OFICIOS ANTIGUOS DE SERÓN: LA ESPARTERÍA
La provincia de Almería ha sido siempre una tierra dura, difícil y sin agua, donde crece abundantemente el esparto. Cuando no había dónde comprar una cuerda o no se podía conseguir calzado (hoy nos parece de risa), nuestros antepasados elaboraban en casa sus propios ramales, sogas o esparteñas. Los mas virtuosos con las manos, los llamados esparteros, eran capaces de manipular el esparto, elaborando distintos utensilios para las labores agrícolas como espuertas, serones, aguaderas, albardas, alpiles para la paja y también utensilios para el hogar como cestos, morrales, paneros, esteras, forros de botellas y capazos.
Desde finales del siglo XVIII el esparto empezó a generar una potente industria artesana estimulada por la gran demanda de sogas y cuerdas de los buques de cabotaje y de pesca. Las exportaciones de esparto en rama con destino a industrias británicas, fabricantes de papel, alcanzan su punto más alto a partir de 1870. La recolección del esparto y su preparación generaba un gran número de puestos de trabajo. Los obreros arrancaban el esparto y después lo vendían por peso en fardos, kilos o arrobas. En la foto, carretas de esparto en rama que salía en tren.
A pesar de que el esparto del sur de España supera en calidad al de todos los países mediterráneos (contiene un mayor porcentaje de celulosa y su fibra es mucho más fina), las exportaciones almerienses se vieron frenadas en la primera década del siglo XX, al entrar en competencia con el esparto argelino. A partir de los años 60, con la mecanización del campo y el comienzo de la reducción del número de caballerías, la actividad espartera comenzó a decaer.
En la actualidad, ha perdido mucho terreno, siendo sustituido por el plástico o la fibra sintética. A pesar de esto, el uso del esparto puede verse en manojos, ya preparados, para utilizarlos en la agricultura (por ejemplo, atar los sarmientos de la parra), mezclado con escayola para utilizarlo en la construcción y en estropajos para la limpieza.
El esparto, su recolección y manipulado
El término de esparto se suele utilizar para nombrar las hojas; mientras que a la planta se le denomina atocha. Entre las distintas variedades del esparto está el albardín, habitual en nuestro pueblo.
La recolección del esparto es y ha sido siempre muy dura, a mano. Para arrancar el esparto sin las raíces se agarra la mata, enrollándola en la mano y se tira hacia arriba con un golpe seco. El esparto recogido de color verde se transportaba hasta las zonas de venta, eras o zonas cercanas a la vivienda del espartero, extendiéndose para que se sequen. Para que la fibra se ablande, el esparto se sumerge en agua durante treinta o cuarenta días, transcurridos los cuales se tiende para su secado. Este paso se conoce como “cocío”. Después, el esparto se somete a un aplastamiento, vía un mazo, en las llamadas “picaeras”, consiguiendo que se desprenda la parte leñosa de la fibra.
Los últimos esparteros en Serón
Antonio Pérez Hinojo conoce en profundidad el oficio de la espartería. Es uno de nuestros mayores que ha dedicado gran parte de su vida a trabajar el esparto. Nace en 1924 en Jorvila, pero a los pocos meses de edad sus padres se trasladan a la barriada de los Choles-Huélago. Desde joven aprende el oficio, viendo trabajar a su padre. El “Tio Antonio”, durante décadas, ha recorrido los atochares de nuestro municipio cogiendo esparto para venderlo. Me dice que venía gente de fuera, sobre todo de Zújar. La compra de esparto se mantuvo hasta la década de los sesenta. El esparto que cogía para sus trabajos los “cocía” en la balsa de Huélago. Los trabajos que hacía eran encargos de vecinos de Serón. A veces, tenía que visitarlos para reparar, in situ, aquellos utensilios que por el uso se habían deteriorado. Me comenta que el trabajo de espartero ha sido muy poco valorado, tanto económicamente como socialmente.
En la foto, se puede ver un “posete” para sentarse. El “Tio Antonio” lo ha hecho para que su nieta tenga un recuerdo de él.
En la actualidad, vive con una de sus hijas en Canata, le gusta pasear, ayudado de dos bastones, y recordar su dura vida. Días enteros labrando los campos, meses recogiendo esparto y pasando las largas noches de invierno entre ramales, pleita, serones y esparteñas. Ha sido un experto talador y especialista en injertos de todo tipo. Siempre ha tenido una cabra para la leche pero el trabajo de pastor nunca le ha gustado. También recuerda su paso por las minas de Utrillas (Teruel), donde falleció un hermano. Todavía se le puede ver los viernes en el mercado, le gusta hablar con la gente y estar rodeado de su familia. En la conversación me habla de sus hermanas María y Juana que viven en los Choles.
FLORENCIO CASTAÑO IGLESIAS
ABRIL 2010
