. Antonio, pagaba 165 reales y 10 maravedíes correspondientes a los derechos de traspaso”.

“Con esta operación de venta de las tierras de Serón por parte de la condesa de Miranda (también de Montijo) desaparecía uno de los señoríos más antiguos de la provincia y aún del antiguo Reino de Granada…”.

Sin embargo, se puede constatar la pervivencia de ciertas formas de propiedad provenientes del Antiguo Régimen en Serón hasta la fecha de 1916, momento en que se produce la venta del castillo, como muestra la documentación que a continuación pasaremos a presentar.

Otras investigaciones que analizan el período posterior a la reforma agraria liberal ponen también de manifiesto las numerosas reminiscencias feudales que perviven en el Sur de España. Sánchez Marroyo expone numerosos ejemplos de supervivencias feudales en la segunda mitad del siglo XIX y en las primeras décadas del siglo XX. El ejemplo del conde de Montijo es significativo al respecto (Sánchez Marroyo, 1993: 144 y ss.): aparecía como propietario y como preceptor de un canon de censo enfitéutico constituido en el siglo XV en la provincia de Cáceres. Era una situación que tras sobrevivir a las intensas transformaciones de la propiedad agraria en el siglo XIX, llegó hasta bien entrado el siglo XX.

La exposición que sigue de la historia perdida y olvidada de Serón, teniendo como referencia a la casa de Montijo y sus posesiones en este pueblo, arranca a partir del artículo mencionado, donde se da por sentado que Francisca de Sales Portocarrero y Kirkpatrick, condesa de Montijo y de Miranda, es el último miembro de esta familia que poseía fincas en Serón. Y donde se da fin a la línea sucesoria de los Montijo por tal afirmación.

En primer lugar, es preciso conocer quiénes fueron los herederos de las propiedades que el señorío de Montijo conservaba en Serón.

La condesa de Montijo en cuestión (1825 – 1860), casó con Jacobo Luis FitzJames Stuart Ventimiglia Álvarez de Toledo Beaumont y Navarra, VIII duque de Berwick, XV duque de Alba de Tormes (1821 – 1881).

De este matrimonio nacerían tres hijos:

1-     Carlos, IX duque de Berwick, XVI duque de Alba de Tormes, XI  conde de Montijo, XVIII conde Miranda (1849 – 1901).

2-     María Asunción Rosalía FitzJames Stuart y Palafox, XI duquesa de Galisteo, duquesa de Tamames (por matrimonio) (1851 – 1927).

3-     María Luisa FitzJames Stuart y Palafox (1853 – 1876).

El reparto de bienes entre sus hijos dio como resultado un lento  proceso, siendo los dos primeros, Carlos y María Asunción, los principales protagonistas, tanto como propietarios de fincas en Serón, como también  siendo los responsables de la casa de Montijo y dadores de poderes a sus administradores.

También intentaremos desvelar el misterio que D. Benito Fernández y su hermano Antonio supusieron para Valeriano Sánchez en su exposición de la venta a la que alude en su artículo; su relación con la casa de Montijo, extracción social, volumen de negocios…

Para todo ello iremos ascendiendo cronológicamente a lo largo de la historia, buscando la presencia de los Montijo en Serón a través de sus posesiones, administradores y ventas realizadas.

En la “Enciclopedia General de España”, año 1852, de Pascual Madoz, se dice:

“…En lo más alto y parte céntrica de la población hay un castillo bastante deteriorado, de construcción árabe, perteneciente a la condesa de Montijo; en él se ve un reloj cuya campana es de regular mérito….En todo el término abundan los minerales de hierro, plomo y cobre, viéndose en muchos parages indicios de fundición en lo antiguo; al presente solo se explotan las de hierro, cuyos minerales se funden en la fábrica de la condesa de Montijo, y una de plomo que empieza a dar cierta utilidad….”

Pudiera ser que en la época hubiera un desfase de 9 años entre la elaboración y posterior publicación de la enciclopedia General de España. Y que ya, en 1852, el castillo y la fábrica de fundición, no perteneciesen a la condesa de Montijo, María Francisca Portocarrero Palafox y Kirkpatrick (como de hecho lo era), sino que se hubieran vendido, incluso en una fecha anterior a 1844, puesto que no se mencionan en la última venta descrita en el artículo de Valeriano Sánchez.

Pero no fue así. En 1852, como apunta la reseña de la enciclopedia general de España de Pascual Madoz, el castillo, la fábrica de fundición y otras posesiones, aún pertenecían a los condes de Montijo, como demostraremos más adelante.

El 26 de agosto de  1856, ante el notario José Antonio Herrerías, José Manuel Yélamos, vecino del mismo pueblo, vende una gualeja de cuatro fanegas y tres celemines, y otra media con un censo de trece reales y diez maravedíes a favor del duque de Berwick y Alba, conde Montijo y de Miranda, sitas en la vega, a su convecino Manuel Martínez Bonachela por cuatro mil reales que éste paga en monedas corrientes. “..Don José Manuel Yélamos…de esta vecindad…á deliberado vender a Manuel Martínez Bonachela; más como tenga sobre sí la mitad de otra agualeja trece reales, diez maravedíes de censo a favor de la casa del Eximo Señor Duque de Wervir (Berwick) y Alva, Conde de Montijo y de Miranda, á obtenido la competente licencia de su Excelencia para poder llevar a efecto esta enajenación…”. Cita de la escritura.

Dado que se cita al propietario del censo como duque Berwick y de Alba, conde de Montijo y de Miranda, cabría suponer que se trata de Carlos, primer hijo de la condesa de Montijo y Miranda y de su marido, duque de Berwick y de Alba, puesto que es el que hereda esos títulos de sus padres. Aunque sería más lógico pensar que la venta la hace Jacobo, usando los títulos de conde de Montijo y de Miranda a los que pertenecía dicho censo, ya que su hijo Carlos contaba con 7 años de edad y teniendo en cuenta que la condesa de Montijo estaba a cuatro años de su muerte.

Como representantes de la casa de Montijo, D. Benito y  D. José Fernández presentaron el documento que autorizaba que el censo fuese traspasado al nuevo comprador. Volvemos a encontrar a D. Benito Fernández 12 años después de que apareciese en la escritura de venta que menciona Valeriano Sánchez.

Esta vez con más suerte, ya que el notario de Serón se refiere a D. Benito y a D. José Fernández como representantes de Su Excelencia el duque de Berwick y de Alba, conde de Montijo y de Miranda, abriendo una línea básica de investigación en busca  de posesiones de los Montijo en Serón: los administradores.

Administradores de la casa Montijo

D. Benito Fernández Rodríguez (2 abril 1786 – 26 marzo 1862) , fue administrador de la casa de Montijo en Serón, administración que abarcaba todas las posesiones de los Montijo en los pueblos del Almanzora, como Tíjola, Bayarque, Sierro, Lúcar, Oria, Suflí, Macael y Vera.

La relación con la  X condesa de Montijo, María Francisca Portocarrero Palafox y Kirkpatrick y con su marido, Jacobo Luis FitzJames Stuart Ventimiglia Álvarez de Toledo Beaumont y Navarra, XV duque de Alba, fue muy estrecha y sus viajes a Madrid, frecuentes.

Desconocemos el periodo exacto en el que se mantuvo en el cargo, pero debió de ser prolongado. En el documento que adjuntamos aparece como vecino de la villa de Vera en 1833, recibiendo poderes por parte de Cipriano de Palafox Portocarrero, conde de Montijo (1785 – 1839) para que se hiciese cargo de sus bienes y de los de su mujer, Manuela Kirkpatrick, condesa de Miranda, como se puede leer en el poder que se adjunta y del que cito:

“Pedimiento a D. Benito Fernández Rodríguez becino de esta villa. Administrador de los bienes y rentas que en la misma  posee el Eximo Sr. Conde del Montijo y de Miranda y apoderado igualmente para los pertenecientes a la testamentaria de la última Exima Sra. Condesa de Miranda..”

En el mismo documento se citan los pueblos de Vera, Macael, Lúcar, Oria y Sierro, como villas en las que la casa de Montijo tenía posesiones y de las que es administrador D. Benito. Aunque desconocemos la fecha de finalización en la administración de los Montijo, si sabemos que le siguió su hijo, D. José Fernández Estrada a quien se alude en la escritura de venta mencionada de 1856.

El volumen de negocios  que manejó D. Benito debió de ser enorme, ya que como administrador de la casa de Montijo en Serón y otros pueblos del Almanzora, participó directamente en el mantenimiento y arrendamiento de las propiedades, en su venta a terceros  e incluso en la compra, de él mismo y de familiares, de fincas pertenecientes a la casa que administraba.

También por su estrecha relación con la alta nobleza de España, lo que le supondría realizar importantes negocios al margen de la administración de la casa Montijo. Suposición que se ve reforzada por la posición social a la que llegó su hijo.

No tenemos noticias de que tuviera algún título nobiliario, aunque sí de que fue condecorado en varias ocasiones. Prueba de ello es esta fotografía de un cuadro que se adjunta y en el que se hizo retratar con esas condecoraciones.

Tuvo dos hijos, José y María de los Ángeles. Murió en Serón el 26 de marzo de 1862, donde está enterrado.

D. José Fernández Estrada, hijo de D. Benito Fernández Rodríguez, siguió en la administración de la casa de Montijo a su padre D. Benito. Abogado de profesión, poco sabemos del periodo de administración de D. José.

Al poco tiempo de morir su mujer se ordenó sacerdote castrense. Nueva profesión en la que ascendió meteóricamente , fruto seguramente, de su relación con la casa de Alba y Montijo, llegando a ser capellán de SS MM la Reina  regente María Cristina, esposa de Alfonso XII, quien ejerció como regente de España (1885 – 1902) durante el periodo de minoría de edad del hijo póstumo de su marido, el futuro rey Alfonso XIII y en el transcurso del cual España perdería sus últimas colonias en América.

Práxedes Mateo Sagasta, varias veces presidente del gobierno en el periodo de regencia de María Cristina, concedió a D. José Fernández Estrada el título de Jefe de la Administración Civil del Estado.

D. José, desde su posición como capellán de la Reina María Cristina y Jefe de la Administración Civil del Estado, tuvo influencia directa en todos los acontecimientos que se estaban desarrollando en la incipiente modernización de Serón, concesiones mineras, ferrocarril, etc., realizando importantes negocios a través del que sería el posterior administrador de los Montijo, Epifanio del Pozo y Santiago.

Ya en 1870  por la ley 10 de septiembre, se le otorga la concesión de la línea férrea Murcia á Granada por Guadix y Lorca. Este proyecto corrió a cargo del ingeniero Serafín Freart, quien estableció que la línea debía de ir por el Almanzora, en detrimento de los Vélez, por la proximidad de las explotaciones mineras, con un coste de 66 millones de pesetas. Finalmente, la concesión caducaría y el 24 de noviembre de 1884 pasaría a Edmundo Sikes Hett, único postor en la subasta celebrada ese día.

Aunque la línea no la realizaría finalmente D. José, fue el proyecto financiado por él, el que se siguió y realizó.

Nunca perdió la relación directa con su pueblo, Serón, al que venía a predicar en Semana Santa todos los años.

Desconocemos la fecha de su muerte, pero hemos de suponer que estaría cercana a la toma de posesión, por parte de su sucesor de la administración de bienes de esta casa nobiliaria.

D. Epifanio del Pozo y Santiago fue nombrado administrador de la casa de Montijo en Serón, el 24 de enero de 1900, según reza en escritura realizada en Madrid.

Fue el encargado de finalizar la relación que la casa de Montijo tuvo con Serón durante siglos. Al igual que sus antedecesores, hizo importantes negocios, sobre todo con las compañías mineras. Poseyó una ingente cantidad de bestias de carga, teniendo a numerosos arrieros contratados para el transporte de materiales y suministros de las compañías mineras, así como en todo el Almanzora. También actuó directamente en las minas, teniendo subcontratadas el transporte de material y el retaque de minas.

Compró grandes extensiones de terreno a lo largo y ancho del territorio de Serón. Nunca vendió las tierras que compraba. Por lo que suponemos que las tendría arrendadas y en producción, comerciando con los productos obtenidos.

Desconocemos el año en que D. Epifanio del Pozo deja de ser administrador de la casa de Montijo. Aunque debemos suponer que esta relación finaliza en 1916, año en que fueron vendidas todas las propiedades físicas de la administración de Serón y que incluía a los pueblos del Almanzora, a su yerno, Enrique Nin de Cardona Ramírez.

Enrique Nin de Cardona Ramírez

El 13 de abril de 1916, en Madrid y ante el notario José Criado y Fernández Pacheco, el apoderado de la Sr. Duquesa de Galisteo y de Tamames, Nicolás Santafé vende en su nombre a Enrique Nin de Cardona Ramírez las fincas que poseía la administración de la casa de Montijo en Serón y que incluía fincas en Tíjola, Sierro, Suflí y Macael por una cantidad total de 80.545 reales.

Previamente D. Epifanio del Pozo y Santiago, administrador de la casa de Montijo y suegro de D. Enrique Nin de Cardona Ramírez, había pedido el censo de propiedades que aún tenía la casa de Montijo en Serón, con la que acuerda la compra de todas ellas.

En el anexo de la escritura de venta que reproducimos a continuación vienen reflejadas todas las propiedades vendidas a Nin de Cardona:

Pueblo de Serón

“Castillo situado en lo más elevado y parte céntrica de la villa de Serón de construcción árabe, con seis habitaciones y 200 metros de superficie tiene un reló cuya campana es de regular mérito……………………………………………………………………………………………………………………..——-

Casas en el glasis del castillo de Serón construidas sin autorización de S. E……………… .820 r

Horno de pan cocer situado en la villa de Serón y calle llamada de los Sastres nº 23…….1200 r

Solar de un horno situado en la calle de la Humbría de la villa de Serón…………………….  600 r

Ruinas de una fábrica de hierro situada en el radio de la Iglesia de la villa de Serón….1000 r

Cortijo de la Jauca una labor de tierras de 2ª clase con riego que le da una fuente y balsa de su esclusiva pertenencia y otras de secano de 2ª y 3ª clase que en junto componen 40.248 miles de sembradura, con una casa Cortijo en su centro con 5 habitaciones altas y bajas y tres corrales (Adquirido en indemnización de Diezmos)…………………………………………………..40.000 r

Tierras de Sierro un trance de riego de inferior calidad de 4 celemines- otro secano de 3 fanegas y otro de cinco celemines de la misma calidad……………………………………………..4.480 r

Pueblo de Macael

Casa en la villa de Macael en la calle de Meque. En esta (…..)………………………………………80 r

Tierra en término de la villa de Macael. Inferior calidad………………………………………………80 r

Serón y Tíjola

Censos En las relaciones descrituras se consignan 78 censos de los cuales 33 están reconocidos y coscientes en su pago y los 45 restantes sin reconocer. Todos ellos arrojan 48.048,56 reales de capital y 1.614,23 reales de rédito anual…………………………………    32.280 r

Enrique Nin de Cardona Ramírez donaría, a la postre, el castillo de Serón a su pueblo. Propiedad de la que nunca tomaría posesión. Esta decisión fue tomada incluso antes de realizar la compra. El castillo, por decirlo así, fue tomado por el pueblo, poco a poco, a lo largo de los años anteriores; llevándose sus piedras, haciendo casas e instalándose en sus aledaños.

Podría pensarse que al donar el castillo tan solo se deshace de una ruina, pero como vemos en las escrituras de venta, Nin de Cardona no pagando por la fortaleza, que seguramente entra gratis para finiquitar todas las posesiones de los Montijo y al ser una ruina, sí lo hace por las casas construidas de forma ilegal, sin permiso de la casa de Montijo y consecuentemente, sin pagar el solar que ocupaban.

Esto quiere decir que no solo dona una fortaleza, hoy símbolo del pueblo de Serón, sino que, a pesar de haber pagado 820 reales por las casas construidas a su alrededor, decide darlas a sus moradores. Este hecho será de vital importancia para los ahora dueños de esas casas en años posteriores, como veremos más adelante.

Fue alcalde de Serón en la época del intento regeneracionista del dictador Primo de Rivera con respecto al viejo régimen. En una época convulsa (huelga de la cebada), en la que primero se destituye a Antonio Cano Martínez como alcalde del viejo orden y al que posteriormente, tras la aplicación del Real Decreto de 30 de septiembre de 1923, siguen como alcaldes: Juan Cano Fernández (8 días en el cargo, de 2 a 10 de octubre d 1923), José Ramírez Falero, general retirado que, en 1924 pasa a presidir la Diputación de Almería (8 días en el cargo, de 10 a 18 de octubre de 1923), Francisco Jiménez Fernández, que estaría en el cargo hasta el 13 de enero de 1924, fecha en que Enrique Nin de Cardona Ramírez es nombrado alcalde de Serón. Cargo que ostentaría  hasta 1928 y que desempeñaría intermitentemente, delegando la alcaldía en su teniente de alcalde Manuel Vázquez Usabiaga, último alcalde de Serón hasta el final de la dictadura de primo de Rivera y que moriría asesinado en la guerra civil española junto al entonces alcalde, José Anaya Cabello.

Dentro de los logros que se consiguieron dentro del periodo de alcaldía de Enrique Nin de Cardona, cabe destacar la implantación de las primeras escuelas rurales. Un logro nada desdeñable dado el gran número de pedanías que tenía el Serón de aquellos días, el difícil acceso a las mismas y su consecuente aislamiento.

Su padre fue Enrique Nin de Cardona Navarro, nieto (por matrimonio) de D. Benito Fernández Rodríguez, administrador de la casa de Montijo y que fuera también uno de los alcaldes de Serón.

Enrique Nin de Cardona casó con la hija de D. Epifanio del Pozo y Santiago (último administrador de la casa de Montijo), María Remedios del Pozo Fernández, conocida en Serón como Doña Pepa. El matrimonio no tuvo hijos, aunque criaron a su sobrino, Ángel Torre-Marín Nin de Cardona después de que la madre de éste muriera al darle a luz.

Le tocó vivir una época difícil en los últimos años de su vida. El inicio de la guerra civil, el pertenecer al partido conservador y estar en zona republicana, hace que su casa sea asaltada y destrozada. Tras detener a los alcaldes anteriores (todos del partido conservador), el comité revolucionario, recordando sus gestiones en Almería y Madrid para aliviar la situación penosa en que se vio el pueblo a consecuencia de la Huelga de la Cebada, decide no encerrarlo junto a los demás. Gestiones que se traducirían en la llegada de grano por medio del tren y que se repartió a toda la población.

Moriría poco tiempo después (1938), a causa de una enfermedad que le aquejaba, en su cortijo Perpiñán de La Jauca, al que se retiró poco tiempo después de los últimos sucesos sufridos en el pueblo.

El Castillo

La fortaleza situada en el centro y en lo más alto de la población, seña de identidad del actual Serón y que ha visto pasar a lo largo de su historia los más grandes personajes: Yusuf I, rey de Granada, Fernando el católico, en la conquista del reino de Granada, Juan de Austria, con motivo de la rebelión de los moriscos y donde sufre su única derrota, por citar solo a algunos. Y sin embargo, tan olvidada y no tenida en cuenta, se convierte en una pieza clave y quizá la más evidente, por su tamaño y ubicación, en este rompecabezas que estamos intentando encajar.

Las desamortizaciones de Mendizábal y Madoz (por citar dos de la más importantes) no consiguen que toda la tierra de la nobleza y de la Iglesia pase a manos del pueblo; crea en algunos casos, nuevos terratenientes y en otros el abandono de tierras y de edificios. La razón es que estas desamortizaciones, no consiguiendo que las tierras pasen a manos de quienes las trabajan y viven para ellas y de ellas, sí consigue que la nobleza y la Iglesia pague impuestos por las tierras y edificios en su poder. Al ser tanta la cantidad de patrimonio acumulado y la poca utilidad comercial dada por la nobleza y la Iglesia a sus posesiones, se ven obligados a vender.

En el caso de Serón, vemos en las escrituras de venta cómo el castillo entra dentro de un lote de compra, gratis, siendo la primera vez en su historia que su propietario carece de título nobiliario, Enrique Nin de Cardona Ramírez. Quien a su vez hace que inmediatamente pase a ser, por primera vez, del pueblo de Serón.

Al contrario de lo que sucede en muchos lugares de España, donde los monumentos son reformados, Serón sigue la estela de su comarca del Almanzora, donde el abandono de monumentos es la nota predominante (no existen hoy los castillos de Tíjola, Armuña, Purchena, Cantoria, Albox, etc.). El expolio de los mismos está a la orden del día; sus piedras se usan para la construcción de casas particulares, muros y demás. Pasan a ser territorio de nadie y un lugar, en el caso de Serón, donde plantar la casa sin pagar por ello. Esto último hace que sean las clases más desfavorecidas las que se instalen en los aledaños del castillo, imponiéndose en los últimos años la etnia gitana.

Luis Villalba

La reforma del castillo del alcalde Villalba (años 70) llega en un estadio de máximo deterioro de la fortaleza, tras un “Bum” tardío de turismo de los 60 en España y con una conciencia de lavado y maquillaje para atraer a este turismo. Sin rigor histórico, sin método de conservación, aquella “reforma” acabó con buena parte de lo que quedaba de la fortaleza original.

También acabó con algunas leyendas, como la de que existía una cueva que, partiendo desde el castillo llegaba hasta la Alconaiza, al otro lado del río Bolonor. Ya que la supuesta entrada de esta cueva, que la leyenda situaba bajo el torreón redondo, fue tapada por uno de los nuevos muros de piedra de mármol de deshecho y cemento.

Y comenzó otras, como la aparición de una estatua encontrada por los obreros y de la que ya nunca más se supo. Pero claro, esto entra dentro de la leyenda y se aleja del propósito de este escrito, que no es otro que constatar hechos veraces.

Aunque eso sí, esta reforma consiguió que el castillo no cayese encima del pueblo y que fuese dignamente transitable y visitable; desescombrando los alrededores, reconstruyendo muros, hormigonando el suelo, dotando a la fortaleza de almenas, construyendo unas escaleras de subida en lo que antes era una rampa con escombros, derribando las casas adosadas a sus muros, plantando árboles en todo el perímetro de la fortaleza. Creando con todo ello un espacio limpio donde antes solo existían escombros.

Es la gran reforma, la recuperación definitiva para disfrute de los vecinos de Serón de la que fue la donación de Nin de Cardona.

Toda actuación conlleva cierta polémica. Podemos tener la casi absoluta seguridad de que la corporación que Villalba presidía en aquellos años, tenía conocimiento de las escrituras de venta de la duquesa de Galisteo a Nin de Cardona, ya que en ellas se expresa la ilegalidad de las casas construidas en sus aledaños y en las que, seguramente, Villalba se apoyó para no pagar el derribo de las mismas tras la reforma. Aunque según las fuentes, la cantidad de casas derribadas varía en su número, no podemos equivocarnos demasiado al decir que fueron 14 casas.

En la forma, el cómo y el por qué no entraremos aquí.

Francisco Jiménez Cano

Es de destacar la conciencia de conservación del Doctor en medicina Francisco Jiménez Cano en los años 60, trayendo al embajador japonés y a un eminente escritor, en este desierto de desinterés general que duró casi sesenta años desde la donación de Nin de Cardona del hoy monumento al pueblo de Serón. Cito unos fragmentos de la biografía de su hijo, Paco Jiménez Fuentes (Paco “el inglés”):

Entre las inquietudes de mi padre por su pueblo, intentó la restauración del castillo, cuando Fraga inició los paradores e incluso para que le ayudasen en sus demandas, consiguió llevar al notable escritor Eugenio Montes a quien le acompañó el embajador del Japón, estuvieron dos días visitándolo……Informaron favorablemente, pero no hubo apoyo por parte de las autoridades de la capital”.

“Al desplomarse la torre del reloj, en el centro de la antigua plaza de armas, bajo la dirección de Antonio Plaza (maestro de música y relojero), se construyó el actual torreón. En la torre del castillo, el maestro Antonio Plaza, instaló el reloj del antiguo castillo, que es de los primeros construidos sobre principios mecánicos, de volante circular, llamado de campanas y que según él, su construcción se atribuye a un cierto Abu Abedallah-ben-Arrancan, hijo del rey de Granada Al-Naser (1309).”

“Cuenta que de niño jugaba con otros niños en el castillo, que había habitaciones con pinturas y que trepaban por sus muros en busca de nidos de pájaros”

Francisco Jiménez Cano nació en 1898. Como podemos comprobar por las memorias de su hijo, y aunque muy joven, vio las dos imágenes del castillo que figuran arriba, en vivo. Jugaba con otros niños allí y vio las pinturas que había en las habitaciones.

Como vemos en la fotografía de Gillman, el gran cuerpo cuadrangular que conforma la torre bien podría tener esos doscientos metros que figuran en la escritura de venta del castillo y esas seis grandes habitaciones divididas en las dos plantas que se aprecian en la torre, sin contar la terraza que albergaba “la campana de regular mérito” a la que se alude en las mismas escrituras.

Dada la fecha de nacimiento del Doctor Francisco Jiménez y sus experiencias de niño, jugando en el interior del castillo, describiendo pinturas en sus habitaciones e incluso trepando por sus muros, es del todo imposible que “la torre neo-mudéjar” que vemos en la segunda fotografía date de finales del siglo XIX, como así consta en el panel informativo, en su línea antepenúltima, que nos encontramos a la entrada del castillo. Así como en las breves reseñas de la historia de Serón que publica el Ayuntamiento.

La fecha exacta del derrumbe de la antigua torre y la posterior construcción de la nueva, quizá nunca la sabremos. Pero tenemos otros dos datos que refuerzan que el testimonio del Doctor Francisco Jiménez es cierto:

En la lámina, tamaño A-2, que se puso a la venta en enero de 2009 de una fotografía de Gillman en la que aparece la antigua torre del castillo, figura la fecha de 1901 como año de realización. Este dato, por sí, no es definitivo ya que puede tratarse de un error tipográfico.

La propia escritura de venta del castillo, con fecha de 1916 y en la que se describen las habitaciones y la campana de regular mérito que conformaban la antigua torre.

El único “pero” al pensar que la nueva torre se construyó después de 1916, basándonos en los dos datos anteriores, es la fotografía aportada por Juanjo Plaza al foro web de Serón.tv y de la que afirma haber sido realizada en 1911.

Dando por cierta la afirmación del Sr. Plaza, Enrique Nin de Cardona adquirió el castillo sin la antigua torre, ni sus habitaciones. Aunque sí con su campana de regular mérito emplazada en la nueva que conocemos hoy. El notario, quizá, transcribiría la propiedad tal y como figuraba en las escrituras y como en ocasiones, suele suceder hoy en día.

Por tanto, siguiendo este razonamiento y a la vista de los datos de que disponemos, dándole al Dr. Jiménez una edad de seis años como razonable para que pudiese trepar por los muros del castillo y acordarse medianamente bien de que había pinturas en sus habitaciones, podríamos decir que entre 1904 y 1911 se derrumbó la antigua torre y construyó la nueva.

Monumento y Bien de Interés Cultural

Gracias a la reforma de los 70, sobre todo, fue declarado Bien de Interés Cultural con la categoría de Monumento por la resolución de 22 de junio de 1993 (código: 4083001), bajo la protección de la Declaración Genérica del Decreto de 22 de abril de 1949 y la Ley 16/1985 sobre el patrimonio Histórico español.

La Tercera Reforma del castillo

Tras la construcción de la torre neo-mudéjar que albergaría el antiguo mecanismo del reloj después del derrumbe de la torre original y que podríamos decir fue la primera reforma del castillo, siguió la de la corporación que presidía Luis Villalba, como alcalde de Serón, en los 70.

El 6 de mayo de 2003 se presentó en el salón de actos del Ayuntamiento el proyecto de rehabilitación del castillo: la tercera reforma.

En palabras de Juan Antonio Lorenzo Cazorla, alcalde de Serón (que lo sigue siendo hoy, en 2010):“Con la rehabilitación que ahora iniciamos se pretende recuperar el entorno primitivo y crear un atractivo turístico, así como adecentarlo y que los vecinos del pueblo puedan disfrutar de él”.

La rehabilitación se encargó a la arquitecta María Dolores González, presente en el acto, así como María Isabel Salinas, delegada de Cultura de Almería que dijo:

“Ante todo pretendemos respetar y preservar el edificio, pero dándole otra funcionalidad y buscando armonía entre todos los elementos, es decir, dejarlo mejor, pero sin perder su identidad, para que las futuras generaciones puedan seguir identificándolo con su pueblo”.

Los Censos

En esta exposición que, además de constatar hechos relevantes de nuestra historia reciente, quiere ser una puerta abierta a la investigación (de ahí la brevedad), no se pueden dejar de mencionar los censos que, como hemos visto, están presentes en las escrituras citadas aquí. Y que son de vital importancia para el seguimiento histórico de la nobleza que tuvo las tierras en los que aparecen.

Existen varias clases de censos: enfitéutico, consignativo y reservativo. Hablaremos de los dos primeros por ser los mencionados en el detalle de la escritura de venta de la duquesa de Galisteo a Enrique Nin de Cardona, donde se lee:

“…Censos. Para que cuando lo crea conveniente a los intereses de la Excma. Señora poderdante imponga y constituya censos ya consignativos o enfitéuticos, empleando en ellos los capitales que estime oportunos”…

Enfitéutico. Cuando una persona cede a otra el dominio útil de una finca, reservándose el directo y el derecho a percibir del enfiteuta una pensión anual en reconocimiento de este mismo dominio. Dicho de otro modo, se diferencia entre dominio de la tierra y dominio útil o de uso por parte del enfiteuta que la trabajaba y que pagaba por ello.

Consignativo. Cuando el censatario impone sobre un inmueble de su propiedad el gravamen del canon o pensión que se obliga a pagar el censualista por el capital  de que éste recibe en dinero. En este caso, se trata de una especie de hipoteca o forma de adquisición de propiedades, cuyo pago se efectuaba en un plazo de tiempo determinado.

En otras palabras el censo es el derecho feudal (también llamado censo real) según el cual, los nobles cobraban unas rentas a los propietarios de las tierras que ellos mismos les vendían y que además se traspasaban al nuevo comprador, con un gravamen del 5% del valor de la propiedad enajenada, es decir, transferida a un nuevo propietario. De esta manera la nobleza siempre cobraba unos ingresos de unas tierras que ya no poseía. Madoz luchó por la desaparición de  los censos, ya que consideraba que atentaban contra la libertad de  la propiedad privada. Recordemos que para realizar una venta de una finca censada, era necesaria la autorización del censualista.

En la escritura de 1856 se lee en su página tercera: “..desde hoy renuncia (el conde de Montijo) para siempre por sí sus herederos y sucesores el dominio, posesión y otro cualesquiera otro que le corresponda en la enunciada finca, traspasándola con todas las acciones que le competen en el comprador y en quien le representa…”

Vemos cómo en ambas escrituras los censos dejan de tener vigor. En la de 1856 por expreso deseo del conde de Montijo, quien la vende renunciando al censo.

En la de 1916, como muestra el resumen reproducido, Nin de Cardona compra los censos por 32.280 reales y se le concede el derecho a cobrarlos o no según su parecer, cosa que no hizo nunca. Lo destacable es que hasta esa fecha aún se cobraban 33 de los 78 censos.

El censo sigue estando hoy día en vigor en el código civil español. Y por tanto a tener en cuenta en la búsqueda de la nobleza que pueda estar aún presente por el cobro de los mismos.

Fuentes:

– El último aliento del señor de Serón: la venta de tierras de la condesa-viuda de Montijo en 1843. Revista Al-Cantillo, 2003.

– Escritura de venta a Manuel Martínez, 1856.

– Escritura de venta a Enrique Nin de Cardona, 1916.

– Paco Jiménez Fuentes, biografía, fotografía de cuadro de Serón de finales del XIX, fotografía del Dr. Francisco Jiménez

–  Emilio Torre-Marín: escritura de venta a Enrique Nin de Cardona Ramírez, fotografía del mismo, poderes concedidos a los administradores, fotografías de los administradores de la casa de Montijo, testimonio.

– BOE, 29  de junio de 1985.

– Antonio Gil Albarracín. El templo parroquial de Serón en los territorios almerienses del marqués de Villena. Griselda Bonet Girabert, 1995.

– Juan Torreblanca Martínez. La dictadura de Primo de Rivera en el municipio de Serón. 1ª parte. La estructura política municipal. Revista Almansura nº 2, 2008.

– Víctor O. Martín Martín. Los jornaleros y la gran propiedad agraria en el Sur de España. Departamento de Geografía de la Universidad La Laguna, 2008.

– Rehabilitación del castillo de Serón. Revista Al-Cantillo, 2003.

– Juan Grima. Almería insólita. El legado fotográfico de Gustavo Gillman 1889 – 1922. Ediciones Arráez.

FRANCISCO JOSÉ CUADRADO PÉREZ

 

OFICIOS ANTIGUOS DE SERÓN: LA ESPARTERÍA

La provincia de Almería ha sido siempre una tierra dura, difícil y  sin agua, donde crece abundantemente el esparto.  Cuando no había dónde comprar una cuerda o no se podía conseguir calzado (hoy nos parece de risa), nuestros antepasados elaboraban en casa sus propios ramales, sogas o esparteñas. Los mas virtuosos con las manos, los llamados  esparteros, eran capaces de manipular el esparto, elaborando distintos utensilios para las labores agrícolas como espuertas,  serones, aguaderas, albardas, alpiles para la paja y también utensilios  para el hogar como cestos, morrales, paneros, esteras, forros de botellas y capazos.

Desde finales del siglo XVIII el esparto empezó a generar una potente industria artesana estimulada por la gran demanda de sogas y cuerdas de los buques de cabotaje y de pesca. Las exportaciones de esparto en rama con destino a industrias británicas, fabricantes de papel, alcanzan su punto más alto a partir de 1870. La recolección del esparto y su preparación generaba un gran número de puestos de trabajo.  Los obreros arrancaban el esparto y después lo vendían por peso en fardos, kilos o arrobas. En la foto, carretas de esparto en rama que salía en tren.

A pesar de que el esparto del sur de España supera en calidad al de todos los países mediterráneos  (contiene un mayor porcentaje de celulosa y su fibra es mucho más fina),  las exportaciones almerienses se vieron frenadas en la primera década del siglo XX, al entrar en competencia con el esparto argelino.  A partir de los años 60, con la mecanización del campo y el comienzo de la reducción del número de caballerías, la actividad espartera comenzó a decaer.

En la actualidad, ha perdido mucho terreno, siendo sustituido por el plástico o la fibra sintética.  A pesar de esto, el uso del esparto  puede verse en manojos, ya preparados, para utilizarlos en la agricultura (por ejemplo, atar los sarmientos de la parra), mezclado con escayola para utilizarlo en la construcción y en estropajos para la limpieza.

El esparto, su recolección y manipulado

El término de esparto se suele utilizar para nombrar las hojas; mientras que a la planta se le denomina atocha. Entre las distintas variedades del esparto  está el albardín, habitual en nuestro pueblo.

La recolección  del esparto es y ha sido siempre muy dura, a mano. Para arrancar el esparto sin las raíces se agarra la mata, enrollándola en la mano y se tira hacia arriba con un golpe seco. El esparto recogido de color verde se transportaba hasta las zonas de venta, eras o zonas cercanas a la vivienda del espartero, extendiéndose para que se sequen. Para que la fibra se ablande, el esparto se sumerge en agua durante treinta o cuarenta días, transcurridos los cuales se tiende para su secado. Este paso se conoce como “cocío”. Después, el esparto se somete a un aplastamiento, vía un mazo, en las llamadas “picaeras”, consiguiendo que se desprenda la parte leñosa de la fibra.

Los últimos esparteros en Serón

Antonio Pérez Hinojo conoce en profundidad el oficio de la espartería. Es uno de nuestros mayores que ha dedicado gran parte de su vida a trabajar el esparto. Nace en 1924 en  Jorvila, pero a los pocos meses de edad sus padres se trasladan a la barriada de los Choles-Huélago. Desde joven aprende el oficio, viendo trabajar a su padre. El “Tio Antonio”, durante décadas, ha recorrido los atochares de nuestro municipio cogiendo esparto para venderlo. Me dice que  venía gente de fuera, sobre todo de Zújar. La compra de esparto se mantuvo hasta la década de los sesenta. El esparto que cogía para sus trabajos los “cocía” en la balsa de Huélago. Los trabajos que hacía eran encargos de vecinos de Serón. A veces, tenía que visitarlos  para reparar, in situ, aquellos utensilios que por el uso se habían deteriorado. Me comenta que el trabajo de espartero ha sido muy poco valorado, tanto económicamente como socialmente.

En la foto, se puede ver un “posete” para sentarse. El “Tio Antonio”  lo ha hecho para que su nieta tenga un recuerdo de él.

En la actualidad, vive con una de sus hijas en Canata, le gusta pasear, ayudado de dos bastones,  y recordar su dura vida. Días enteros labrando los campos, meses recogiendo esparto y pasando las largas noches de invierno entre ramales, pleita, serones y esparteñas. Ha sido un experto talador y especialista en injertos de todo tipo.  Siempre ha tenido una cabra para la leche pero el trabajo de pastor nunca le ha gustado. También recuerda su paso por las minas de Utrillas (Teruel), donde falleció un hermano.  Todavía se le puede ver los viernes en el mercado, le gusta hablar con la gente y estar rodeado de su familia. En la conversación me habla de sus hermanas María y Juana que viven en los Choles.

 

FLORENCIO CASTAÑO IGLESIAS

ABRIL 2010

LA MÚSICA EN SERÓN

Introducción: Objetivos y Metodología

La idea de realizar este trabajo surgió gracias a mi profesora de Historia de la Música, Mª Isabel Cabrera Sauco, docente en el Conservatorio Profesional de Música José Salinas de Baza, del cuál yo he sido alumna hasta el pasado curso 2008/2009. Fue ella quien un día me comentó sobre el importante desarrollo que hubo de tener en su día la música en el poblado de las Menas, un enclave de mi localidad, Serón (Almería), debido a su gran actividad minera durante los primeros años del siglo XX.

Tenía constancia de la fuerte evolución económica que las explotaciones de hierro habían ocasionado en la zona, pero no había caído en la cuenta de que, como se ha producido en otras ocasiones a lo largo de la historia, el auge cultural de un determinado lugar, está profundamente ligado al desarrollo económico del mismo.

Así que, tras hablar con mi profesora, me pareció interesante investigar la relación economía-cultura en esta área, y más concretamente, la música en Las Menas durante las primeras décadas de 1900. Éste iba a ser, en un principio, el tema sobre el que trataría mi trabajo; sin embargo, al ir recopilando información, observé que Serón como tal, también había experimentado un fenómeno similar, incluso varios años antes. Decidí entonces ampliar el campo de la investigación, analizando los factores que contribuyeron al inicio de la actividad musical en el municipio; así como el desarrollo e influencia de ésta en la comarca del Alto Almanzora, incluyendo además, los datos referentes al poblado de Las Menas.

En seguida me puse en contacto con la bibliotecaria del pueblo, Carmen Liria Campoy, quien amablemente me proporcionó acceso a los escasos datos que se conservan en el Archivo Municipal; pues no hay que olvidar que gran parte de la documentación se perdió durante la Guerra Civil. Pregunté a varios vecinos de Serón si conocían anécdotas, datos, o cualquier información que me fuera válida. En algunos casos me la facilitaron personalmente,[1] y en otros, me proporcionaron los números de teléfono de familiares y conocidos arraigados al municipio, (familiares en muchos casos, de personajes célebres por su labor o carrera musical en Serón), con los que me entrevisté.[2] Asimismo, consulté un trabajo de investigación realizado años atrás sobre las explotaciones mineras, del cual extraje datos demográficos, económicos y sociales de aquella época, [3] y un libro realizado en homenaje a Remedios Martínez Moreno (una ilustre pianista de fama internacional), del que obtuve los datos necesarios para hacer una breve biografía sobre ella.[4] Con la misma intención, recibí por correo la documentación referente a D. Antonio Plazas Herrerías.[5] Por último, recurrí a Internet para continuar con la búsqueda de información. Me registré en el foro de la página web de la localidad -www.seron.tv-, y pedí la colaboración de todo aquél que pudiera ayudarme a reunir más datos.[6]

De dichas fuentes de información conocí acerca de la existencia de dos bandas de música en Serón (una en el pueblo y otra en el poblado de Las Menas), y de la relevancia de cada una de ellas en sus correspondientes épocas. Comenzaba a constatar, de este modo, la hipótesis que comenté al principio: en Serón existió una gran actividad musical ligada fuertemente al desarrollo económico de la zona.

Desarrollo musical en Serón a partir del siglo XIX

Contexto socio-económico de la época

Los documentos escritos más remotos que aluden al desarrollo musical de la localidad en estos últimos siglos datan de 1894, año en el que las bandas de música de Serón y Baza participaron en la inauguración del tramo ferroviario Serón-Baza. Sin embargo, fuentes orales afirman que la Banda de Música de Serón estaba ya a punto de celebrar su décimo aniversario cuando se celebró el evento.[7]

Como ya hemos comentado en la introducción, uno de los objetivos del trabajo es confirmar si la aparición de la música en esa determinada época estuvo influenciada por la actividad económica de la zona, así como ampliar mi conocimiento sobre ella. Para conseguirlo he creído conveniente reflejar la siguiente información, recogida de un tratado de investigación, enciclopedias y testimonios orales de vecinos del pueblo:[8]

Al principio del s. XIX la economía seronense, siguiendo el canon de la época, se  basaba en la agricultura y la ganadería. Los domingos se celebraban grandes mercados visitados principalmente por vecinos de Tíjola y Baza, las dos localidades más cercanas al municipio. Existían además talleres familiares de alfarería y cerámica de excelente calidad que adquirieron gran fama, telares de lienzos, estameñas y mantas, 23 molinos harineros y uno de aceite. Cabe destacar, la instalación de las fábricas de la Condesa de Montijo, donde se trataba el nitro y se fundía el plomo. La población rondaba los 3.000 habitantes.

Después, con la llegada de capital extranjero procedente de los países pioneros en la segunda Revolución Industrial (c.1860-1865), el hierro se convierte en la pieza clave de la industria siderúrgica. Comenzó entonces a desarrollarse la actividad minera. Serón experimentó una transformación en su estructura social, económica y en sus costumbres. Fueron años prósperos en cuanto a trabajo y bienestar material. La población pasó a ser en 1930, año cumbre para la minería, de 9.361 personas.[9]

Tras la fecha, comenzó a notarse una fuerte emigración de los obreros a otras zonas más productivas, pasando a ser el censo en 1940, de 7100 vecinos. Los factores de este movimiento migratorio hay que buscarlos en el progresivo agotamiento de las minas, (que elevó los costes de producción), en la explotación de nuevos yacimientos mineros en el norte de África (que resultaban ser más rentables que los almerienses), en la crisis económica internacional (producida por el famoso “Crack del 29”) y finalmente en la Guerra Civil, que paralizó prácticamente la actividad ferruginosa. En la década de 1950, se produce una reactivación visible hasta 1960. Sin embargo, los vestigios de la crisis anterior y la cada vez mayor fuerza del movimiento obrero (que exigía el aumento de salario, disminución de horas laborales, y cotización a la Seguridad Social), hicieron que el 8 de Mayo de 1968 se cerraran definitivamente los yacimientos mineros. Tal hecho acarreó graves problemas económicos en toda la comarca, pero mayoritariamente en Serón, cuya población comenzó a disminuir rápidamente, hasta ser en 1981 de 3655 habitantes, y en la actualidad de 2422.[10

Aunque no existen datos que lo confirmen, es probable que alguna familia burguesa, con gran poder económico a finales del siglo XIX, tomara la iniciativa en el terreno musical y fundara la primera banda de música en la historia de Serón, la cuál, en los años posteriores (c.1900-1960.) tendría un importante renombre dentro y fuera del pueblo. De destacar es también la creación de la Banda de Menas (c.1920-1932) así como las figuras de Antonio Plazas o Remedios Martínez, cuyas labores musicales dotaron a ambos de gran popularidad en la primera mitad del siglo XX, especialmente a la segunda, que fue reconocida internacionalmente.[11]

Banda de Música de Serón

Como ya hemos mencionado anteriormente, no existen datos escritos anteriores a 1894 (fechas de inauguración del tramo ferroviario Serón – Baza) que daten sobre la Banda de Música. La información correspondiente a la misma que he recogido a lo largo de la investigación, nos sitúan en los primeros años del siglo XX, cuando llegó a Serón D. Antonio Plazas Herrerías, seronero muy aficionado a la música que dirigió la Banda hasta su muerte.[12] Sin embargo, éste no fue el único director de la asociación, ya que el trabajo que aquél realizaba en Málaga, no le permitía hospedarse largas temporadas en la localidad. En sus ausencias, el ayuntamiento nombraba a un nuevo director esporádico.

La trayectoria musical de la Banda fue bastante extensa. Varias fuentes confirman que se mantuvo activa desde su inicio, hasta 1970 aproximadamente[13]. Durante este tiempo, muchos fueron los músicos que pasaron por ella, numerosas las obras que se interpretaron, curiosas las anécdotas que se vivieron. Como en toda agrupación musical, experimentó épocas de verdadero esplendor, así como otras en las que se apreciaba cierta decadencia. En este último aspecto es de destacar la creación de una segunda banda de música en el municipio, concretamente en el poblado de Las Menas, que supuso para la de Serón la pérdida de algunos músicos y la desaparición de ese gran protagonismo del que había gozado hasta el momento. Transcurrido este período, la agrupación volvió a recuperar el prestigio que años antes había tenido.

Finalmente, en los últimos años de la década de los 60, la Banda se disolvió al no encontrar músicos suficientes para mantenerla activa. En los años previos a su desaparición Antonio Cañabate, sacerdote del pueblo, estuvo al frente de ella. Fue en el año 1989 cuando el ayuntamiento decidió reorganizarla, nombrando a Antonio Jiménez Jiménez como director y maestro de la misma. Por último mencionar a Antonio Martínez Ferrándiz, quien en el año 2004 sucedió al anterior en el cargo, manteniéndose en él actualmente.

Para profundizar un poco más en cada uno de estos aspectos, he distribuido la información de la siguiente manera:

Músicos

Durante los primeros años que D. Antonio Plazas estuvo al frente de la agrupación,[14] reunió en ella a más de cien músicos. Es fácil comprender la cuantía de la plantilla si recordamos que en esos años la población del pueblo sobrepasaba los 9.000 habitantes. Sabemos que las primeras generaciones de la Banda estuvieron formadas por los siguientes intérpretes: José Jiménez Vergara (en la agrupación era clarinetista, pero su enorme facilidad auditiva le permitía tocar varios instrumentos distintos con gran destreza), Juan Herrerías (que tocaba el bombardino), Antonio “El Alcalde” (que era el bajista), Flavio Martínez (oboísta un tanto particular, pues en las actuaciones, tenía junto a sí un cubo de agua donde sumergía el instrumento siempre que había una pausa musical), Lucio Plaza (que defendía el papel de trombón), Enrique Pérez (quien era un trompetista muy admirado), Trinidad Litrán (un fliscorno fabuloso que actuaba en las bandas de Serón y de Baza), además de Pedro Carpio, Juan Cano, José, Enrique y Jesús Torreblanca, Antonio y Juan Plazas Pérez, y  Juan Litrán, entre otros. Se recuerda la existencia de una fuerte rivalidad entre Enrique Pérez y Trinidad Litrán por mostrar al público sus grandes aptitudes con el instrumento. Fue por ello que el maestro y director de la asociación, Antonio Plazas, decidió componer sus melodías dando protagonismo a Enrique Pérez en una, y a Trinidad Litrán en otra.

Sobre el año 1950, la crisis minera comenzaba a notarse, y parte de la población de Serón, emigró. La plantilla instrumental se redujo a un menor número de músicos. Se encontraban entre ellos Antoñín Jiménez (hijo de José Jiménez Vergara), Luis (hijo de Mariano), Ricardo Pérez Villalba, José Cano, Juan Cano, Gabriel (hijo del que apodaban “El Barbero”), Antonio Martínez Vergara, Pedro “El Carpio”, Rafael Martínez Mirallas, Jesús Herrerías Martínez y Emilio Martínez Cano.

La enseñanza musical que el director les proporcionaba consistía en estudiar el primer y segundo tratado del “Solfeo de los Solfeos”, así como recibir sus correspondientes clases de instrumento, una vez que el alumno había superado una prueba de aptitud que el maestro había dispuesto para él.

No tenían una vestimenta oficial, aunque por la ropa que se aprecia en algunas fotografías, debían de vestir con colores oscuros.

Parece ser que en algunas ocasiones su remuneración consistía en la exención del pago de impuestos municipales.


[1] Tal es el caso de Juan Cano García, quien me envió por escrito lo que conocía al respecto; o de Antonio Jiménez Herrerías, que me contó detalles curiosos referidos a la Banda de Música de Serón.

[2] Por ejemplo, Marina Cano García, Engracia Segura Manzanares o Juan Torreblanca Martínez.

[3] Espinosa, José y Pedro Mena: Minas de Hierro de Serón (s.l, Instituto de Estudios Almerienses y Ayuntamiento de Serón, s.a).

[4] Jiménez, María Remedios y Francisco J. Jiménez: La pianista Remedios Martínez Moreno (El Ejido, Escobar impresiones, s.a)

[5] Documentación enviada por Encarna Caparrós Plazas.

[6] Afortunadamente pude contar con los testimonios de Fredy Sorroche Martínez y Néstor Ávila Pérez.

[7]Fuente escrita:

  • Archivo Municipal de Serón s.n.

Fuente oral:

  • Néstor Ávila Pérez.

[8]Fuentes escritas:

  • Espinos, José y Pedro Mena: Minas de Hierro de Serón (s.l, Instituto de Estudios Almerienses y                                                                                                                                        Ayuntamiento de Serón, s.a).
  • Enciclopedia general de España.

Fuentes orales:

  • Juan Torreblanca Martínez.

[9] Opus Cit. Pag 5 párrafo 3.

[10] Datos del último censo realizado en 2006.

[11] Tengo constancia de que en Serón se celebraron también los llamados “rosarios de la aurora”, en los cuáles se rezaba el rosario en procesión por el pueblo, y el rezo se acompañaba con cantos propios para la ocasión. Existía además, alguna que otra rondalla.

[12] Según la información biográfica que recogió Encarna Caparrós Plazas basándose en los testimonios orales de Emilia Robles Agudo (nuera del protagonista), y en la obtenida tras mi entrevista con Pilar Plaza (nieta del mismo).

[13] Según los testimonios de Antonio Jiménez Herrerías, Trinidad Pérez, y Néstor Ávila Pérez.

[14] En el archivo de la Asociación Musical “El Castillo” se han encontrado partituras firmadas por dicho director que datan del año 1909.

Actuaciones

Pronto la Banda de Música seronense adquirió gran renombre, manifestándose éste en las diversas actuaciones que realizaban en distintos puntos de la comarca, tales como Purchena, Cantoria, Olula del Río, Baza, Águilas… y como no, Serón. Cabe destacar aquí las realizadas en Semana Santa, en las fiestas de Agosto (en honor a la patrona, Ntra. Sñra. Virgen de los Remedios), y en el día de Reyes.[1]

En Cantoria  se ejecutó “Alborada Gallega” (de Pascual Veiga); “Amparito Roca” tuvo lugar en una novillada de Olula del Río; la marcha procesional “A la Virgen”, en Alcóntar; y la marcha militar “Gerona” (de Lope), en Purchena, al parecer en un pasacalles o procesión.

Durante la Semana Santa se interpretaban obras como “Cristo en la Cruz” (cuyo autor es el ya mencionado director), “A la memoria de Martínez Rucker” (de Juan Mohedo Canales) o “Marcha Fúnebre” (de G.Oliver), la cuál se podía escuchar al entrar a la iglesia, una vez acabada la procesión.

Respecto a las fiestas patronales, encontramos algunas composiciones cuyas notas aún resuenan en el interior de los más mayores: “Soy Alimón, soy El Cadí” (divertido y coreado), “El asombro de Damasco” (un pasodoble de Pablo Luna), “De Andalucía a Aragón” (un pasodoble de Jaime Teixidor), “Gloria al pueblo”(presente cada año en las fiestas patronales) del cuál se resalta el contracanto entre el clarinetista principal, José Jiménez, y el requinto, Juan Cano; “Lamento español” (pasodoble de Jesús Pérez Rivas) , “De Málaga a  Colombia” (pasodoble para pasacalles de P. Cambronero), “Gitanería Andaluza”, “La viuda alegre”, “El conde de Luxemburgo”, “La canción del olvido” (una selección de José Serrano), o“La Rosa del Azafrán” (un pasodoble de Jacinto Guerrero) .También podía escucharse “Una noche en Calatayud” (un poema sinfónico de Pablo Luna). Por último mencionar el himno “Himno a Serón” (de Luis Bedmar).[2]

Durante el castillo de fuegos artificiales del día 14 de agosto, era costumbre tocar  “El sitio de Zaragoza” (fantasía militar de C. Oudrid). De igual manera, en la diana que se realizaba durante las fiestas se interpretaba “La anunciación de la Jota” (una diana de R.Soutullo) y “Despierta Perezoso” (obra de D. Antonio Plazas Herrerías que firmó un músico de la banda bajo el nombre de Joaquín Sanchís). Otro evento en el que participaba la agrupación era “las corridas de cintas”, un juego tradicional en el que un muchacho corría hasta un alambrado para coger una cinta de tela que había bordado su novia. Una vez hecho esto, el corredor debía devolver la cinta a la joven. Mientras, durante el transcurso del juego, la Banda de Música deleitaba al público con algunas de sus obras más expresivas. Tal es el caso del pasodoble escrito por A. Javaloyes, “El Abanico”, el cuál gustaba tanto que incluso en una ocasión el director por entonces de la Banda de Música de Baza, D. Enrique Parejo, pidió que se le dejara hacer una copia del mismo.

En navidades solían tocarse villancicos y nanas, muchas de ellas compuestas por D. Antonio Plazas.

Considero de real importancia citar lo acontecido en la celebración de la bajada del agua de la sierra a la “Fuente Elías”, lo cuál hizo posible el acceso de todos los seronses a este rico manjar, allá por el año 1920. Para festejar tal acontecimiento, se citaron a las bandas de música de Menas y de Serón. Cada una llevó un repertorio distinto. La de Menas interpretó “Rienzi”, de Wagner, mientras que la de Serón acaparó todos los elogios con “El sueño de Pierroz” y “La del Soto del Parral” (una fantasía de Soutullo).

Directores

Aunque el señor Plazas fue el director más longevo, existieron además otros como Andrés Ramírez (padre del conocido compositor tijoleño Guillermo Ramírez), Trinidad Litrán, Juan Manzanares (que ocupó el cargo durante la II República), Enrique Martínez Cano (conocido en el pueblo como Enrique Maceo) y Antonio Cañabate (sacerdote de Serón que estuvo en la corporación no más de dos años). Éstos fueron nombrados por el ayuntamiento para realizar las funciones de D. Antonio durante su estancia en Málaga,[3] exceptuando los dos últimos, que aunque tuvieron en su haber la batuta después de muerto Antonio Plazas, no llegaron a tener el prestigio que éste consiguió antaño.[4] Finalmente, tras un paréntesis de tiempo de unos 20 años, la Banda de Música volvió a reorganizarse con Antonio Jiménez Jiménez[5] como director, quien estuvo en el cargo hasta Agosto de 2004. Actualmente dicho puesto lo ocupa Antonio Martínez Ferrándiz.[6]

Antes de adentrarnos en el siguiente apartado me gustaría comentar un poco más acerca de la figura de D. Antonio Plazas Herrerías:

Popularmente conocido como “el maestro Plazas” o “el maestro de música”, nació en Caniles el trece de Abril de 1876, aunque poco después se instaló en Serón. Desde su infancia advirtió ser un hombre de admirable inteligencia, pues aprendió música de forma autodidacta, así como arquitectura. A los doce años ya tocaba el órgano de la iglesia durante la misa. Estuvo en la Guerra de Cuba haciendo el servicio militar en el regimiento de la reina Dña. María Cristina, siendo capitán de un hospital. Tal era la añoranza que sentía por España, que estando allí se animó a escribir un pasodoble: Suspiros de España. Contrariamente a lo que todos los que conocemos el famoso pasodoble pensábamos, el autor no fue Alonso Álvarez, sino Antonio Plazas. Parece ser que ambos compartían dormitorio y quehaceres en Cuba, además de una estrecha relación. Sin embargo, ésta quedó destruida cuando Álvarez, aprovechando el viaje a España de su compañero (quien iba al entierro de un hermano), publicó la obra como autor de la misma.[7] Fue un golpe realmente duro para el maestro.

Tras regresar a España ocupó el cargo de director en la Banda de Música de Serón, en el que permaneció de manera intermitente hasta su muerte en septiembre de 1962. Aunque trabajaba en Málaga (era dueño de una joyería-relojería), sus viajes a Serón eran continuos. Aún así, como ya hemos repetido anteriormente, su puesto en el grupo fue ocupado por distintos músicos, atendiendo a los intereses del ayuntamiento, ya que en Mayo de 1932, el alcalde D. Antonio Cano lo destituyó,[8] nombrando como sucesor a Trinidad Litrán. Posteriormente se le devolvieron sus antiguas competencias en la asociación.

En Serón impartía clases de solfeo y de instrumento a los futuros integrantes de la Banda. Tocaba el piano bastante bien. Compuso varias partituras, entre ellas “Cristo de la Cruz”,  que se estrenó en su entierro, “Despierta Perezoso” al que en un principio no tituló (siendo un músico el que más tarde la denominó de este modo) o el mismísimo chotis “Madrid”, que al parecer, vendió a Agustín Lara.[9] Encontramos también otros pasodobles como “Viva Serón”, o “Plus Ultra”, obra conmemorativa al vuelo realizado entre España y América en 1926, a cargo del avión que llevaba el mismo nombre. Fundó además otras bandas en la región de Málaga, y compartía una relación especial con el entonces director de la Banda de Música de Valencia, el “maestro Palanca”[10].

Por último realzar su gran talante para la arquitectura y la albañilería. Muestra de ello es la torre del reloj del castillo, cuyo encargo se realizó a principios de siglo XX, el diseño del ayuntamiento, la restauración de la antigua Plaza del Rastrojo, pasando a llamarse ésta Plaza Nueva[11], y algunas viviendas de la localidad. [12] Fue sin duda, un portento para Serón que, como podemos apreciar, se benefició de sus dotes artísticas y arquitectónicas en gran medida.

Anécdotas y curiosidades

Encontramos aquí historias como la ocurrida en Mayo de 1932. Los músicos, posiblemente por algún problema con el director (Antonio Plazas)[13], no tocaron en cierta procesión en la que sí debían de haberlo hecho. Tras esto, el ayuntamiento determinó que la Banda tampoco tocaría al día siguiente en un acto público realizado en la Plaza Nueva. Los miembros de la Banda mostraron su descontento con el maestro, al igual que la alcaldía, que lo destituyó del cargo días más tarde, nombrando continuador del mismo, como ya hemos descrito más arriba, a Trinidad Litrán.[14] Asimismo se determinó que éste recibiría como sueldo anual 1500 pesetas.[15]

Por otro lado, existe presencia de que la agrupación fue citada por el ayuntamiento para conmemorar el aniversario de la II República el día 14 de Abril de 1933.[16]

Otros episodios dignos de comentar fueron los protagonizados por el párroco del pueblo, D. Alejo Muñoz, en los años de la posguerra. En una procesión de la Virgen de los Remedios, la Banda tocó algo que no era de su agrado, y éste respondió disolviendo el desfile de una manera no del todo pacífica. Pero más significativo aún es el enfrentamiento entre banda y sacerdote que ocurrió un Jueves Santo. Tal fue el grado de la disputa, que los músicos abandonaron la procesión antes de su término, y acordaron no acudir a la del día siguiente. Ante tal resolución, el ayuntamiento decretó que todo aquel que no tocase aquel Viernes Santo, sería llevado a prisión. A pesar de la severidad de la sentencia, algunos músicos no se presentaron a la cita.[17]

Pero, al igual que hubo anécdotas de este tipo, también ocurrieron otras gratificantes. Así, todos los años, al concluir la Semana Santa, los componentes de la Banda de Música eran convidados por Ángel Torremarín Nin de Cardona, su esposa, Remedios Jiménez y D. Paco (el médico) en sus respectivas viviendas, mientras que en las fiestas de agosto, era Antonio Domene (panadero del pueblo) el que los obsequiaba con bollos y naranjada.

Como curiosidades relacionadas con la Banda, he encontrado que en las procesiones nocturnas, al no haber alumbrado eléctrico en las calles, un grupo de niños provistos de velas se situaban en el centro de la formación para que los músicos pudieran leer las partituras. Igualmente, muchas de éstas tenían que transcribirse a mano, pues no existían aún las fotocopiadoras.

Reorganización de la Banda en 1989

En 1989, Antonio Jiménez Herrerías (antiguo miembro de la primera banda de música) propuso en un pleno del ayuntamiento la creación de una nueva agrupación, la asociación musical “El Castillo”. La idea fue apoyada por el alcalde y los concejales. Se decidió que la futura banda fuera una asociación (y no una banda municipal) para evitar su politización, y sin más preámbulos se buscó a un director y maestro que instruyera a los jóvenes que se acababan de inscribir. La labor fue llevada a cabo por Antonio Jiménez Jiménez y por Rafael Jiménez Pozo, que ayudaba al primero tomando lecciones de solfeo e instrumento a los iniciados. Pilar Borja Lorenzo figuró como presidenta de la agrupación en estos primeros años.

La presentación oficial de la nueva banda fue en el concierto de Navidad de 1990, y en la posterior Semana Santa de 1991. Entre los músicos que la componían se encontraban:

-María del Carmen Pérez Camenforte (clarinete).                -Susana Rodríguez Borja (saxofón alto).

-María José Yélamos Castillo (clarinete).                           -Juan Ramón Jiménez Rubio (saxofón alto).

-Brígida López Gallego (clarinete).                                    -Rafael Jiménez Pozo (saxofón alto).

-Encarnación Pérez Rubio (clarinete).                                -María Felicidad López Gallego (saxofón tenor).

-Jorge Lorenzo Cazorla (clarinete).                                    -Antonio Jiménez Herrerías (saxofón barítono).

-María del Mar Mateo Martínez (clarinete).                         -Raúl Jiménez Jiménez (trompeta).

-José María Lozano García (clarinete).                              -Gustavo Jiménez Jiménez (trompeta).

-Francisco Javier Pérez Martínez (clarinete).                      -Patricia Martín Domene (trompeta).

-Noemí Pilar Lorenzo Martínez (clarinete).                          -José Juan Lorenzo Cazorla (fliscorno).

-Lucio Pérez Peña (trombón).                                           -José Membrive Corral (trombón).

-Carmen María García Martínez (clarinete).                         -Antonio Pérez Domene (trombón; bombardino).

-María del Pilar Rodríguez Borja (saxofón alto).                 -Javier Díaz Espinosa (bombardino).

-Antonio Quesada Pérez (bombardino).                            -José Antonio Jiménez Jiménez (tuba).

Algunos de éstos continúan todavía como músicos de la asociación, y otros permanecen en ella como socios, colaborando mensualmente con el pago de la cuota establecida.

Finalmente, Antonio Jiménez dio su último concierto como director de la banda en el verano de 2004, sustituyéndolo meses más tarde Antonio Martínez Ferrándiz.

En la actualidad la asociación cuenta con dos bandas de música, la que continua a partir de 1989 (con nuevas incorporaciones) y otra juvenil cuya formación data del año 2005. En la primera encontramos los siguientes miembros:

-Lourdes Corral Yélamos (flauta).                               -Rocío Fernández Rodríguez (saxofón alto).

-Ana María Yélamos León (flauta)*.                             -Lara Checa Domene (saxofón alto).

-Beatriz Pérez Cazorla (flauta).                                    -Cándido Berruezo López (saxofón alto).

-Remedios Corral Yélamos (requinto).                        – Juan Luís Pérez Yélamos (requinto).

-María del Mar Mateo Martínez (clarinete).                   -Andrea Herrera Navarro (saxofón alto)*.

-Francisco Javier Pérez Martínez (clarinete).                -Alba Reche Fernández (saxofón alto)*.

-María José Yélamos Castillo (clarinete).                     -María Dolores Serrano González (saxofón tenor).

-Raquel Pérez Pérez (clarinete).                                  -Raquel Fernández Pérez (saxofón tenor).

-Brígida López Gallego (clarinete).                              -José Bermudez Corpas (saxofón tenor).

-Francisco Jesús García Casas (clarinete).                  -Celia Iglesias Granados (saxofón tenor)*.

-Carmen María Bailina Pérez (clarinete)*.                     -Antonio Jiménez Herrerías (saxofón barítono).

-Marta Domene Martínez (clarinete)*.                           -Antonio Rodríguez Sola (trompa)

-Francisca Fernández Castaño (clarinete)*.                  -César Lorenzo Cazorla (trompeta)

-Juan Ramón Jiménez Rubio (saxofón alto).               -Antonio Corral Yélamos (trompeta).

-Juan Antonio Berruezo López (trombón).                   -Enrique Pérez Yélamos (trompeta)

-José Membrive Corral (trombón)                               -Antonio García López (trompeta)*.

-Pedro Sánchez García (trombón).                              -Miguel Ángel Hinojo Fernández (trompeta)*

-Antonio José Sánchez Domene (trombón)*.               -José Rodríguez Pérez (bombardino)

-Antonio Corral García (tuba).                                     -Antonio Pérez Domene (bombardino).

-Ismael Lorenzo Simón (tuba).                                    -Luis Quesada Pérez (bombardino)*.

-Juan Antonio García Casas (percusión).                    -José Luís Pérez Navarro (percusión)

-Felipe Simón Payán (percusión).                               -Enrique David Cruz Peña (percusión).[18]

Existen además otros músicos como Carmen Pérez Membrive (clarinete), Antonio Jiménez Jiménez (clarinete), Carmen María Pérez Garrido (saxofón tenor), o Javier Pérez Garrido (clarinete),[19] que aunque no viven en la localidad, colaboran en las actuaciones de la banda en diversas ocasiones.

Por último, los integrantes que forman la banda juvenil son:

-Aurora Martínez Martínez (flauta).                                   -Andrea Herrera Navarro (saxofón alto).

-Inés Iglesias Jiménez (flauta).                                        – Melania Martínez Padilla (saxofón alto).

-Ana María Yélamos León (flauta).                                  – Elena Camenforte Cuadrado (saxofón alto).

-Jesús Pérez Yélamos (requinto).                                   – Celia Iglesias Granados (saxofón tenor).

– Reme Corral Yélamos (requinto).                                  – Antonio García López (trompeta).

-María del Mar Pérez Castaño (requinto).                         – Manuel Pérez Yélamos (trompeta).

-Francisca Fernández Castaño (clarinete).                       – Pablo Fernández Castaño (trompeta).

-Carmen María Bailina Pérez (clarinete).                           – Miguel Ángel Hinojo Fernández (trompeta).

– Marta Domene Martínez (clarinete).                               – Alejandro Pérez García (trompeta).

– Irene Martínez Cano (clarinete).                                     – Víctor Rebolledo Rebolledo (trompeta).

– Ana Jiménez Figueroa (clarinete).                                 – Antonio José Sánchez Domene (trombón).

– Remedios Martínez Merlos (clarinete).                           – Juan José Pérez Gallardo (trombón).

– Ana González Salinas (clarinete).                                  – Luís Quesada Pérez (bombardino).

– Lucía Fernández Pérez (clarinete).                                 – Ismael Lorenzo Simón (tuba).

– Virginia Salinas García (clarinete).                                 – José Luís Pérez Navarro (percusión).

– Juan Antonio García Casas (percusión).                       – José Miguel Rebolledo Rebolledo (percusión).

-Felipe Simón Payán (percusión).

Ambas bandas actúan en los conciertos de Navidad y verano que se realizan en Serón, siendo la primera la encargada de acompañar algunas procesiones de la localidad y otros acontecimientos externos.


[1] No he podido constatar si dichos datos corresponden a las primeras décadas de 1900, o a los años posteriores a la Guerra Civil.

[2] Información recogida de Juan Cano García, quien ha aportado los comentarios (de grado subjetivo) que he referido anteriormente; y del archivo de la Asociación Musical “El Castillo” de Serón, en el cuál se encuentran la mayoría de las partituras citadas. Algunas de ellas aparecen en el apartado ANEXO de este trabajo.

[3] He intentado citar cada uno de los directores cronológicamente, pero no he podido confirmar claramente que el orden en el que aparecen sea el correcto, dadas las distintas versiones que me ofrecen  sobre ello los documentos y testimonios recogidos.

[4] Parece ser que Antonio Plazas, ya en edad avanzada, propuso en una reunión a Enrique Martínez que lo sustituyera en el cargo. Aunque él objetó que sólo sabía leer las partituras en clave de sol, los músicos le asignaron como función marcar el inicio y final de cada obra.

[5] Hoy día trabaja como maestro de música en el CEIP. Miguel Zubeldia de Serón.

[6] Suboficial músico en la especialidad de clarinete, destinado en la unidad de música de la brigada de la Legión almeriense.

[7] Han sido varias las versiones que he encontrado acerca del episodio “Suspiros de España”. Sin embargo, me he decido a escribir ésta por ser la que me han proporcionado los propios familiares del músico. De cualquier manera, existe un punto común en todas las versiones: el “maestro Plazas” participó de alguna forma u otra en la creación de la obra.

[8] Según figura en las pags. 82 y 97 del archivo municipal de Serón, año 1932.

Vid. Cita 18.

[9] Según Néstor Ávila (quien me ha facilitado dicha información), es fácil creer lo que se afirma porque la letra del chotis dice “pedazo de tierra en la España en la que nací” y Lara nunca visitó España.

[10] Pepe de Juan Francisco me contó que el “maestro Palanca” compuso para Antonio Plazas un pasodoble, “Viva Serón”, en señal de la amistad que los unía.

[11] Vecinos del pueblo como Pepe de Juan Francisco y su esposa recuerdan que D. Antonio Plazas dotó a la plaza de un precioso quiosco para la música, con una escalinata digna de admirar, así como de una fuente de similares características.

[12] Por ejemplo, la casa donde vivía Pacita que fue la residencia del maestro.

[13] Todos aquellos que lo conocieron coinciden en que tenía un temperamento bastante difícil

[14] Lo comentado aquí es un dictamen personal que he obtenido tras estudiar las páginas del archivo en las que están inscritos dichos datos. La falta de coherencia y cohesión de la información en dicha fuente, así como su carácter implícito, me han obligado a suponer parte de los hechos. De todas formas, pienso que la interpretación expuesta es bastante acertada, pues se ajusta perfectamente a lo relatado en los documentos.

[15] Pág. 97, libro de actas  del año 1932, Archivo Municipal de Serón.

[16] Archivo municipal de Serón, libro de actas de 1933. pág. s.n.

[17]Según el testimonio oral de Antonio Jiménez Herrerías.

[18] (*) Los así señalados forman parte de la incorporación más reciente a la banda, en el pasado curso 2007-2008.

[19] Además de ser clarinetista es también compositor. En el concierto de música que la agrupación ofreció en Agosto de 2008, se estrenó su pasodoble “El Castillo”, el cuál lleva por nombre el de la Banda de Música por ser un obsequio a la misma.

Banda de Música de Las Menas 

Como ya adelantamos en la introducción, la apertura de las minas de hierro, ocasionaron grandes cambios en el poblado. Muchos de ellos fructíferos, como la creación de una banda de música que, aunque no fue tan duradera como la de Serón, sí tuvo una especial calidad musical, superando incluso a la anterior en este aspecto.

Sobre el año 1920 llegó a Menas un ingeniero holandés llamado Federico VanB.dgrhis, violinista aficionado a la música que promovió como medida paternalista para sus obreros, la creación de una banda en la zona. La idea era crear un ambiente afable y jovial. Muestra de ello son igualmente el casino, la plaza de toros, el local destinado al cine, el campo de fútbol, etc. que allí se habilitaron. Todos manifestaban por otro lado, el gran poderío económico que se vivió en dicho lugar a principios de siglo.

Músicos

Federico reunió a los mejores músicos de las localidades vecinas y de Serón (pertenecientes entonces a la agrupación musical del municipio), dándoles trabajo como oficinistas. [1]

En lo que a sus nombres se refiere sólo conozco el de Enrique Pérez Cano, músico en la banda de Serón, el de Antonio (“el de las Heras”)[2] y el de Juan Manzanares, director de la asociación hasta su desaparición en 1930 aproximadamente.

Las dos bandas de la localidad tenían relación entre sí por medio de los músicos, ya que muchos de ellos tocaban en las dos, según las demandas de una u otra. Además, coincidieron en alguna ocasión, como la ya comentada sobre la “Fuente Elías”.[3]

No recibían ningún incentivo económico.

Directores

Como ya he referido unas líneas más arriba, Juan Manzanares fue el único director que estuvo al frente de la Banda. Sabemos de él que era clarinetista y flautista (tocaba de maravilla el flautín), que recibió clases de música de la mano de Dña. Remedios Martínez Moreno y que durante un breve período de tiempo fue también director de la Banda de Música de Serón.

Actuaciones

Los ensayos solían realizarse en horas lectivas de trabajo, con una frecuencia semanal de dos días. Los conciertos se celebraban cada domingo de la época estival en la plaza del poblado, en la cuál se mandó construir un quiosco que sirviera como escenario a los músicos.

Las obras interpretadas eran de géneros variados, desde zarzuelas y óperas hasta pasodobles. El preferido en este aspecto por los espectadores era “Viva Serón”. Las partituras procedían de Almería y Madrid principalmente.

Anécdotas y curiosidades

En este apartado únicamente puedo comentar que los instrumentos eran propiedad de la compañía minera. Sabemos que el ingeniero holandés trajo de París una trompeta Couesnon para Enrique Pérez.[4]

Disgregación de la Banda

Durante la dictadura de Primo de Rivera ya comenzó a notarse una cierta emigración obrera. Esto, unido a la crispación social que se manifestaba en la zona a medida que se acercaba la Guerra Civil, y a la huída a Holanda de Federico VanB.dgrhis por la amenaza de ésta, hicieron que la banda se disgregara para siempre allá por el año 1936.[5]

Remedios Martínez Moreno (“La Pianista”)

Nació en Serón en febrero de 1903. Provenía de una familia de tradición musical. Su padre, gracias a su labor de comerciante, estaba bien informado de los acontecimientos culturales del momento y se codeaba con notables celebridades. Por ello, inculcó a sus hijos desde pequeños la pasión por la música y la constancia en el estudio, proporcionándoles también una amplia formación musical.

Remedios comenzó sus estudios en música con tres años, recibiendo clases del maestro Litrán, que las impartía en el pueblo a principios del s. XX. Años más tarde se piensa que la niña estuvo bajo la tutela de Antonio Plazas.

Entre Junio de 1913 y Septiembre de 1914 inició y completó, como alumna libre, los estudios correspondientes a la carrera de Piano en el Real Conservatorio de Madrid: tres cursos de solfeo y ocho de piano en los que obtuvo las máximas calificaciones, con tan sólo diez años. Seguidamente se traslada a la capital con sus padres para perfeccionar sus estudios. En estos años recibe clases de la ilustre pianista, compositora y profesora Doña Pilar Fernández de la Mora (1867-1929), discípula de Óscar de la Cinna. Una vez completados sus estudios en Madrid, en 1920, se presenta a un concurso del conservatorio, interpretando “Variaciones Serias” de Mendelsshon, y las variaciones de Brahms sobre un tema de Paganini, un género de gran dificultad por el dominio virtuosista que requería. Consiguió dicho premio, acaparando las portadas de las revistas musicales más célebres del momento.

Un año más tarde regresa a Serón tras contraer matrimonio con José Rodríguez. En 1925, su antigua gran maestra, Doña Pilar, la anima a presentarse a la convocatoria del Premio Barranco, organizado por la sociedad filarmónica de Málaga. Se presentó con las obras que le habían otorgado el premio de Madrid, y de la mano del maestro Plazas, que compartía una gran amistad con ella por aquel entonces. De nuevo, consiguió alzarse con el galardón.

Tras este evento se dedica de lleno al cuidado de su familia, restringiendo sus actuaciones a la misa del Gallo en Navidad.

Finalmente, una noche de Reyes de 1950 fallece en su casa de Serón, aquejada de una neumonía. Todo el pueblo lloró su muerte. La Banda de Música custodió el cadáver de la pianista desde su domicilio hasta la iglesia, y posteriormente hasta el cementerio, mostrando así su admiración y cariño por Remedios.[6]

CONCLUSIÓN

Con la elaboración de este trabajo pretendo demostrar que Serón experimentó un gran desarrollo musical en el siglo XX, gracias a la influencia que ejerció en la localidad la actividad minera.  Fue sin duda, uno de los escenarios musicales más representativos de la comarca, así como del nordeste granadino.

Como hemos observado, la explotación minera de los años c.1870–1970, supuso para el municipio un impulso de la cultura y del arte en varios aspectos. En Las Menas esto se aprecia fácilmente, pues el beneficio económico que proporcionó a la zona, y el número elevado de obreros que congregó, hicieron que se promovieran toda una serie de actividades para el ocio, estando en ello incluida la Banda de Música. Se creó así una atmósfera de optimismo y diversión que contrastaba con las duras condiciones que soportaban los trabajadores en las minas. Por otro lado, en el pueblo, el aumento de la población también permitió que la Banda de Música se mantuviera activa durante tiempo, con un gran número de miembros.

Queda de manifiesto que la base de cada una de las bandas era el interés melómano de sus músicos, pues como ya se ha comentado anteriormente, éstos no recibían ningún beneficio económico.

Por último decir, que me he llevado una grata sorpresa al descubrir que mi localidad ha admirado y valorado la música notablemente desde hace más de cien años. Pero lo que más me ha llamado la atención, ha sido encontrar a músicos tan ilustres como Antonio Plazas o Remedios Martínez, en una época en la que los medios de comunicación eran escasos, y los tratados y técnicas musicales no eran accesibles a todo aquel que quería disfrutar de ellos. Por eso es destacable que uno llegara a formarse como un gran compositor, y la otra como una excelente pianista. Además, la figura de Remedios representa todo un instinto de constancia y superación, demostrando que el ser mujer, no tiene por qué impedir triunfar en cualquier aspecto laboral, ni mucho menos en el mundo de la música.

Fuentes de Información 

Documentación escrita:

  • Giménez, María Remedios y Francisco J. Giménez: La pianista Remedios Martínez Moreno (El Ejido, Escobar impresores, s.a)
  • Archivo municipal de Serón: libro de actas 1932-1933
  • Espinos, José y Pedro Mena: Minas de Hierro de Serón (s.l. Instituto de Estudios Almerienses y Ayuntamiento de Serón, s.a)

Páginas web:

  • www.seron.tv

Documentación oral:

  • Antonio Jiménez Herrerías
  • Marina Cano García
  • Engracia Segura Manzanares.
  • Juan Torreblanca Martínez
  • María Jiménez Martínez
  • Pepe de Juan Francisco

Agradecimientos 

He de agradecer la colaboración de todas aquellas personas sin las cuales no hubiera podido realizar y presentar este trabajo. El resultado es sin duda, fruto de todos ellos. Gracias a:

-Juan y Marina Cano García                        -María Giménez Martínez

-Juan Torreblanca Martínez                         -Segundo Quesada

-Engracia Segura Manzanares                     -Pilar Plazas Robles

-Néstor Ávila Pérez                                    -Fredy Martínez Sorroche

-Carmen Liria Campoy                                -Mª Isabel Cabrera Sauco

-Antonio Jiménez Herrerías                         -Carmen Pérez Domene



[1] Documentación facilitada por Néstor Ávila Pérez, a través de la pag. web. www.seron.tv, y por Juan Torreblanca Martínez.

[2] Opus cit. Pág. 9: Músicos.

[3] Vid. Pág.11: Actuaciones.

[4] Información facilitada por Néstor Ávila Pérez en www.seron.tv.

[5] Información facilitada por Juan Torreblanca Martínez y Engracia Segura Manzanares.

[6] Información obtenida de:

Giménez, María Remedios y Francisco J. Giménez: La pianista Remedios Martínez Moreno ( El Ejido, Escobar impresores, s.a)

 

A mis padres,

porque gracias a ellos

la música ocupa hoy

un lugar tan especial en mi vida

BEGOÑA BAILINA PÉREZ

EL POLVORÍN DE SERÓN

Llegué al polvorín al atardecer. Después de pasar la vivienda del  polvorinero (persona encargada de la custodia del polvorín)  me dirigí a las casetas de almacenamiento de la pólvora. Como era de esperar, su estado de deterioro ha aumentado a gran velocidad. Cuando mi abuelo bajaba desde Los Geas hasta Los Donatos, atravesaba una vereda cercana al polvorín y, con un toque de timbre de su bicicleta, saludaba a unas niñas que jugaban alrededor de la casa.

Mirando hacia la puerta descolgada y semiabierta  de la caseta de la izquierda, me viene a la memoria el eco de esas niñas con sus risas y sus miedos, el ir y venir de camiones con explosivos y los gritos desesperados de aquellos inocentes que fueron  asesinados y enterrados en las proximidades. Un ruido estrepitoso de pájaros que anidan en la caseta de la derecha me devuelve  al presente.

Después de ver la situación actual del polvorín, no me resisto a contaros algunos aspectos sobre su actividad.  Actividad que estuvo unida, durante más de 70 años, a la explotación de la minas de hierro de Las Menas.

 

Fue a comienzos del siglo XX, cuando la Unión Española de Explosivos (UEE) compra una pequeña parcela, cerca de la actual fábrica de yeso, por un precio aproximado de 300 pesetas (1.80 €), donde construye la vivienda para el guarda y dos  casetas, una para almacenar los explosivos y otra para almacenar los detonantes. El polvorín estaba a cargo de una persona autorizada por la UEE que custodiaba las llaves y llevaba un Libro de Existencias, donde anotaba la recepción, entrega y devolución de los explosivos.

Las sustancias explosivas almacenadas eran, fundamentalmente: dinamita, cordones detonantes, detonadores tipo fulminante y pólvora negra.

Las puertas de acceso  al polvorín las abría el funcionario de la UEE, vía un sistema de seguridad formado por  llaves especiales. El control del almacenamiento y transporte a los lugares de consumo era ejercido siempre por la Guardia Civil.

La ventilación debía cuidarse al máximo. Si el aire no circula libremente en todo el polvorín, la atmósfera puede calentarse y humedecerse. Si estas condiciones de temperatura se prolongan por un tiempo considerable,  causará deterioro en los explosivos y detonadores y puede producir accidentes.

Con el cierre de las minas, en el año 1968, la UEE deja de llevar el control del polvorín, aunque éste sigue siendo utilizado como almacén, a nivel particular, para vender explosivos a Macael y a la fábrica de yeso de El Valle.

 

El Polvorín de Serón está unido, lamentablemente, a otros sucesos ocurridos en agosto y septiembre de 1936. Se sabe que la provincia de Almería se mantuvo fiel a la República durante toda la Guerra. Sin embargo, los primeros días y meses fueron de una dura represión por parte de comités milicianos (en muchos casos incontrolados) tratando de mantener el orden constitucional. Mi abuelo me contaba cómo una mañana llegan alrededor de veinte guardias civiles, al mando de un teniente, con el objetivo de controlar los explosivos y hacerse fuertes en caso de necesidad. Al final del día recibieron órdenes de volver a sus cuarteles, llevándose los detonadores y  enterrándolos en las proximidades de Tíjola. Al día siguiente, milicianos de Baza y Serón (algunos muy jóvenes) se hacen con el control del polvorín, consiguiendo localizar los detonadores.

Enfrente del Polvorín, al otro lado de la carretera, fue donde ocurrieron los desagradables sucesos. El 30 de agosto de 1936, matan a siete vecinos de Caniles y al párroco de Santiago de Guadix en las cercanías del polvorín. Para enterrarlos, los milicianos se acercan al polvorín y le exigen al guarda que les proporcione algunos picos, palas y espuertas. También es asesinado y enterrado en el mismo lugar, el párroco de Serón, D. Antonio Martínez López, el 29 de septiembre.

Al terminar la guerra, desentierran al párroco encontrando su cuerpo incorrupto, sólo con algunos picazos. También son desenterrados los vecinos de Caniles, comprando sus familiares el trozo de tierra donde habían reposado sus cuerpos. Para el polvorinero, el final de la guerra le supuso ser detenido y encerrado cerca de cuatro meses. Su delito, colaboración con los asesinos al dejarles aquellas herramientas. Triste realidad de  una España que no merece este pasado.

FLORENCIO CASTAÑO IGLESIAS

AGOSTO 2009

LOS PROTECTORES

Protectores de los labradores y ganaderos de Serón

Con el reparto de tierras realizado en Serón hacia 1572, llegan  varios contingentes de labradores que conocedores de las penurias del campo, junto con las incertidumbres de la naturaleza, eligen a San Marcos como su “Señor” y protector de las cosechas. En pago a su protección, el gremio de los labradores decide construirle una ermita para celebrarle, en su día, una fiesta de misa y procesión. Para ello, reservan un bancal en el pago del Olivar, en las proximidades del camino real hacia Tíjola. Desde ese momento, el paraje se identifica con San Marcos y empieza así a ser referenciado: “…camino de San Marcos”, “calle pública que sale de la villa y va a San Marcos”, “cañada de San Marcos”…

En 1606 ya se pensaba en hacerle la ermita pues en documentos testamentarios, aparecen donaciones para la obra del “Señor” San Marcos y para la celebración de su fiesta  en la ermita de la Virgen de los Remedios. La construcción se prolongó, pese al esfuerzo del vecindario, pues en 1619 la cofradía de San Marcos continuaba recibiendo donaciones para la “obra”. Con la llegada a la vicaría de Serón del doctor Thomas Marín de Arriola, hecho que se produce hacia 1621-22, la construcción de la ermita toma un nuevo impulso y en 1626 ya estaba construida. Ello se deduce del documento[1] de venta ante el escribano público de Serón por el que  “Juan de la Eras compra un bancal de suerte que está en la huerta de esta villa debajo de la ermita del Señor San Marcos, con cinco nogueras y dos morales…”

 

La ermita de la Virgen de la Cabeza

Otro gremio importante a principios del siglo XVII fue el de los ganaderos, que en  1618 ya había constituido su  cofradía, la de la Virgen de la Cabeza. Su fundador fue Pedro Baillo, hijo de Pedro Baillo el viejo y yerno de Sebastian de Vico (apellido que aún hoy da nombre al paraje conocido como “llano Vico”, en las cercanías del Polvorín) .

La ermita de Nuestra Señora de la Cabeza tuvo que construirse hacia 1625. Así se deduce de la Fundación de Memoria[2], por devoción a la Virgen de la Cabeza, que realiza Francisco Ramos ante el escribano público de Serón el dos de febrero de 1626, estando presente  el vicario de Serón, Thomas Marín de Arriola. En ella se indica que:

Por la devoción que los vecinos de Serón han tenido y tienen, principalmente los ganaderos, a Nuestra Señora de la Cabeza, le han fundado su cofradía y edificado los dichos ganaderos una ermita en el pinar del Chanco donde se ha de traer y poner la imagen de Nuestra Señora de la Cabeza.”

Más adelante, se dice: “Estoy haciendo vida de ermitaño en la dicha ermita y para que haya más devoción y se celebre su fiesta en cada año que es el último domingo de abril, fundo la memoria con la condición de hacer una procesión alrededor de la ermita llevando a la imagen de Nuestra Señora en ella y decir una misa cantada en la ermita con sus vestuarios de diáconos”.

La Memoria impone también que el mayordomo de la cofradía y ermita ha de ser ganadero, por ser ellos los fundadores. Para constituir la Memoria y pagar la celebración de la fiesta a los beneficiados de Serón, Francisco Ramos entregó 42 ducados a Pedro López Serrano, mayordomo de la limosna de la ermita de la Virgen de la Cabeza.

En la construcción de la ermita intervino Pedro González Portugués, maestro de albañilería y Domingo de Campos, cofrade de la Virgen de la Cabeza. Esto se deduce de la lectura del testamento[3]  de Pedro López Serrano, realizado en el año 1629. Pedro López Serrano estaba casado con Isabel de Membrive, hija de Juan de Membrive.

“Debo a Pedro González Portugués por la obra de la ermita once días de trabajo a razón de un ducado al día, se pague de la limosna. De la cofradía se pague a Domingo de Campos,  para que acabe la obra conforme a contrato”.

Era tal la devoción a la Virgen de la Cabeza que el 28 de abril de 1630 se celebró un asiento[4] de las cofradías de la ermita de la Virgen de la Cabeza con Bacares y Bayarque y capitularon en relación a su fiesta y sobre sacar la imagen y recorrido por Serón, Bacares y Bayarque.

 

FLORENCIO CASTAÑO IGLESIAS

AGOSTO 2015


[1] AHPA, Pr. 4140, f. 137.

[2] AHPA, Pr. 4140, fs. 49.

[3] AHPA. Pr. 4143

[4] AHPA, Pr. 4144, fs. 137-138.