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Historia

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LA LLEGADA DEL AGUA POTABLE A SERÓN

En 1949 el Ayuntamiento de Serón publicó una Memoria de Gestión Municipal que comprendía los años de 1940 al 1948, ambos inclusive. Y en el que además “se recoge los datos importantes que pudieron salir ilesos de la destrucción llevada a cabo en el archivo municipal, durante el periodo comprendido entre los años de 1936 al 1939”.

El alcalde que presidía la Corporación Municipal era D. Francisco Domene Martínez (toma de posesión 23 de febrero de 1942). El Secretario del Ayuntamiento era D. Juan Bono Díaz (toma de posesión 12 de julio de 1942), y es el que en este año de 1949 redacta dicha Memoria.

En la página 23 de esta Memoria hay un apartado que se titula: “Abastecimiento de agua”, D. Juan Bono Díaz diría:

“No ha sido Serón de los más retrasados en cumplir esta primordial obligación, pues entre los años de 1926 al 1930 se llevaron a efecto las obras que lo dotan de tan precioso elemento.

“…al final del presente trabajo se publican, por su importancia y carácter histórico, los documentos que pudieron salvarse de la destrucción del archivo municipal, llevado a cabo durante la guerra de 1936-1939…”

Estos documentos aparecen bajo el título llamado “Antecedentes sobre la instalación del agua potable”, en su página 95.

Hoy vemos normal  tener agua potable. Sabemos que el agua que bebemos sale directamente de la fuente de Liar. De allí desemboca en un depósito para tratarla (se potabiliza), y una vez tratada llega a nuestros hogares. Pero el agua de la Fuente de Líar, que es aprovechada para consumo en los hogares y sigue regando los pagos de La Huerta, Olivar, Eli, Canales y Alconaiza desde tiempos inmemoriales, no siempre llegó a la población en las condiciones de salubridad que disfrutamos hoy.

Los antiguos que canalizaron la Fuente de Líar lo hicieron de una forma natural y sencilla excavando las acequias directamente en la tierra. Esta forma de traer el agua, al carecer de recubrimientos de cemento, madera o plomo, provocaba pérdidas por las numerosas filtraciones, pero era el método más efectivo de potabilización de la época: mediante la filtración natural.

En Serón, la calidad del agua disminuía debido a que no llegaba directamente de la Fuente de Liar, sino que pasaba por dos obstáculos artificiales.

Uno de ellos fue el Camino de Almería, transitado desde hace siglos por las diferentes culturas que han habitado Serón. Este camino comunicaba el pueblo de Serón con Almería, Gérgal, las diferentes pedanías y el menero del hierro de Menas. Este camino pasaba (y pasa) por encima del curso de agua de la Fuente de Líar y sirvió desde siempre de abrevadero para personas y animales al estar su cauce descubierto.

Para encontrarlo hoy habría que desviarse por el camino que conduce a la Casa Rural L’aqaba (antes molino de “Juan Dios”) e ir siguiéndolo arroyo arriba hasta toparnos con la carretera  actual.

Los molinos harineros fueron otro obstáculo artificial. Éstos se situaban en el curso natural del arroyo y llenaban  sus cubos aprovechando el desnivel natural del terreno para que el salto de agua (entre 5 y 10 metros) sirviera de fuerza motriz para rotar los mecanismos que movían las piedras para moler el grano. Tras el paso del agua por los molinos (dos de ellos se convertirían más tarde en fábricas de hilados e hidroeléctrica) volvía a encauzarse por las acequias[1].

El aumento de población a finales del siglo XIX y, sobre todo, a principios del siglo XX, con el gran número de trabajadores que demandaban las minas, hizo que el tránsito diario por el camino de Almería y cauce del arrollo aumentase en proporciones nunca vistas. Esta circunstancia, junto con el paso del agua por los artes de los molinos e hidroeléctrica, da una ligera idea del estado de salubridad en que llegaban finalmente las aguas a Serón aunque por las numerosas filtraciones llegasen “claras”.

Una década de tentativas, 1900-1910

No podemos dudar de que los mandatarios de Serón a principios del siglo XX tenían una idea más o menos clara de lo que querían para el pueblo en cuanto a la salubridad de sus aguas: conducción desde la Fuente Líar mediante tuberías hasta un depósito, y desde ahí hacia las fuentes situadas en puntos estratégicos del pueblo. Un anhelo viejo y caro, demasiado caro para el pueblo de Serón de la época. Por este motivo, las diferentes corporaciones que se sucedieron en el Ayuntamiento durante la primera década intentaron ahorrarse este gasto exigiéndoselo a dos empresas privadas emergentes.

La Sociedad Levantina

En 1904, tras la petición al Ayuntamiento de Serón por parte de D. Juan Martínez Cánovas, en representación de la Sociedad Levantina,  con sede en Águilas, de aprovechar las aguas de la Fuente de Líar como motor para la instalación de una fábrica de luz eléctrica, hubo un fugaz atisbo, casi cierto, de que la posibilidad de canalizar las aguas mediante tuberías desde la misma Fuente de Líar hasta el pueblo se hiciese realidad.

La Corporación del Ayuntamiento que presidía por entonces D. Enrique Nin de Cardona y Navarro no dudó al imponer a la mencionada Sociedad Mercantil la condición de que habría que desviar una tubería desde la misma Fuente de Líar hasta un depósito que habría de construir la misma Sociedad Mercantil; y de aquí hacer una conducción mediante tuberías que llevara el agua al pueblo. Además,  debía construir cuatro fuentes públicas: en la Plaza de Arriba, en la de Abajo[2], Puerta de la iglesia y Placeta de los Gitanos o de Juan Pérez.

Atendiendo las reclamaciones de la Comunidad de regantes de la Fuente de Líar, el Ayuntamiento puso, también, la condición de que la acequia que salía de la misma fuente destinada al riego y empuje de los artes de los molinos, y futura fábrica de luz eléctrica, debía ser reparada con cemento para así evitar filtraciones[3].

Como sabemos, aquél intento quedó truncado el 25 de octubre de ese mismo año, dado que es en este día cuando se cumplían los seis meses de plazo concedidos por el Ayuntamiento de Serón a la Sociedad Levantina para comenzar las obras. Obras que nunca se llevaron a cabo, posiblemente por el costo excesivo de las obras de canalización, depósito de agua y fuentes públicas[4].

La Hidroeléctrica Seronense SA

Dos de los principales actores dentro de la política municipal desde 1900 hasta 1910 fueron D. Enrique Nin de Cardona y Navarro (Partido Conservador), y D. Emilio Rodríguez Esteban (Partido liberal), quienes actuaron como alcaldes rivales sucediéndose en el cargo durante estos años[5]. Esta rivalidad entre ambos hizo que el tren del encauzamiento de las aguas desde  la Fuente de Líar hasta el pueblo pasase directamente, de nuevo, de largo.

En agosto de 1909 la fábrica de hilados[6] de D. Emilio Rodríguez queda arruinada tras sufrir un incendio. El 19 de septiembre convoca en el Ayuntamiento, como Alcalde que era, a los cinco concejales de su confianza en una sesión extraordinaria para aprobar su proyecto de aprovechar las aguas que discurren por el Arroyo de Líar como fuerza motriz para generar electricidad en una hidroeléctrica que pretende construir sobre las ruinas de su vieja fábrica de hilados quemada. El proyecto, que no menciona ninguna condición referente al encauzamiento del agua de la Fuente de Líar, es aprobado sin la firma del Secretario, D. Antonio López Morales. El 10 de diciembre pide el permiso oportuno a Obras Públicas presentando el proyecto preceptivo. Y en enero es publicado en el BOP, lo que abre el periodo legal de reclamaciones.

Desde la oposición, D. Enrique Nin de Cardona y Navarro reacciona tarde, ya que el 23 de febrero de 1910 había caducado el periodo de reclamaciones ante Gobernación Civil. Él, junto con cinco vecinos propietarios de tierras aguas abajo de la pretendida fábrica de electricidad, hizo la suya en marzo para forzar a D. Emilio Rodríguez a que se hiciese cargo de la construcción del entubado de las aguas desde la misma Fuente de Líar y en las mismas condiciones que se le impusieron a la Sociedad Levantina en 1904. Las reclamaciones se basaron en la salubridad de las aguas, que quedarían, aludían, ensuciadas tras pasar por las turbinas de la hidroeléctrica. Y por otro lado en la privacidad, en parte, de las mismas al pasar éstas por el molino-fábrica de D. Enrique Nin.

El 17 de agosto de 1910, en una sesión del Ayuntamiento presidida por el Alcalde interino Liberal, D. Antonio Cano, ocho concejales (la Corporación se componía de 13) del partido de Nin de Cardona votan a favor de los cinco vecinos propietarios que se oponían a la construcción de la hidroeléctrica y anulan el permiso concedido a D. Emilio Rodríguez el año anterior aduciendo que los cinco concejales que lo aprobaron fueron coaccionados y que el acta no llevaba la firma del Secretario.

En abril del año siguiente se llegó a movilizar a gran parte de la población en una manifestación que recorrió las calles de Serón pidiendo el entubado de las aguas desde la misma Fuente de Líar hasta un depósito que habría de construirse para abastecer al pueblo[7].

Todo quedó en nada debido a que el Gobernador Civil de Almería dictaminó a favor de D. Emilio Rodríguez Esteban.

La hidroeléctrica que se fundaría el 13 de marzo de 1912 con el nombre de La Hidroeléctrica Seronense SA actuaría como un obstáculo artificial más de la misma manera que lo habían hecho, y hacían, los otros molinos entre la Fuente de Líar y el consumo de agua en el pueblo por las personas[8].

Quedaba así truncado otro intento de traer el agua potable en condiciones óptimas de salubridad al pueblo de Serón desde la misma Fuente de Líar.

Un largo camino, 1910-1920

Tras la manifestación en abril de 1911, D. Emilio Rodríguez Esteban se informó sobre los perjuicios que podría ocasionarle el proyecto de traer el agua potable directamente de la Fuente de Líar hasta el pueblo, puesto que la ley de aguas en su artículo 160 daba preferencia al abasto del municipio.

En el informe que manejó el técnico por él requerido, calculó, para unos 4000 habitantes en el casco urbano del pueblo, un consumo máximo de 50 litros por habitante en cada 24 horas. Lo cual supondría unos 200.000 litros en las 24 horas, correspondiendo a cada segundo dos litros y treinta y una centésimas. Este cálculo podría ser el doble por asignar a cada habitante 100 litros por abusos, filtraciones y otras causas. En cualquier caso, puntualiza el técnico, esta disminución no afectaría en nada a los 258 litros por segundo concedidos a la Hidroeléctrica.

El proyecto (se apunta en el informe) lo habría de hacer el Ayuntamiento, y como su coste pasaría en varios miles de pesetas las 2000, habría de ser anunciado en subasta pública, como prevenía la instrucción de 24 de enero de 1905. El técnico finaliza diciendo que tal proyecto sería ilusorio para el Ayuntamiento de Serón, ya que sola la tubería costaría a 7 peseteas el metro por término medio, y las obras muy costosas, elevando el presupuesto del proyecto a una cantidad que es casi seguro les haría desistir[9]. No obstante,  advierte  a D. Emilio de estar atento por si se presentara un proyecto que traspasara los límites de la ley.

Ciertamente, para el Ayuntamiento de Serón aquél proyecto resultaba faraónico. El presupuesto extra del que disponía en 1911 era de 800 pesetas[10], destinadas íntegramente al pago del alquiler del Cuartel de la Guardia Civil, situado por aquél entonces en la calle Olmo nº 10, casa propiedad de D. Emilio Rodríguez Esteban[11].

En septiembre de 1912 el Alcalde, D. Antonio Cano Martínez, pasa a ser uno de los accionistas de La Hidroeléctrica Seronense[12]. Este hecho no significó nada en cuanto a la imposibilidad de poder llevar a cabo el proyecto de potabilización de las aguas. Ya había quedado claro que la Hidroeléctrica no tenía por qué hacerse cargo de un proyecto que competía al Ayuntamiento de Serón por ser de interés general.

Pero la figura de D. Antonio Cano sí que influyó en el retraso de las obras para la obtención de tan preciado bien. De una parte, por su larga permanencia en la Alcaldía, la cual gobernaría hasta 1923, unas veces solo, y otras a través de testaferros, especialmente D. José Anaya Cabello[13]. Y  de otra, y sobre todo, por su manera de gobernar, más interesada en el lucro personal que en el bien general.

Una denuncia de la Sociedad de Labradores de Serón aparecía de esta forma en el diario El Radical (1913), dando crédito en cierta manera a esta apreciación:
“En Serón no hay escuela municipal. Había un edificio propiedad del ayuntamiento, que servía de escuela. So pretexto de que estaba ruinosa, fue desalojado y destechado. A poco era un almacén de madera al servicio y uso particular del alcalde; después el solar ganó en categoría, salió a subasta, fue vendido y hoy se alza en el lugar de la antigua escuela un hermoso casino que resulta ser propiedad del alcalde (…) Donde antaño hubo una casa propiedad del Ayuntamiento hoy hay una especie de palacio propiedad del alcalde; donde se hizo un pequeño templo destinado a la enseñanza de los niños, hoy luce un casino, que suponemos será como todos los casinos nacionales, un apeadero de gente desocupada y una casa de juego (…) Aunque en la transformación de la escuela en casino no mediara filtración ni irregularidad alguna, el hecho es vergonzoso. Que las clases directoras de Serón hayan visto con indiferencia hundirse una escuela y haya tenido entusiasmo para levantar en su solar un casino, dejando desamparada la función docente, es un caso nuevo y desolador como ninguno”[14].

D. Antonio Cano también protagonizó el cambio de ubicación del Ayuntamiento de Serón que, originalmente y desde tiempos inmemoriales, estuvo situado en la actual Plaza de la Constitución o del Medio. El local, que también servía como Pósito, estaba en ruinas a mediados de esta década, y la corporación presidida por el mencionado alcalde decide vender el local a D. José Antonio Pérez Domene (el “Tío José Antonio”), quien lo derruye para construir su vivienda y una panadería-horno. Para la construcción del nuevo Ayuntamiento se compran los terrenos al matrimonio formado por Doña Julia Jiménez Gibaja (Doña Julia “del Serval”) y D. Pedro Sola Martínez, propietarios de la llamada, durante muchos años, “Plaza del Rastrojo”[15].

Entre la venta del local y la construcción del nuevo Ayuntamiento, la sede de la corporación local estuvo situada en la Plaza de los Remedios, como también lo estuvo el Pósito. Este último durante bastantes años[16].

Estos y otros  gastos (a D. Antonio Cano se le llegó a acusar de haber extraviado 20.000 ptas. del Pósito)  impidieron hacer las inversiones necesarias para potabilizar el agua.

Serón tenía servicio ferroviario, luz eléctrica, telégrafo, gastaba dinero en hacerse un nuevo Ayuntamiento, pero aún no disponía de recursos para pagar las obras que permitieran potabilizar sus aguas.

La entrada en escena de la 1ª Guerra Mundial tampoco ayudó en este sentido, ya que  las minas eran propiedad de ciudadanos extranjeros, y revirtió directamente en el escaso y mal pagado trabajo. En Serón se vivieron momentos tensos durante toda la década, pero especialmente en la huelga de 1919[17].

El sueño se cumple, 1920-1930

En 1921  la Corporación municipal que presidía por entonces D. José Anaya Cabello, testaferro de D. Antonio Cano, hizo un proyecto para el encauzamiento de las aguas desde la Fuente de Líar al pueblo de Serón. Este proyecto fue publicado en BOP el 8 de junio de ese año.

D. Emilio Jiménez Fernández, en representación de La Hidroeléctrica Seronense SA, presentaría la reclamación oportuna, ya que el proyecto del Ayuntamiento contemplaba la retirada de 9 litros por segundo de la misma Fuente para el abasto del pueblo. Y considerando que esta cantidad era excesiva y perjudicaría el normal funcionamiento de la Hidroeléctrica, presenta otro proyecto alternativo con una retirada de 4 litros por segundo. Ambos proyectos incluían una ubicación diferente del depósito de agua y diferentes materiales para las tuberías de encauzamiento[18].

Se inicia así otro litigio, que duraría dos años, entre La Hidroeléctrica Seronense SA y el Ayuntamiento de Serón. Aunque esta vez las cosas son muy diferentes, dado que ahora no se trata de que sea la Hidroeléctrica quien pague el proyecto y las obras (será el Ayuntamiento quien lo haga), sino de la cantidad de litros por segundo retirados de la Fuente de Líar, de cuyas aguas se aprovechaba la Hidroeléctrica en su totalidad[19].

El 27 de septiembre de 1923, finalmente, y tras ser estudiadas las diferentes propuestas y alegaciones presentadas por el  Ayuntamiento e Hidroeléctrica, el Gobernador Civil de Almería, aprobó  el proyecto por su presupuesto de contrata de 73.686,11 ptas[20] con lo que se abre entonces un periodo de reclamaciones que terminaría con el dictamen final de la Dirección General de Obras Públicas el 20 de enero de 1925[21].

Las principales reclamaciones presentadas ante el Gobernador Civil de Almería al proyecto de La Hidroeléctrica Seronense SA fueron:

-De D. Pedro Sola Martínez[22], que dijo que el depósito era pequeño y el lugar inadecuado por estar situado por debajo del nivel de las casas del Barrio Bacares, y pide se emplace en el Cerro del Calvario tal como propone el proyecto del Ayuntamiento.

-De D. Diego Jiménez Cano, Sres. Rodríguez Borja y Jiménez Rodríguez, que dijeron que en el proyecto que comprende la construcción de una tubería que  pasando por la Calle Real termina en la Plaza de Abajo, quedan sin abastecer el Barrio Hondo, Calle de la Umbría y Puerta de la Iglesia, y piden que se modifique el proyecto a fin de que se instalen fuentes públicas en dichos lugares.

La Hidroeléctrica Seronense SA por su parte, propuso la retirada de 4,5 litros de agua (en vez de los 4 litros que proponía en un principio) por segundo desde la misma Fuente de Liar, dando el visto bueno a la ubicación del depósito que proponía el Ayuntamiento y estando de acuerdo en que se aumentase su capacidad a 500 metros cúbicos (Obras Públicas denegaría este aumento de capacidad), ya que también se quería dotar al pueblo de un sistema anti incendios.

Más tarde, el 17 de Noviembre de 1.926 se adjudicó la subasta de estas obras a D. Manuel González Corona por la cantidad de 68.992,77 ptas. Comenzando así las obras. Después de que el 30 de noviembre de 1927 se aprobara un proyecto reformado, denominado de Replanteo Definitivo, esta cantidad ascendería a 76.617,82 pts. [23].

Los alcaldes más representativos de este periodo fueron D. Enrique Nin de Cardona Ramírez (1924-1928) y D. José Anaya Cabello (1928-1930). Periodo en el que se inician y terminan las obras de abastecimiento de agua potable de Serón.

La situación del agua de consumo humano con anterioridad

Antes de que empezasen las obras, las gentes de Serón bebían el agua recogida directamente de la salida de las turbinas de la Hidroeléctrica Seronense SA. Aún hoy se pueden observar los restos que quedan de los tubos de barro que servían para este fin. El sistema para partir el agua para consumo humano y para el riego era muy sencillo, idéntico al utilizado en la Hidroeléctrica para retirar el sobrante que entraba en sus tubos en la parte superior[24].

El agua, así canalizada y soterrada, llegaba a las fuentes públicas del pueblo y a los pocos  domicilios particulares que  podían pagar las obras de instalación, que generalmente pertenecían a las clases sociales más pudientes.

Mercedes Pérez López (95 años), vecina de Serón nacida en 1917, recuerda muy bien esta circunstancia: “Sólo los ricos tenían agua en las casas. Los demás teníamos que recoger el agua en cántaros en las fuentes del pueblo. Había una fuente en la Arquilla, a esa nunca subí a por agua. ¡La cantidad de gente que había en la Arquilla! Luego estaba el pilar de la Plaza Arriba, que entonces estaba a la otra parte, el de la Umbría, el de la Plaza de en Medio, el del Barrio Hondo, el de la Plaza del Rastrojo, en la Puerta de la iglesia había otro…”.

Aún así, debido a que el agua venía directamente de la Hidroeléctrica, recuerda que: “cuando el agua venía turbia de más íbamos al pilar de la Plaza de Arriba, porque allí salía un poco más clara, pero yo prefería ir, cuando podía, a una Fuente natural que salía en la punta arriba de la Ramblilla. Allí pincharon en el terraplén un tubo y salía el agua más limpia que en ningún sitio”.

Con el sistema de alcantarillado pasaba exactamente lo mismo. Quien podía pagarlo lo tenía. Mercedes recuerda a este respecto una anécdota de una persona pudiente en las inmediaciones de la Plaza de Arriba: “Con todo el dinero que tenía y lo rácano que era… salían al pilar de la Plaza de Arriba a por agua, y sus necesidades las hacían en un agujero que caía en la acequia que pasaba debajo de su casa, como todos los demás que no podían pagarse las obras…”. Oyendo sus testimonios podemos estar seguros de que los campos estaban bien abonados[25].

Mercedes también nos cuenta que: “Lo que hacía mucha gente era dejar reposar el agua en cubos hasta que lo turbio se quedara abajo, y luego iban cogiendo el agua de arriba, más clara, con cazos”.

Dentro del contexto histórico que le tocó vivir, Mercedes  conserva  intactos en su memoria los sucesos que se produjeron durante la llamada “Huelga de la Cebada”  aunque no fue testigo presencial  de los famosos hechos ocurridos en la Plaza de En Medio. Recuerda perfectamente cuándo “Juanico de Anselmo” instó a los manifestantes a rajar los sacos que subían a los cotos mineros o la salida al balcón del General de Brigada  D. José Rodríguez Falero para apaciguar los ánimos de la Guardia Civil que tenían la intención de disolver a los manifestantes a tiros. La viveza de estos recuerdos aun hoy le permite poder recitar de memoria las palabras que pronunció el General desde el balcón de su casa[26].

De lo que sí fue testigo es de unos hechos ocurridos un poco antes y dentro de las manifestaciones de la misma huelga y que ella recuerda como la Huelga de Los Canos. Tenía apenas cinco años en 1923: “En aquellos años vivíamos en el Chanco  porque mi padre trabajaba en el cargadero de la Estación de Los Canos. Por aquél entonces ya había tenido el accidente, le cayó encima una vagoneta cargada de mineral y cayó a la tolva rodando por todo el hierro, los huesos se les hicieron mistos…Entonces no había seguros, ni jubilaciones, ni nada de lo que hay ahora, aquél accidente fue su muerte en vida; muchos dolores, las manos y los pies hinchados, y así mucho tiempo hasta que ya no pudo ni salir de la casa… y sin trabajo no había dinero…”

“Yo era muy chica, tendría cinco años, y estaba en la puerta de la casa viendo a toda aquella gente andando por las vías del tren, con carteles y dando voces. Entonces la Guardia Civil empezó a pegar tiros y fue cuando mi madre me metió en la casa…Pero como todos los chiquillos son curiosos, yo me asomé a la ventana para ver lo que pasaba. Los vecinos salieron corriendo a ayudar a una mujer a la que le había llegado uno de los tiros que le dio en la barriga. Creo que al final no se murió. Y no me acuerdo de cómo se llamaba… Mataron a dos hombres, que ahora no me acuerdo cómo se llamaban. Y los tuvieron allí hasta que bajó un carro tirado por bestias, los echaron dentro y (¿?), y (¿?)[27]  fueron todo el camino arriba encima de ellos, dando saltos encima de los muertos e insultándoles…”

1923 fue un año de manifestaciones, huelgas, hambre, carencias materiales y cambios políticos. Al final del mismo vendría el golpe de Estado de Primo de Rivera y la rápida sucesión de corporaciones locales en el Ayuntamiento.

En abril de 1924 se creó Unión Patriótica, el partido único del nuevo régimen dictatorial, al que se unen rápidamente todos los componentes de la vida política de Serón, tanto conservadores como liberales[28].

El 14 de octubre de 1925 se crearía el Somatén de Serón, cuyas funciones (mantenimiento del orden público, principalmente) se desarrollaron desde septiembre de 1923 a 1929.

El final de la década traería consigo la culminación del tan ansiado proyecto de potabilizar las aguas de la Fuente de Liar, la creación de numerosas escuelas rurales y numerosos proyectos de obras públicas culminados durante el periodo republicano.

Las obras

 

En el proyecto aprobado y llevado a cabo se tomó como referencia el número de 5.400 habitantes para el casco urbano, siendo finalmente la cantidad de cuatro litros y medio por segundo (64 litros por persona y día) los que se sacarían de la Fuente de Líar por considerarlos suficientes para este número de habitantes sin que La Hidroeléctrica Seronense  SA se viese perjudicada[29].

Las obras  comprendieron, desde su inicio desde la Fuente de Líar hasta llegar al depósito, y  de aquí bajando por la calle Bacares, cuesta Baíllo, siguiendo por la calle Real hasta el Cantillo, y de allí hasta su término en la calle Gadil. En todo este trayecto las obras incluyeron:

-Una Caseta de toma en la misma Fuente.

-El recubrimiento del canal.

-Depósito de 150 metros cúbicos, situado en el Cerro del Calvario[30], y caseta de maniobras con sus accesorios.

-Dos arquetas de pérdidas de carga y ocho para llaves de descargas y ventosas, más una final de la tubería.

-Conducción por tubería de ochenta milímetros de diámetro interior entre la caseta de toma y módulo y el depósito regulador, y de cien milímetros entre el depósito regulador y el final de la conducción en el pueblo.

-Y cinco llaves y cuatro ventosas instaladas en las correspondientes arquetas.

-Las tuberías instaladas fueron de fundición[31].

En las obras no se incluyeron las fuentes, que debía construir el Ayuntamiento a su cargo. Por las cinco llaves instaladas después del depósito y el recorrido de la tubería podemos suponer cuáles fueron las cinco primeras fuentes (Arquilla, Plaza de Arriba, Calle Real, Plaza de la Constitución, Plaza de Abajo). Las fuentes, como se ha recordado antes, ya existían.

Tampoco incluía los grifos a domicilios particulares. Éstos tenían el precio de 100 pts (en 1949), y, aunque se podía poner el número de ellos que el particular estimase oportuno, el diámetro en la entrada de la llave de paso no podía exceder los 12 milímetros de diámetro[32].

Las condiciones de pago indicaban que el Ayuntamiento debía de contribuir con el 10% del gasto de las obras durante su ejecución, y el 40% restante en el plazo de 20 años. Las  obras finalmente acabarían costando 77.557,03 pts. [33].

 

El 16 de agosto de 1930, fueron entregadas las obras al Ayuntamiento.

 

Acta de entrega de obras de abastecimiento de aguas potables del Ayuntamiento

En la Villa de Serón a dieciséis de Agosto de mil novecientos treinta, reunidos en la Sala Capitular del Ayuntamiento D. Eduardo Franquelo Carrasco, Ingeniero Jefe de la División Hidráulica del Sur de España, D. Francisco Ruiz Fernández, Ingeniero Encargado de las referidas obras, D. José Herrerías Torreblanca, Primer Teniente de Alcalde en funciones de Alcalde, D. Jesús Martínez Loaísa y D. Juan Cano Requena, concejales del precitado Ayuntamiento y D. Leandro Fernández Castany, Secretario del mismo, Delegados por acuerdo Municipal para concurrir al acto que se realiza de conformidad con lo dispuesto en el apartado 30 de la R. O. De 11 de Junio de 1.925, hace entrega el primero a los demás Sres. mencionados de la Municipalidad Local, de las obras de abastecimiento de aguas construidas por el Estado…”[34]

 

El 31 de octubre de 1930 el ayuntamiento de Serón pide permiso  a la División Hidráulica del Sur para realizar obras en la caseta de toma de agua de la Fuente de Liar debido al menor caudal de agua que sale de ella quizá debido a las obras de canalización.

El 12 de agosto de 1931 el Ayuntamiento informaba al mismo organismo que durante las obras, en la que participaban “bastantes obreros”, se había dado en roca viva y que por tanto se esperaba obtener un mayor caudal[35].

En la actualidad los problemas son de otro tipo, pero siguen existiendo. Nuestra agua es demasiado caliza, lo que origina que cañerías, grifos y calentadores se atasquen y pierdan su vida útil antes de tiempo. Otro de los problemas derivados del exceso de cal es el gasto extra de agua que se hace a través de los grifos desprovistos de la rejilla difusora, pensada para optimizar el gasto de agua en los hogares, y que suele ser el primer elemento del grifo en estropearse.

La solución para prevenir estos problemas, hasta ahora, por parte de las familias es la adquisición y montaje de descalcificadoras en los domicilios particulares. Tal vez en un futuro no muy lejano se podrían acometer las reformas necesarias para la adquisición y montaje de una descalcificadora a la salida del depósito general. Lo cual vendría en beneficio general de los vecinos de Serón.

 

Francisco José Cuadrado Pérez

 

AGRADECIMIENTOS:

-A D. Emilio Torre-Marín Jiménez, fallecido el año pasado 2012, sin cuya aportación desinteresada de la documentación histórica perteneciente a su familia no habría sido posible la redacción detallada de buena parte de la Historia de Serón. Por ende, a toda su familia, especialmente a su nieto Miguel Ángel Guiard Torre-Marín, quien se ha prestado gustoso en esta labor desinteresada.

-A Doña Mercedes Pérez López, mi tía por línea materna, que a sus de 95 años de edad aún sube escaleras, se hace la comida, friega los platos… y guarda dentro de sí tanta historia vivida. No cabe en este artículo todo lo que recuerda que vivió en esta época, ni los cientos de anécdotas que espero poder escribir algún día. Gracias, tía.

-A D. Juan Sola, más conocido como “Juan Dios”, que tan amablemente y con tanta paciencia me ha atendido cuando he querido resucitar viejas historias.

BIBLIOGRAFÍA

-Archivo de La Hidroeléctrica Seronense SA.

-Revista Al-Cantillo, nº 12. Agosto de 2000. “La electricidad y el Progreso de Serón”. Valeriano Sánchez Ramos.

-Revista Al-Cantillo, nº 18. Agosto de 2002. “Sorpresa para mí y fraude para los lectores de Al-Cantillo”. Emilio Torre-Marín Jiménez.

-“Memoria de Gestión Municipal. 1940-1948”. Ayuntamiento de Serón. 1949.

-BOP 8 de junio de 1921

-Revista Al-Cantillo nº 49. Diciembre de 2012. “Centenario de la llegada de la luz eléctrica a Serón”. Francisco José Cuadrado Pérez, Florencio Castaño Iglesias.

Revista Al-Cantillo nº 45. “Agua que mueve molinos”. Oficina de asesoramiento al regante, Juan Antonio Lorenzo Cazorla, Antonio Sola Berruezo.

-Revista Almansura, nº 1, 2007. “La mujer del minero: condiciones de vida y protesta popular de la mujer en Las Menas, 1900-1930”. Juan Torreblanca Martínez.

-Revista Almansura nº 2, 2008. “La Dictadura de Primo de Rivera en el municipio de Serón. 1ª parte. La estructura política municipal”. Juan Torreblanca Martínez.

-Municipios y provincias: Historia de la Organización Territorial de España. 2003. Enrique Orduña Rebollo.

-Los Orígenes del Banco de Crédito Local o la necesidad de una herramienta financiera dinamizadora. Dr. J. Víctor Arroyo Martín. Publicación web, pdf, 17 páginas.

-La Escuela Tradicional en el Valle del Almanzora. 2004. Juan Torreblanca Martínez, Lorenza Martínez Porcel, Margarita Morales Molina, María Gracia Pozo Oller.

-Libro de Apeo de Serón.

-Archivo personal de Emilio Torre-Marín Jiménez.

-Testimonios orales: Mercedes Pérez López y Juan Sola (“Juan Dios”).

-“La vida de una vida” Biografía de María Martínez Sorroche. Capítulo “La huelga de la Cebada, 1923”.

-Página web Serón.tv.



[1] En 1909 la situación de los molinos desde la Fuente de Liar hasta la “Fábrica de la luz” era esta: un molino harinero propiedad de D. Juan Mateo Llorente (en la actualidad conocido como molino de “Los Garullas”, propiedad de D. Rafael Martínez Loaisa, con una antigüedad anterior a la Repoblación. Su primer propietario conocido fue Diego Torres). Un molino harinero y fábrica de hilados propiedad de D. Francisco Domene Corbalán (“los Tocinas”, hoy propiedad de los herederos de D. José Mesas Pérez). Después de atravesar el Camino de Almería se encontraba un molino y fábrica de harina propiedad de D. Enrique Nin de Cardona y Navarro (arruinado). En 1921 consta como propietario el Sr. Garric, quien lo vendería a Antonio Sola Rubio (Antonio “Dios”).  Este mismo señor había comprado con anterioridad el de “los Tocinas”, e instala la maquinaria de hilados de aquél en el nuevo comprado (1947-1949). Entre éste y el siguiente existen dos cubos que atestiguan la existencia de dos molinos harineros en otra época. Y finalmente “la fábrica de la luz” (anterior molino y posterior Fábrica de Hilados propiedad de D. Emilio Rodríguez Esteban) propiedad de Sevillana de Electricidad. En Archivo de la Hidroeléctrica Seronense (en adelante AHS), Revista Al-Cantillo nº 45. “Agua que mueve molinos”. Oficina de asesoramiento al regante, Juan Antonio Lorenzo Cazorla, Antonio Sola Berruezo. Testimonio oral de Juan Sola.  Libro de Apeo de Serón.

[2] La Plaza de Abajo, en 1904, era la actual Plaza del Medio, o Plaza de la Constitución, ya que la actual Plaza Nueva no existía. En AHS.

[3] Revista Al-Cantillo, nº 12. Agosto de 2000. “La electricidad y el Progreso de Serón”. Valeriano Sánchez Ramos. El 24 de marzo de 1904, en sesión municipal, el Alcalde Enrique Nin informa a la Corporación de la propuesta del señor D. Juan Martínez Cánovas. En sesión del 10 de abril, el Ayuntamiento y la Comunidad de regantes de la Fuente de Líar, acordaron imponer dichas condiciones.

[4] Revista Al-Cantillo nº 49, diciembre 2012. “Centenario de la llegada de la luz eléctrica a Serón, 1912-2012. Francisco José Cuadrado Pérez, Florencio Castaño Iglesias.

[5] D. Emilio Rodríguez Esteban fue Alcalde en 1908, 1909 y primera mitad de 1910. Anteriormente había actuado como Secretario accidental en 1875. Y en 1902 formaba parte de la Junta Local de Instrucción Pública.

[6] La fábrica de hilados estuvo funcionando desde 1895. Hasta este año fue un molino harinero cuya antigüedad se remontaba hasta los tiempos de la Repoblación de 1572. Sus últimos propietarios, hasta que lo compra  D. Emilio Rodríguez, fueron  Antonio y Emilio Cazorla. En AHS.

[7] AHS. Carta personal entre D. Emilio Rodríguez y su abogado. La movilización de la mayoría del pueblo se hizo posible debido a la precariedad laboral de la época y a las dificultades económicas existentes. El objetivo principal de la manifestación fue contra los impuestos, entre ellos el de consumos, que gravaba bienes de primera necesidad (comida, bebida, combustible). Aquí, la sola  idea de tener que pagar más impuestos para el entubamiento del agua enardeció a los vecinos. Este tipo de manifestaciones se dieron en 1908, abril de 1911, y abril de 1916, en Revista Almansura nº 1.2007.  La mujer del minero: condiciones de vida y protesta popular de la mujer en Las Menas, 1900-1930. Juan Torreblanca Martínez.

[8] AHS. Copias de autos del Ayuntamiento de Serón. Resolución del Gobernador Civil de Almería.

[9] AHS. Cita del informe técnico encargado por D. Emilio Rodríguez.

[10] Ibiden. Carta personal de D. Emilio Rodríguez con su abogado. D. Emilio Rodríguez quiere saber si el presupuesto del Ayuntamiento le permitiría afrontar el proyecto de entubamiento desde la Fuente de Líar.

[11] Revista Al-Cantillo nº 48. Agosto 2012. La Guardia Civil en Serón. Florencio Castaño Iglesias. Sin duda, el pago de este alquiler ayudó muchísimo a la financiación del nuevo proyecto de D. Emilio de construir una Hidroeléctrica en su antigua fábrica de Hilados, arruinada por un incendio. Aunque recordemos que no era su única fuente de ingresos, D. Emilio poseía otra fábrica de tejidos (Doña Julia) y una almazara.

[12] AHS. Sesión de accionistas de 9 de septiembre de 1912.

[13] Revista Almansura nº 2, 2008. “La Dictadura de Primo de Rivera en el municipio de Serón. 1ª parte. La estructura política municipal”. Juan Torreblanca Martínez.

[14] La Escuela Tradicional en el Valle del Almanzora. 2004. Juan Torreblanca Martínez, Lorenza Martínez Porcel, Margarita Morales Molina, María Gracia Pozo Oller. El alcalde era D. Antonio Cano. El casino volvería a ser años más tarde La Escuela Graduada de Niñas, y vivienda de sus maestras.

La escuela, entonces, se trasladó a la calle Olmo, cuya ubicación es hoy día un solar pavimentado propiedad del Ayuntamiento.

[15] Testimonios orales. Mercedes Pérez López, Juan Sola.

[16] Los datos precisos en cuanto a fechas, ubicaciones exactas y actas de sesiones del ayuntamiento aparecerán en un próximo artículo.

[17]Revista Almansura, nº 1, 2007. La mujer del minero: condiciones de vida y protesta popular de la mujer en Las Menas, 1900-1930. Juan Torreblanca Martínez. Los motines y huelgas fueron frecuentes durante toda la década dándose en abril de 1911, febrero de 1913, abril de 1916, septiembre de 1919.

[18] AHS. La reclamación presentada en el Ayuntamiento está fechada el 30 de junio de 1921.

[19] AHS. La cantidad concedida inicialmente fueron 258 litros por segundo, aunque suponía casi la totalidad del caudal que salía de la Fuente de Líar, ya que entre filtraciones y presas, el caudal del agua a veces no llegaba a esos 258 litros. En 1921 la Hidroeléctrica llevó el acueducto hasta el molino que fuera de Enrique Nin de Cardona y Navarro, salvando así la presa construida aguas abajo, y que en estas fechas pertenecía a D. Ricardo Garric. Hoy “Casa Rural L‘aqaba, más conocido como “molino de Juan Dios”

[20] En esta fecha no existía el Banco Local de Crédito, éste se crearía el 25 de julio de 1925. Los dos más importantes de la época eran el Banco Central (público) y el Banco Hipotecario de España (privado), aunque existían un gran número de ellos. Entre las bases del segundo, especializado en créditos locales, estaba en el artículo segundo de sus estatutos sociales hacer “préstamos a provincias, ayuntamientos y corporaciones… para contratar empréstitos… con la expresa condición de que el reembolso del capital y el pago de intereses esté garantizado con un recargo o impuesto especial o recurso permanente consignado en el respectivo presupuesto”. Es decir, la garantía pasaba por una asunción hipotecaria de conjunto del municipio o entidad administrativa de la que se tratara”. En “Los Orígenes del Banco de Crédito Local o la necesidad de una herramienta financiera dinamizadora”. Dr. J. Víctor Arroyo Martín. Publicación web, pdf.

[21]Memoria de Gestión Municipal. 1940-1948”. Ayuntamiento de Serón. 1949, pp. 95. Oficio de la Dirección General de Obras Públicas. Hay que recordar que al iniciarse este proceso el alcalde, aunque por poco tiempo (05 de octubre de 1923 a 13 de enero de 1924) fue Francisco Jiménez Fernández, segundo al mando de la Hidroeléctrica Seronense SA.

[22]  Pedro Sola Martínez, médico de profesión y republicano convencido. Formó parte de la segunda corporación municipal de Serón  presidida por el General de Brigada D. José Ramírez Falero como segundo Teniente de Alcalde, tras el Golpe de Estado de Primo de Rivera. Los ex acaldes del Antiguo Régimen (entre ellos  D. Antonio Cano) tacharían de comunistas a los miembros de esta primera corporación. Durante la crisis de los años 30 formó parte de la Comisión que trató de buscar soluciones visitando al Ministro de Trabajo para la concesión de Obras Públicas como la carretera de Alcóntar, etc.

[23]Memoria de Gestión Municipal. 1940-1948”, pp 105. Oficio del Director General de Obras Hidráulicas de fecha 30 de enero de 1932.

[24] Ver Revista Al-Cantillo nº 49. Diciembre 2012. “Centenario de la llegada de la luz eléctrica a Serón”. Francisco José Cuadrado Pérez, Florencio Castaño Iglesias.

[25] El destino final de las aguas fecales de todas las casas en esta época eran las acequias de riego. Las casas situadas sobre las mismas (casas situadas en los bordes exteriores) tenían una ventaja económica a la hora de hacer las obras de conducción desde el lavabo hasta la acequia. Para las clases menos pudientes que vivían en casas alejadas de las acequias (núcleo interior del pueblo) la solución era la misma de tiempos remotos: las cuadras de los animales de que disponían todas las viviendas.

[26] Testimonio oral de Mercedes Pérez López. Biografía de María Martínez Sorroche.

[27] Mercedes recuerda perfectamente los nombres de estas dos personas, aunque no estimo oportuno hacerlos públicos por lo desagradable de los hechos.

[28] Archivo personal de Emilio Torre-Marín Jiménez.

[29] Ibiden nota 13.

[30]Memoria de Gestión Municipal. 1940-1948”. Ayuntamiento. Esta ubicación fue la sugerida por el ayuntamiento en su proyecto. El de la Hidroeléctrica lo situaba más abajo del Barrio Bacares.

[31]Memoria de Gestión Municipal. 1940-1948”, pp. 104 .Acta de entrega de las obras de abastecimiento de aguas potables al Ayuntamiento.

[32]Memoria de Gestión Municipal. 1940-1948”, pp. 24. Ordenanzas para el abastecimiento de aguas potables.

[33] “Memoria de Gestión Municipal. 1940-1948”pp 105. Oficio del Director General de Obras Hidráulicas de fecha 30 de enero de 1932. Sobre un importe líquido de 74.762,82 pts., dada la baja subasta, el Estado corrió con el 90% del costo (67.286,54 pts.) y el Ayuntamiento de Serón con el 10% (7.476,28 pts.), debiendo pagar éste último en 20 años el 40% del coste total de la obra.

[34]  “Memoria de Gestión Municipal. 1940-1948”, pp 104 .Acta de entrega de las obras de abastecimiento de aguas potables al Ayuntamiento.

[35]Memoria de Gestión Municipal. 1940-1948”.

LA LLEGADA DEL TELÉGRAFO A SERÓN

En el pasado, el telégrafo fue el primer medio de comunicación con el que podíamos comunicar con todo el mundo de forma rápida. Ahora, con la tecnología a nuestro alcance, podemos tener una comunicación directa, incluso con imagen y sonido, al instante.

Hoy los mensajes los enviamos nosotros mismos pero antes, para enviar telegramas, era necesario acudir a la “oficina del telégrafo” para que el telegrafista tradujera nuestro texto al alfabeto Morse[1] y luego lo transmitiese usando un manipulador telegráfico.

En España el telégrafo eléctrico se empezó a utilizar hacia  1855, después de la Ley de 22 de abril que promulgó Isabel II, convocando a construir una Red Telegráfica en todo el territorio español. En 1856  se crea el Cuerpo de Telégrafos encargándose de todo el tema de la telegrafía.

En Serón,  el desarrollo importante del sector minero precipitó la necesidad de enviar mensajes con gran rapidez. Fue el 12 de marzo de 1911, cuando el alcalde D. Antonio Cano Martínez manifiesta a la Corporación que “…en vista a la progresiva importancia que el movimiento minero viene prestando a esta población, se hace de todo punto indispensable la existencia de una estación Telegráfica que responda a la necesidad que se tiene de ella…”.  Es en la sesión del día 29 de marzo, donde el Ayuntamiento acuerda solicitar a la Dirección General de Correos y Telégrafos (DGCT)  una estación telegráfica del Estado en el municipio, comprometiéndose  a proporcionar una casa para oficinas y vivienda para el telegrafista, así como el mobiliario necesario. En la petición se indica las características de la casa que albergará la estación. Esta casa, propiedad de D. Francisco de Paula Verdonces  Esteban[2], estaba situada en la calle Gadil[3], a la altura del cruce con la  calle Juan de Austria, en la zona   que ocuparía después  la empresa   “Jamones Framaga”.

Ante una  información no oficial que le llega al alcalde, según la cual la concesión de la estación se va a retrasar por falta de presupuesto en el Gobierno de la Nación, la Corporación apuesta fuerte por traer el telégrafo a Serón y en sesión de 23 de julio,  acuerda solicitar a la DGCT una estación telegráfica Municipal.  Esta variante implica que el Ayuntamiento se compromete a sufragar los gastos de la instalación y mantenimiento de la línea, pagar al personal y facilitar casa para la oficina.  Sin embargo, el  Ayuntamiento se ve obligado a desistir de esta petición al comprobar que este tipo de estaciones no se pueden intercalar entre los conductores establecidos que pasan por Serón. Si se quería seguir adelante se tendría que crear toda una línea hasta Purchena, lo cual resultaba muy costoso.

Afortunadamente,  el 9 de septiembre de 1911 se recibe oficio[4] nº 18.608 de la DGCT donde se concede a Serón una estación telegráfica de Estado de carácter limitado y para toda clase de servicio[5]. En la concesión tuvo que influir el diputado a Cortes, D. Julio Amado pues uno de los compromisos que adquirió con  los pueblos del Distrito de Purchena  cuando salió elegido  en 1910, fue el de impulsar la creación de estaciones telegráficas.

En el presupuesto de 1912 aparecen consignadas las cantidades para adquirir mobiliario y pagar el alquiler de la casa.  En abril de 1912 se terminan las obras de adaptación de la casa y se traza la línea hasta la pequeña estación de Los Zoilos.  La puesta en marcha del telégrafo  tuvo que esperar hasta que llegara la luz eléctrica a Serón.  Una vez que el Ayuntamiento firma, el 29 de diciembre de 1912, contrato de alumbrado público con La Hidroeléctrica Seronense, donde se incluye la casa del telégrafo, se puede decir que  Serón tenía ya una estación telegráfica del Estado.  La fecha del  cinco de enero de 1913  es la que considero como punto de inicio  de las transmisiones vía telegráfica desde Serón. Este día es cuando el Ayuntamiento formaliza contrato definitivo de arrendamiento con D. José Domech Sánchez, dueño, en ese momento, de la casa.  Se hizo por diez años a razón de 2 pesetas diarias[6]. El primer repartidor de la estación telegráfica fue D. Luís Pozo Domene.

En noviembre de 1923, la estación se traslada a una casa de la Calle Real, 103 (numeración de la época), propiedad de D. Virginio Navarro Rodríguez[7], siendo el oficial de telégrafos D. Manuel Villalba Onteniente[8].  Esta casa[9] es  hoy  de los herederos de D. José Mesas Pérez, al lado de la que fue de D. José Bono, muy cerca del caño.

En 1924,  la “casa del telégrafo” de la calle Gadil era propiedad de  Dª  Juana Gea Sánchez quien la arrienda  al Ayuntamiento para  que instale en ella un hospital de urgencia.

El 30 de junio de 1926, la Corporación decide cambiar la ubicación de la estación telegráfica y formaliza  contrato de arrendamiento de una casa, situada en la Plaza de los Remedios, propiedad de D. Joaquín Cano Herrerías.  En esta plaza ya existía, desde principios de 1923, una Estafeta de Correos[10]. Fue sobre el año 1979, ya unificados los cuerpos de Correos y Telégrafos,  cuando las oficinas se trasladan a su actual sede, teniendo Serón una oficina auxiliar de Correos y Telégrafos.

En la foto de la plaza de los Remedios, gentileza de la familia Torre-Marín, se puede observar, al fondo y a la izquierda, la oficina de Correos con el buzón en la pared y el cartero uniformado. Sobre el balcón de Correos aparece un rótulo que dice: “Caja Postal de Ahorros”. La puerta que se encuentra abierta corresponde a la oficina de Telégrafos con el rótulo en grande.  Una de las personas sería D. Manuel Villalba Onteniente, jefe de Telégrafos en esa época y otra debería ser D. Antonio Guerrero Molina,  administrador de Correos. Se observa también que los cables de la luz  entraban por la izquierda de la plaza y por el balcón de la casa de telégrafos pasaban a la oficina.

Es curioso constatar que precisamente fue el Cuerpo de Telégrafos uno de los organismos que primero ofrecieron la posibilidad de ejercer una actividad profesional a las mujeres españolas. Yo conocí, sobre los años 60, a una mujer llamada Francisca al frente de la oficina de telégrafos de Albanchez (Almería).

En 1978 se produce la unificación de los cuerpos de Correos y Telégrafos, siendo, D. Luís Villalba Pérez  el primer jefe de Correos y Telégrafos en Serón.  Este mismo año  es trasladado a la oficina de Serón D. José Corbalán, después de pasar cinco años en la oficina de Aldaya-Alacuás (Valencia).

Agradecimientos:

A Francisco Cuadrado por su ayuda en la localización de las distintas “casas del telégrafo” en Serón.

A Miguel Ángel Guiard por su amabilidad al cederme, para este trabajo, la foto de la Plaza de los Remedios.

Florencio Castaño Iglesias

ABRIL 2013



[1] Alfabeto que sustituye cada letra o número por una combinación de puntos, rayas y espacios. En Serón se estuvo utilizando hasta 1980-82.

[2] Fue concejal en 1906, inspector de la guardia municipal hasta el 16 de septiembre de 1923, fecha en la que pasa a ser oficial del Ayuntamiento permaneciendo hasta 1930.

[3] Testimonio de Francisco Cuadrado.

[4] Libro de Acta de Sesiones. Sesión de 17 de septiembre de 1911.

[5] La estación tenía un horario reducido y un sólo funcionario. El horario durante la semana era de 9 a 12 y de 16 a 19 h.; los domingos de 10 a 12h.

[6] Libro de Actas  de Sesiones. Sesión de 5 de enero de  1913

[7] Primer teniente de alcalde de Serón en los años 1914-1915.

[8] Anuario de Andalucía de 1932.

[9] Testimonio de Francisco Cuadrado.

[10] La Estafeta de Correos  se establece en Serón a principios de1923. En el acta de sesiones de 25 de junio de 1922,  el Ayuntamiento se dirige al Administrador Principal de Correos de Almería, solicitándola y obligándose a pagar el alquiler de la casa que ocupe la oficina.

 

HISTORIA DE LA REBELIÓN Y CASTIGO DE LOS MORISCOS DEL REINO DE GRANADA. Libro sexto Capítulo XXV

Libro sexto

Capítulo XXV

Cómo Aben Humeya envió a levantar los lugares del río Almanzora, y la descripción de aquella tierra

Río de Almanzora quiere decir río de la vitoria. Tiene principio de una fuente que nace en el camino que va de Canilles de Baza a Serón, llamada Fuencaliente, y corriendo por un valle lleno de arboledas, va a dar a la villa de Tíjola, dejando en los cerros de la mano derecha, algo apartadas del río, a Serón, el Deyre, Bayarca, Lúcar, Sierro, Sofloy, Almuña, Purchena, que tiene título de ciudad, Olula, Fínix, Lanteyra, Cantoria, Líjar, Códbar, Errax, el Borx, Alboleas, Sujura o Surgena, Overa, las Cuevas, Lubrín, Urriecal, Ante, Védar, Serena, Teresea, Cabrera, Benitagla, Albánchez; y en la torre de Montroy, una legua a poniente de la ciudad de Vera, se mete en el mar Mediterráneo. En las sierras que son a levante dél yendo hacia la mar están Lucus, Somontin, Partaloba, Códbar, Oria, Albox, Vélez el Rubio y Vélez el Blanco. Tiene a poniente la sierra de Bacares y la de Filabres, cuyo lugar principal se llama Tahalí. Los otros son Senes, Chercos, Alcudia, Alhabra, Benalguacil el alto, Benalguacil el bajo, Benicanon, Senimina, Xenecit, Castro, Ulela de Castro y Ulela del Campo. Y a tramontana, la hoya y comarca de Baza, donde están las villas de Canilles, Benamaurel, Zújar, Freyla, Cúllar, Güéscar, Castilleja, Orce, Galera, Cortes y otras; a levante tiene las sierras de los Vélez y de Mojácar, y a mediodía el mar Mediterráneo. Toda esta tierra es abundante de pan y de legumbres; crían los moradores mucha seda y muy buena, y tienen muchos ganados. En las laderas de las sierras de una parte a otra del río hay hermosas arboledas de huertas, que se riegan con el agua de las fuentes que nacen dellas y corren a dar al río principal, y las frutas todas son tempranas y muy sabrosas. La mayor parte de las villas tienen castillos antiguos puestos en sitios fuertes por naturaleza, y algunos son de calidad que con poco trabajo se podrían hacer inexpugnables. Quisieron los rebeldes levantar todos los pueblos deste río, cuando levantaron a Gérgal, y por temor del marqués de los Vélez, que, como atrás dijimos, entraba por aquella parte, lo dejaron de hacer. Este miedo les duró todo el tiempo que estuvo alojado en Terque; y como después salió el marqués de Mondéjar de la Alpujarra, y el marqués de los Vélez se recogió en Berja y después en Adra, acudiendo los moros por las sierras de Gérgal y de Bacares, comenzaron a hacer algunos saltos en el río de Almanzora. De aquí tomó atrevimiento Aben Humeya de enviar a levantar aquella tierra; y andándolo tratando, un moro de los que estaban con él fue al lugar de Almuña, y queriendo consolar a la mujer y hijas de Jerónimo el Maleh, que las tenía captivas el alcaide Diego Ramírez, les dijo que estuviesen de buen ánimo, porque dentro de quince días tendrían libertad, y que el proprio Maleh venía con mucha gente a levantar aquellos pueblos. Había hecho Diego Ramírez muy buen tratamiento a estas moriscas, y teníalas recogidas en casa de un morisco amigo suyo; y queriendo gratificarle la buena obra, le dijeron lo que el moro les había dicho, para que se pusiese con tiempo en cobro. El cual envió luego un correo a don Juan de Austria, suplicándole que enviase alguna gente de guerra con que poder asegurar aquella tierra antes que los moros entrasen en ella, porque de otra manera se perdería. Y como esto no se pudo hacer tan presto como la necesidad pedía, a 12 días del mes de junio deste año de 1569 bajaron de la Alpujarra el Gorri de Andarax y el Peligui de Gérgal, y con ellos el Maleh y otros capitanes moros con más de cuatro mil hombres de pelea; y dando primero en Purchena, se hubieran de perder los cristianos que allí había, si el bachiller Román, beneficiado de Macaela, que venía de captiverio de la Alpujarra y había llegado la noche antes, no les avisara como dejaba junta aquella gente para venir a amanecer sobre ellos. Los cuales, viendo que en la fortaleza no había alcaide ni gente de guerra, aunque de sitio era muy fuerte, no osaron meterse dentro; y dejándola desamparada, se fueron huyendo a Oria y a Vera y a otras parte; por manera que cuando llegaron los moros había solas tres horas que se habían salido de la ciudad, y solamente hicieron que los moriscos que moraban en ella se rebelasen, y a los que no querían hacerlo, les daban muchos palos y los llevaban consigo maniatados. Hubo tres moriscos de los principales, que por no alzarse dejaron sus mujeres y hijos; los dos dellos se metieron en Oria, y el uno en Cantoria; los otros todos, cual de grado, cual por fuerza, se fueron con sus mujeres y lujos a la Alpujarra. Los moros robaron y destruyeron la iglesia, luego saquearon las casas de los cristianos, y mataron una mujer vieja que no había querido irse con los demás; y no queriendo dejar aquella fortaleza desamparada, por ser de la calidad que era, metieron gente de guerra dentro para sustentarla, y de la madera de los techos de la iglesia, que desbarataron, hicieron aposentos y reparos en ella, y levantaron una torre de tapiería hacia aquella parte. Hecho esto pasaron a Olula y a los otros lugares, y levantando los moriscos dellos, saquearon y destruyeron las iglesias y las casas de los cristianos, mas no mataron ninguno, porque se habían puesto todos en cobro con el aviso de la mujer y hijas del Maleh. Los moriscos de Serón estuvieron tres días que no se alzaron, porque los entretuvo Diego de Mirones, vecino de Madrid, que tenía la tenencia de aquel castillo por el marqués de Villena, cuya es aquella villa; el cual habiendo enviado su mujer y hijos a Castilla con los soldados que tenía de guarnición y con los vecinos cristianos que vivían en aquel lugar, que por todos serían ciento y treinta hombres, se velaba con mucho cuidado; y cuando supo que los moros andaban alzando los lugares del río. Recogió todas las mujeres cristianas en el castillo. Estando pues los alcaides moros en el río, le enviaron a decir que por tenerle buena voluntad y pesarles de su trabajo, le aconsejaban que les entregase aquella fortaleza; y que si esto hacía, le dejarían ir con toda la gente que tenía dentro, y le acompañarían hasta ponerle en lugar seguro cerca de Baza; mas que si no lo hacía, supiese que no podían dejar de pasar él y con los que él estaban por el rigor de la muerte. Diego de Mirones recibió la embajada con alegre semblante, y hizo dar de comer a dos moros que la llevaban, y sendos pares de alpargates que la pidieron; y después les respondió que él agradecía mucho a los alcaides la voluntad que mostraban a sus cosas; mas que el castillo le tenía por el marqués de Villena, a quien había escrito para ver lo que mandaba que hiciese dél; y que venida la resolución, que sería muy en breve, podría responderles con más certidumbre. Vueltos los dos moros con la respuesta, los alcaides entendieron que era dilación, y dende a dos días el Maleh y el Hanon fueron con todo el golpe de la gente sobre él; y alzando los moriscos de la villa. Le tuvieron cercado doce días; y al fin, viendo que se les defendía, y que no tenían artillería con que poderle batir, ni se podía ganar a batalla de manos, levantaron el cerco y fueron sobre Tahalí, lugar de don Enrique Enríquez; y alzándose los moriscos del lugar, cercaron y combatieron el castillo, donde estaba don Álvaro de Luna, vecino de Bazar, con cincuenta soldados. Lo primero que hicieron fue acometer el reducto o rebelión, y picándole, hicieron un portillo, y entraron dentro, y sacaron dos caballos que estaban en una caballeriza. Luego enviaron a requerir al alcaide que se rindiese, diciendo que por ser aquel lugar de don Enrique Enríquez harían todo buen tratamiento a los que estaban dentro con él, y los dejarían ir libremente con sus armas y bienes muebles donde quisiesen; y aunque sobre esto hubo demandas y respuestas, estando el alcaide suspenso entre temor y esperanza, al fin aceptó el partido con que le diesen solos dos días de término, y los moros alzaron el cerco. Esto hizo don Álvaro de Luna contra la voluntad de un morisco llamado Juan Alguacil y de un hijo suyo, de los más ricos de aquel lugar, que se habían recogido con él en el castillo; los cuales le requirieron que no lo rindiese, porque ellos se ofrecían a defenderle con la gente que allí había, mas no le pudieron convencer, antes se enojó con ellos y los metió en una mazmorra, y dentro del término que los alcaides le habían dado salió dél con todos los soldados y cinco mujeres vestidas en hábito de hombres, y se fue a la ciudad de Almería. Los moros entraron en el castillo, y hallando en la mazmorra aquellos dos moriscos los sacaron fuera y los ahorcaron luego, no sin grandísima nota del que los había dejado allí. Certificáronnos personas que dijeron haberse hallado presentes, que murieron cristianos, diciendo que morían por no ser traidores a Dios ni al Rey. Ganado el castillo de Tahalí, los moros pasaron a Cantoria, y teniendo cercada aquella villa solo un día, se les dio, porque eran todos los vecinos moriscos. Y por esta orden fueron levantando todos los otros lugares del río, excepto a Oria, las Cuevas a Serón, que se defendieron los castillos por entonces.

Transcripción del capítulo XXV del libro “Historia de la rebelión y castigo de los moriscos del Reino de Granada”, de Luis del Mármol Carvajal, historiador español.

Hemos respetado la ortografía y sintaxis del original.

Libro sexto – Capítulo XXVI

Cómo los moros volvieron a cercar el Castillo de Serón, y yendo a socorrerle don Alonso de Carvajal, se le mandó que no fuese, y se volvió a su villa de Jódar

Queriendo pues Aben Humeya acabar de ocupar todos los lugares del río de Almanzora para hacer la guerra por aquella parte, recogió el mayor número de gente que pudo, y se fue a poner en la sierra de Bacares, y desde allí envió un alcaide, llamado el Mecebe, sobre el castillo de Serón; el cual le cercó con cinco mil moros, a 10 días del mes de junio deste año, con grandes regocijos y algazaras. El alcaide Diego de Mirones envió luego un soldado a Baza para que desde allí se diese aviso a su majestad y a don Juan de Austria del estado en que estaba; el cual salió de parte de noche, y pudo hacer el efeto a que iba sin que los moros se lo estorbasen. Mas ya en este tiempo don Juan de Austria sabía por algunas espías como los moros se aprestaban para ir sobre el castillo, y se había tratado del remedio, y tomádose resolución en el Consejo en que convendría que fuese a socorrerle suficiente número de gente, por si fuese menester pelear con el enemigo en campaña; y porque no la había de ordenanza que pudiese ir con la brevedad que el negocio requería, acordaron de cometerlo a don Alonso de Carvajal, señor de Jódar, encargándole que juntase el mayor número de gente que pudiese de sus deudos, amigos y vasallos, y hiciese aquel socorro. Este acuerdo había sido muy acertado, si otra provisión no lo interrompiera; porque su majestad, siendo avisado del cerco, escribió aquellos mesmos días al marqués de los Vélez que procurase socorrer aquella fuerza, pareciéndole que por tener su campo junto en Adra, nadie lo podría hacer con más brevedad. El aviso desta orden llegó a don Juan de Austria a tiempo que don Alfonso de Carvajal iba la vuelta de Baza con mil y quinientos arcabuceros y ciento y cincuenta caballos, y muchos caballeros y hijosdalgo de Úbeda y Baeza, amigos y allegados de su casa. Y casi a un mesmo tiempo, estando un día don Juan de Austria con los del Consejo, le llegó un correo con carta del marqués de los Vélez, en que decía que habiéndole su majestad cometido el socorro del castillo de Serón, y viendo cuán malo lo podía hacer, por la distancia que había desde Adra, le había parecido que podría ir a hacerlo en su lugar una de tres personas, Juan Rodríguez de Villafuerte Maldonado, corregidor de Granada, don Luis de Córdoba, o don Rodrigo de Benavides, con mil y quinientos infantes y trecientos caballos, que era número suficiente y necesario para aquel efeto. Esta carta puso en confusión a los del Consejo por el inconveniente que traía, y estuvieron suspensos, no se determinando si pasaría adelante don Alonso de Carvajal con la orden que llevaba de don Juan de Austria, o si se le mandaría que parase. Luis Quijada decía que no se debía hacer otra provisión sobre la que su majestad había hecho en el marqués de los Vélez; el Presidente porfiaba que la que don Juan de Austria había hecho en don Alonso de Carvajal, pues el Consejo supremo no proveyera lo contrario si supiera lo que él tenía proveído, era la que se había de guardar, porque tenía poder y facultad para poderlo hacer, como capitán general; mayormente que se había de mirar el inconveniente que se presentaba de perder aquel castillo con cualquiera dilación, poniendo ejemplo en que en tiempo del emperador don Carlos, habiendo él mesmo proveído la plaza de maese de campo del tercio de Nápoles, que estaba vaca, en un caballero particular, teniéndola proveída el visorrey don Pedro de Toledo en otro, se había determinado que la provisión del Visorrey se había de cumplir, pues siendo capitán general, había podido proveerla. Deste parecer, fueron la mayor parte del Consejo; mas don Juan de Austria se arrimó a lo que Luis Quijada decía, y se resolvió en que don Alonso de Carvajal se volviese, porque llegó luego otra carta del marqués de los Vélez, avisando como, por parecerle que había dificultad en ir a hacer aquel socorro uno de los tres caballeros que había señalado, lo había cometido a don Enrique Enríquez, su cuñado, que estaba más a la mano en Baza. Toda esta diligencia que el marqués de los Vélez hacía, se entendió que era para deshacer la provisión de don Alonso de Carvajal, de que ya estaba avisado, queriendo enviar persona de su mano. Era el marqués de los Vélez valeroso y esforzado caballero y muy discreto; mas no se podía determinar cuál era en él mayor extremo, su esfuerzo, valentía y discreción, o la arrogancia y ambición de honra, acompañada de aspereza de condición, a que demasiadamente era inclinado. Volviendo pues a nuestra historia, don Juan de Austria escribió luego a don Alonso de Carvajal, mandándole que en el lugar que le alcanzase aquella carta parase y se volviese a su casa, y agradeciese de su parte a la gente que llevaba la voluntad con que se había movido a hacer aquella jornada, la cual convenía que parase por algunos respetos que había parecido al Consejo; y alcanzándole el correo en Cúllar, una legua antes de llegar a Baza, se volvió bien desgustado, por no dejarle llegar a hacer el efeto para que había salido. Dejemos agora el socorro deste castillo; que hubo hartas controversias en él, por encontrarse las dos provisiones, y vamos a echar los moriscos del Albaicín de Granada; cosa en que hacían grandísima instancia el Presidente y el duque de Sesa; pareciéndoles que aquella gente no era de provecho, y podría ser muy dañosa teniéndola en la ciudad.

 

Transcripción del capítulo XXV del libro “Historia de la rebelión y castigo de los moriscos del Reino de Granada”, de Luis del Mármol Carvajal, historiador español.

Hemos respetado la ortografía y sintaxis del original.

Libro sexto – Capítulo XXVIII

Cómo don Enrique Enríquez envió a don Antonio Enríquez, su hermano, en socorro del castillo de Serón, y los moros le desbarataron

 

En este tiempo los moros apretaban reciamente a los cristianos que tenían cercados en el castillo de Serón; y don Juan de Austria, siendo avisado que don Enrique Enríquez estaba mal dispuesto, y que no podía ir a hacer aquel socorro por su persona, como el marqués de los Vélez decía, acordó de enviar a ello a don Luis de Córdoba, uno de los tres caballeros que  había señalado al principio; y mientras se aparejaba la gente que había de ir, y se daba orden en las cosas necesarias para la jornada, envió delante al capitán Antonio Moreno; el cual adoleció en Baza, de cuya causa se procedió en el socorro más lenta y espaciosamente de lo que convenía, y sucedieron los inconvenientes que adelante diremos; porque viéndose el alcaide Diego de Mirones en grandísimo trabajo por la falta de agua para tanta gente como tenía dentro, a culpa de los mesmos soldados y vecinos, que por ocuparse en robar las casas del lugar cuando se fueron los moriscos, no habían querido henchir el aljibe, que les fuera de más provecho que los viles despojos que metieron en el castillo, hizo que se descolgasen por el muro de parte de noche tres soldados grandes arábigos, y les mandó que lo más encubiertamente que pudiesen pasasen por el campo de los enemigos cada uno por su parte, y fuesen a dar aviso a la ciudad de Baza del estado en que le dejaban, y dijesen a don Enrique Enríquez que le enviase socorro; y que de vuelta procurasen traer alguna pólvora a cuestas, como mejor pudiesen; avisándoles que cuando tornasen, si viesen que no podían llegar al castillo con seguridad, hiciesen una ahumada de día en el cerro del Javea, que está dos leguas de Serón a la parte de Baza; y si les respondiesen a ella desde la torre del homenaje, llegasen; y si no, se volviesen. Salieron estos tres soldados del castillo, de la manera que hemos dicho, día de San Pedro, a 29 de juno, y fueron tan venturosos, que pasaron por medio del campo de los moros sin ser conocidos, y llegaron a Baza y dieron su recaudo a don Enrique; el cual no fue a hacer el socorro, por estar enfermo, ni lo envió por entonces, porque no tenía cantidad de gente para ello y estaba aguardando que le viniese de fuera; y haciendo dar a cada uno dellos un zurrón de pólvora, los despidió, mandándoles que dijesen al alcaide Mirones que con mucha brevedad le socorrería, y que se entretuviese lo mejor que pudiese. Sucedió pues que los moriscos que moraban dentro la ciudad de Baza vieron los tres soldados, y supieron lo que iban a tratar, porque tenían espías dentro de la casa del proprio don Enrique; y para dar aviso a los moros tomaron las señas dellos, y despacharon un morisco al alcaide Mecebe, avisándole que si acudiesen al campo, tuviese cuenta con prenderlos; el cual usó de un ardid de guerra que le pudiera aprovechar, y fue mandar que algunos moros aljamiados se llegasen a castillo, y dijesen como los tres cristianos que habían enviado a Baza eran muertos, y diesen las proprias señas que tenían, y les persuadiesen a que se rindiesen, pues ya no tenían remedio, sino que se habían de perder. Mas los cercados entendieron luego que no era verdad lo qué decían, porque los soldados habían hecho la ahumada que se les había mandado en el cerro del Javea, y no les habían respondido, y entendieron claramente que se habían vuelto a Baza, conforme a la orden que llevaban; antes tomaron alguna manera de consuelo, por entender que habrían pasado a dar su recaudo. No mucho después don Enrique acordó de enviar el socorro con don Antonio Enríquez, su hermano, aunque fue muy flaco, porque no llevó más de quinientos arcabuceros y sesenta caballos, con orden que entrase por el paraje de Lúcar, que cae tres leguas de Serón en el mesmo río. Con esta gente llegó don Antonio Enríquez a Lúcar, y hallando solas las mujeres en las casas, y doce moros que se habían hecho fuertes en el castillo, no quiso detenerse en combatirle; antes viendo que hacían grandes ahumadas, apellidando la tierra, y entendiendo que se juntaría mucha gente contra él, dio vuelta hacia Baza sin llegar a Serón; y no se engañó mucho, porque el Mecebe con toda su gente acudió luego a las ahumadas. Y estando en el cortijo del Jauca, que apenas acababan de llegar a él, dieron sobre ellos; y hallándolos desapercebidos, con improviso acometimiento los desbarataron; y matando más de docientos soldados, pusieron los demás en huida; y cargados de armas y despojos, volvieron aquel día a Serón, haciendo grandes alegrías por la vitoria. Luego envió el Mecebe un recaudo a Mirones, diciendo que no porfiase más en su vana defensa, que le había de aprovechar poco, porque le hacía saber como todos los cristianos que iban a socorrerle eran muertos, y ofreciéndole cualquier partido que pidiese si determinaba de entregarle aquel castillo.

 

Transcripción del capítulo XXVIII del libro “Historia de la rebelión y castigo de los moriscos del Reino de Granada”, de Luis del Mármol Carvajal, historiador español.

Hemos respetado la ortografía y sintaxis del original.

Capítulo XXIX

Cómo Diego de Mirones salió a buscar socorro, y fue preso, y los cercados rindieron el castillo de Serón

Entendiendo pues los cercados que debía de haber alguna rota de nuestra parte, porque la pólvora con que los moros tiraban era de mejor respuesta que la con que habían tirado hasta allí, así por esto, como por ver los grandes regocijos que por todo el campo hacían, comenzaron a desmayar; y estando en gran confusión, vieron asomar cincuenta de a caballo, que don Enrique enviaba a que diesen vista al castillo desde lejos para entretener a los cercados en esperanza, mientras llegaba don Luis de Córdoba con la gente que iba de Granada; porque tenía aviso que le enviaba don Juan de Austria a hacer aquel socorro. Estos caballos los pusieron en mayor confusión, porque como dieron luego la vuelta sin llegar al castillo, entendieron que iban huyendo. Creciendo pues cada hora el temor y la falta del agua, que los aquejaba mucho, Diego de Mirones determinó de salir en persona con treinta arcabuceros de parte de noche, y rompiendo por medio del campo de los enemigos, ir a buscar socorro antes que la gente pereciese de sed. Con este acuerdo salió, y arcabuceándose con los moros, pasó por todos ellos sin perder hombre; y pusiéranse en salvo con mucha facilidad si los soldados, que iban muertos de sed, no se detuvieran tanto en el río bebiendo, que los moros tuvieron lugar de alcanzarlos; los cuales tomándoles los pasos por diferentes partes, siguiendo el rastro de las cuerdas que llevaban encendidas, dieron con catorce dellos, y los mataron; los otros diez y seis pudieron salvarse con la escuridad de la noche, y llegaron otro día a Baza. Diego de Mirones, que iba a caballo, anduvo toda la noche perdido de un barranco en otro, con un solo mozo que le pudo seguir; y como no era prático en la tierra, después de cansado de dar vueltas, dejó ir el caballo por donde quiso; y cuando creyó estar cerca de Canilles, en la hoya de Baza, se halló en las viñas de Serón, porque como el caballo había sido criado en aquel lugar, volvió a la querencia. Y descubriéndole  los moros que estaban en las atalayas, bajaron a él y le tomaron los pasos; y al fin, no se pudiendo menear ya el caballo de cansado, le prendieron. Con esta prisión fueron los enemigos muy alegres, porque entendieron que se les entregarían luego los cercados; y llevándole a la tienda del Mecebe, donde estaba también el Maleh, que había venido aquellos días al campo, trataron con él que si hacía que los cristianos rindiesen el castillo, les darían libertad a él y a cuantos había dentro, chicos y grandes, hombres y mujeres, con que dejasen las armas y no llevasen consigo más de cada ocho reales; y entre ruego y amenazas le dijeron que si no lo hacían, le darían cruelísima muerte. Viéndose Diego de Mirones preso, y sabiendo el trabajo que había dentro del castillo, y cuán mal se podía ya sustentar, creyendo que los moros cumplirían su palabra, tuvo este medio por razonable; y llevándole maniatado a una casa junto a la puerta del castillo, llamó a González, su escribano, y a otros cristianos por sus nombres, y les dio cuenta de su desventura, y les rogó que saliese uno dellos debajo de seguro a tratar de partido, porque los alcaides le hacían tal, que le parecía que no era de desechar. Luego salió el escribano, y con él otros tres cristianos, que hicieron sus capitulaciones con los alcaides de la manera que dijimos, con aquellas condiciones; y a 11 de julio deste año de 1569 entregaron el castillo a los moros; mas los enemigos de Dios no les guardaron nada de cuanto les prometieron, porque tomaron las mujeres y niños por esclavos, y mataron cruelmente todos los hombres, y entre ellos dos clérigos de misa, y cuatro mujeres viejas. Y como dijese un moro vecino de Serón al Maleh que cómo permitía que se hiciese un tan mal hecho como aquel, mostró una carta de Aben Humeya, por la cual le mandaba que no diese vida a cristiano que pasase de doce años, y que luego le enviase a Diego de Mirones y a todas las mujeres a Bacares. Mataron este día ciento y cincuenta cristianos, y fueron captivas ochenta mujeres. Otro día siguiente llegaron a vista de Serón don Antonio Enríquez y el capitán Antonio Moreno, que llevaban la vanguardia del socorro; y hallando las calles llenas de cuerpos de cristianos muertos y el castillo ocupado de moros, se volvieron; y lo mismo hizo don Luis de Córdoba desde el camino, cuando supo que era perdido Serón.

 

Capítulo VII

Cómo don Juan de Austria fue a reconocer a Serón y los moros le desbarataron, y la muerte de Luis Quijada

La propria noche que don García Manrique volvió a Canilles, se tomó resolución de que fuesen a reconocer a Serón dos mil arcabuceros escogidos y docientos caballos, porque convenía mucho entender bien la disposición que había, para cercar la villa de manera que no le pudiese entrar socorro, y que los cuarteles se pudiesen socorrer los unos a los otros cuando fuese menester; cosa que dificultaban mucho todos los que habían estado en aquel pueblo, diciendo que era tierra muy quebrada, y que por haber falta de agua en algunas partes, no se podía bien cercar. Don Juan de Austria quiso ir personalmente con esta gente, y acompañado del comendador mayor de Castilla y de Luis Quijada y de otros caballeros y gentileshombres de su casa, partió del lugar de Canilles a las nueve de la noche. Llevaba tres compañías de caballos, una del duque de Medina-Sidonia, cuyo capitán era Francisco de Mendoza, vecino de Gibraltar; otra de la ciudad de Jerez de la Frontera, que llevaba don Luis de Ávila, por indisposición de don Martín de Ávila, su hermano, que era el capitán; y la tercera del adelantamiento de Cazorla, y capitán della Hernando de Quesada. Con la infantería iban el maese de campo don Lope de Figueroa, y don Miguel de Moncada, y Juan de Espuche, y otros capitanes y gentileshombres de cuenta. Caminando pues toda aquella noche sin parar, a la hora que amanecía se emboscó la infantería en unas quebradas que están antes de llegar a Serón en la propria falda de la sierra; y pasando adelante don García Manrique con cien lanzas de la compañía del duque de Medina, se le dio orden que entrase al galope por el río abajo, dando muestra a los enemigos que iba a reconocer la villa, porque si hubiese algunos moros emboscados, saliesen a él; el cual llegó desta manera hasta la empalizada que dijimos; y viendo que no salía nadie, volvió hacia donde había dejado la otra gente. Viendo pues don Juan de Austria que los moros no habían salido como la otra vez, mandó a don Francisco de Mendoza que con sus cien lanzas y algunos caballos más fuese por el río abajo, y se pusiese de la otra parte de Serón en el paso por donde podían venir moros de Tíjola y de Purchena. Y haciendo de la infantería dos escuadrones, el uno dio a Luis Quijada para que fuese por la ladera de la mano derecha del río, y con él Juan de Espuche; y el otro dio al comendador mayor de Castilla para que fuese ocupando la otra parte del río hacia la mano izquierda, y con él don Lope de Figueroa; y por el lecho del río mandó ir la gente de a caballo con su guión, quedándose él con los alabarderos de la guardia y algunos gentileshombres, y obra de cien soldados en un cerro que descubría toda aquella tierra; porque el Comendador mayor y Luis Quijada no le consintieron pasar adelante, hasta que se entendiese que estaba todo el río seguro de emboscada, y que podría llegar cerca de la villa sin peligro de su persona, que era lo que más se procuraba. Con esta orden caminó toda la gente, y comenzando los moros a hacer ahumada, acudieron muchos de todos aquellos cerros con sus banderas; y así los de Serón como los que venían de otras partes, poniéndose en los recuestos, comenzaron a tirar de mampuesto con las escopetas a la gente de a caballo que iba por medio del río; de cuya causa mandó don Juan de Austria que se subiese su guión donde él estaba, porque recebían daño los que le acompañaban, tirándoles los enemigos como a terrero. Tello González de Aguilar, que iba esta jornada con solos cuatro escuderos de su compañía cerca de la persona de don Juan de Austria, y acompañaba el estandarte, con otros caballeros y gentileshombres, pasaron adelante, y fueron a juntarse con el escuadrón de Luis Quijada, que marchaba poco a poco buscando lugar dispuesto para poder acometer a los moros, que ocupaban las cumbres de aquellos cerros; el cual llegando en el paraje de una atalaya antigua, que estaba frontero de la villa en un cerro antes de llegar al camino que sube del río, repartió la gente en dos partes: la una dio a Tello González de Aguilar para que subiese derecho a la torre; y con la otra subió él por cerca del camino que va a Serón. Y subiendo animosamente los soldados escaramuzando con los enemigos, fueron retirándolos hasta la propria villa; y no osándolos tampoco aguardar allí, la desampararon, y se subieron a una sierra alta que está por cima de las casas. Las moras corrieron luego a meterse en el castillo, donde estaban muchos moros, que no cesaban de hacer ahumadas llamando socorro. A este tiempo llegó la gente del escuadrón que llevaba don Lope de Figueroa, y entrando los soldados por las casas, comenzaron a desmandarse, y algunos fueron por las calles hasta llegar a las puertas del castillo y captivaron muchas moras de las que iban a meterse dentro; y muchos cudiciosos, teniendo más cuenta con el interese que con la honra de la nación, se encerraron en las casas para guarecer la presa que habían ganado. Mientras esto se hacía, el Comendador mayor y Luis Quijada comenzaron a reconocer la villa, y andando mirando la disposición de aquella tierra, se descubrieron más de seis mil moros, que   —316→   acudieron a las ahumadas de Tíjola y de Purchena y de los otros lugares del río, con Hernando el Habaquí y el Maleh y otros capitanes moros; los cuales llegaron donde estaba el capitán Francisco de Mendoza a tiempo que la mayor parte de los escuderos se le habían ido a saquear las casas de la villa; y no se hallando poderoso para resistir a tan gran golpe de enemigos, comenzó a retirarse, tocando arma, por el río arriba. El Comendador mayor y Luis Quijada enviaron a don Miguel de Moncada con cantidad de caballos y de infantes a que le socorriese y reforzase la guardia de aquel paso; mas ya cuando llegó era tarde, porque encontró los caballos que venían retirándose a más andar; y los unos y los otros se retiraron, dejando libre el paso a los enemigos. A esto acudió luego el Comendador mayor en persona, y con mucha brevedad y presteza hizo un cuerpo de los soldados y caballos que pudo recoger, donde se favorecieron los que venían desmandados. Por otra parte los moros, hallando el paso desocupado, subieron hacia Serón; y juntándose con ellos los que habían salido huyendo de la villa, entraron por la parte alta; y hallando a nuestra gente desordenada, ocupados los soldados en robar, mataron muchos de los que se les opusieron; otros arrojaron vilmente las armas y dieron a huir, no siendo parte los más animosos para detenerlos. Don Lope de Figueroa fue herido de un escopetazo en un muslo; y matáranle si los escuderos de Écija no le retiraran. Estos escuderos libraron también al compañero, que los turcos de a caballo habían captivado y le tenían en una mazmorra. Fue tanto el temor y poca vergüenza de algunos soldados este día, que pareció ira del cielo, porque sin aguardarse unos a otros, no sabiendo por dónde poner las espaldas a los enemigos huyendo, ni por dónde el pecho peleando, iban de corrida hasta el río un buen cuarto de legua, y aun allí no se tenían por seguros. En tanta desorden don Juan de Austria bajó del cerro donde estaba, y acudió animosamente a mostrarse a nuestros cristianos, para que hiciesen rostro, o a lo menos se retirasen con orden, diciéndoles: «¿Qué es esto, españoles? ¿De qué huís? ¿Dónde está la honra de España? ¿No tenéis delante a don Juan de Austria, vuestro capitán? ¿De qué teméis? Retiraos con orden, como hombres de guerra, con el rostro al enemigo, y veréis presto arredrados estos bárbaros de vuestras armas». Con estas y otras palabras animaba y recogía los soldados, metido en el común peligro, porque los moros crecían, yendo siempre ejecutando su vitoria. Este día, andando Luis Quijada recogiendo la gente y poniéndola en escuadrón, fue herido de un escopetazo en el hombro, que le entró la pelota en lo hueco; y don Juan de Austria mandó retirarle luego y que Tello González de Aguilar con los caballos de Jerez de la Frontera le llevase a curar a Canilles; y con toda la otra gente se fue retirando lo mejor que pudo con grande ejemplo de su invicto valor, acudiendo a todas las necesidades con peligro de su persona, porque le dieron un escopetazo en la cabeza sobre una celada fuerte que llevaba, que a no ser tan buena, le mataran. Finalmente los moros, habiendo seguido más de un cuarto de legua a nuestros cristianos y hecho poco daño en la retaguardia, se volvieron aquella noche a Serón, y don Juan de Austria pasó a Canilles. Hubo algunos soldados de los que entraron en la villa, que no se pudiendo retirar, se hicieron fuertes en las casas y en las iglesias, y pelearon tres días con los moros, defendiéndose hasta que les pegaron fuego y los quemaron dentro. Murieron este día seiscientos hombres de nuestra parte y de los enemigos hubo fama que cuatrocientos, y hubo muchas moras captivas. Perdimos con la reputación más de mil arcabuces y espadas. Teniendo ganada la villa, los moros quedaron ufanos por aquella vitoria, y hicieron grandes regocijos. Estuvo nuestro campo algunos días en Canilles; y en este tiempo murió Luis Quijada de la herida, cuya muerte sintió don Juan de Austria tiernamente, porque era muy buen caballero, y había servido al Emperador su padre desde niño, y halládose con él en todas las ocasiones de las guerras que se le habían ofrecido, y por la mucha confianza que de su virtud tenía, se lo había encomendado y lo había criado desde su niñez, cuando aun no sabía cuyo hijo era, y así le llamaba tío, y él a él sobrino. La nueva deste suceso tuvo su majestad en Córdoba por carta de don Juan de Austria de 19 de febrero, dándole cuenta como por la desorden de los soldados se había dejado de ganar la villa de Serón, y pidiendo mayor número de gente con que poder proseguir adelante; y luego se despachó correo a las ciudades de Úbeda y Baeza y Jaén, por donde habían de pasar dos mil infantes que iban de Castilla y del reino de Toledo, con orden que donde quiera que los alcanzase, parasen; y dejando de ir a Granada, como les había sido ordenado, fuesen al campo de don Juan de Austria. Y al duque de Sesa se le escribió que le enviase el mayor número de gente que pudiese, quedando él proveído de manera que por falta della no dejase de hacer los efetos que se pretendían por aquella parte; encargándole brevedad en su entrada en la Alpujarra, por ser cosa que daría mucho calor a lo que don Juan de Austria había de hacer en el río de Almanzora. Mas ya cuando le llegó este mandato había salido de Granada, y estaba recogiendo su campo en el lugar del Padul, como diremos en el siguiente capítulo. Dejemos agora a don Juan de Austria rehaciendo su campo, y vamos a lo que se hizo en este tiempo a la parte de Granada.

 

Libro Octavo – Capítulo XI

Cómo don Juan de Austria fue sobre la villa de Serón y la ganó

 

Cuando don Juan de Austria hubo reforzado su campo en Canilles de Baza, donde estuvo algunos días, y proveídose de bastimentos, artillería y municiones para ir al río de Almanzora, sabiendo que ya el duque de Sesa había salido de Granada con el otro campo, partió de aquel alojamiento con ocho mil infantes y quinientos caballos. La primera jornada que hizo fue a la Fuen Caliente, y a la hora que llegó, que sería a vísperas, mandó a Tello González de Aguilar que con los caballos de su cargo diese vista a Serón desde unos cerros que están de la otra parte del río por frente de la viña, y que no se quitase de allí hasta que el campo estuviese alojado. Los moros pensaron hacer lo que la vez primera, y en descubriendo la caballería salieron huyendo la vuelta de la sierra para aguardar el socorro y volver a dar sobre nuestra gente; mas como vieron que no iba nadie a ocupar la villa, volvieron aquella noche a meterse dentro. Otro día de mañana marchó nuestro campo en su ordenanza por el río abajo, llevando la vanguardia de la infantería el capitán Antonio Moreno con el tercio de su cargo, y la caballería delante; y como los enemigos entendieron que se les iba a poner cerco de propósito, no se asegurando en la villa ni en el castillo, le pusieron fuego de parte de noche; y dejándole ardiendo, tornaron a subirse a la sierra, como de primero. Viendo pues don Juan de Austria que el castillo ardía, y entendiendo que los moros le habían desamparado, mandó a Tello González de Aguilar que fuese a ponerse en el proprio paso donde había estado Francisco de Mendoza, y a don García Manrique que con mil y quinientos arcabuceros tomase lo alto de la sierra sobre la villa a la parte de Tíjola, que eran los pasos por donde los moros habían de entrar con el socorro. Habíanse recogido a las almenaras que toda la noche habían hecho los de Serón, más de siete mil moros en Purchena, donde había venido Hernando el Habaquí; y al tiempo que nuestra gente caminaba la vuelta de la villa, comenzaron a descubrirse como venían el río arriba puestos en sus escuadrones, con sus banderas tendidas, tocando sus atabalejos y dulzainas, a manera de representación de batalla. Don Juan de Austria envió luego a don Martín de Ávila que fuese a reconocerlos con las cien lanzas que servía Jerez de la Frontera; el cual los reconoció, y refirió que era mucha gente, y que le parecía traer determinación de pelear. Entonces mandó cesar el alojamiento, y ordenó sus escuadrones y exhortó los capitanes y soldados; y apeándose del caballo, se puso en la vanguardia delante del escuadrón de la infantería. El Habaquí traía la vanguardia de su campo con ochenta caballos, y luego seguía un escuadrón de infantería a veinte y cinco por hilera, puestos en tan buena orden como si fueran soldados muy práticos, y dos mangas de escopeteros sueltas, que fueron acercándose hacia nuestra caballería, tirando con las escopetas para provocar a que los nuestros hiciesen algún acometimiento desordenadamente. Y hiciérale Tello González de Aguilar si don Juan de Austria quisiera darle licencia para ello; el cual le mandó que se estuviese quedo; y haciendo apartar el escuadrón de la vanguardia sobre mano izquierda para que pudiese tirar la artillería contra los enemigos, bastó aquello para que dejasen el camino que llevaban y tomasen la vuelta de la sierra hacia donde don García Manrique estaba; y cargándole con grandísima furia, comenzaban ya nuestros soldados a aflojar y muchos dellos a huir; y perdiéranse todos si don Juan de Austria viendo ir al enemigo la vuelta dellos, no enviara dos mil arcabuceros en su socorro, los cuales reforzaron la pelea por nuestra parte cargando animosamente a los enemigos, que firmes se sustentaron más de una hora. En este tiempo mandó don Juan de Austria a Tello González de Aguilar que con sus cien lanzas subiese la sierra arriba, y con él dos adalides que guiasen, porque era tan fragosa, que apenas parecía poderla hollar caballos: tardó en subir más de media hora por la parte hacia donde nuestra gente peleaba; y cuando llegó arriba no llevaba más de cuarenta caballos con su estandarte, porque no le habían podido seguir los otros. Y siendo a tiempo que don García Manrique tenía frente a los enemigos y los comenzaba a arrancar con la gente del socorro, hizo tocar las trompetas y los acometió. Fue tanta la turbación de los moros en ver caballería donde entendían que no podía subir, que perdiendo la furia y el ánimo juntamente, dieron a huir. Siguiose el alcance por nuestra parte, matando y hiriendo muchos dellos, y prendiendo algunos, les tomaron siete banderas, y el Habaquí, dejando muerto el caballo, se escapó huyendo a pie. Habida esta vitoria, la villa y el castillo quedó por nosotros: alojose nuestro campo en unas viñas junto al río, y mandose a los gastadores que terrasen los cuerpos de los cristianos muertos, que aun estaban tendidos por aquellos campos desde la rota pasada. Detúvose don Juan de Austria allí algunos días, porque comenzaban a faltar los bastimentos para ir adelante, mandándome a mí que fuese a las ciudades de Úbeda y Baeza y al adelantamiento de Cazorla a proveer el campo, como lo hice. Y cuando fue tiempo, partió sobre Tíjola, dejando de presidio en Serón al capitán Antonio Sedeño con cuatro compañías de infantería y una de caballos para asegurar las escoltas, y en el castillo a Cristóbal Carrillo, criado del marqués de Villena, con docientos soldados que había enviado a su costa para aquel efeto. Vamos a lo que en este tiempo hacia el duque de Sesa.

 

Transcripción del Capítulo XI del libro Octavo “Historia de la rebelión y castigo de los moriscos del Reino de Granada”, de Luis del Mármol Carvajal, historiador español. Se ha respetado la ortografía y sintaxis del original.

 

EL PASADO DE NUESTRA VÍA VERDE DEL HIERRO

Las grandes compañías ferroviarias actuaron tardíamente en el sureste de la península. Así pues, entre las provincias de Murcia y Granada existía un gran vacío en lo que a servicios ferroviarios se refiere. En 1864, una comisión de ingenieros de caminos nombrada para elaborar un plan de ferrocarriles había propuesto la realización del citado trayecto. El 21 de junio de 1887, se transfieren las concesiones de la línea Murcia – Granada.

El municipio de Serón contemplaba una distancia de línea de 12,5 Km, el cual, atravesaba todo el término municipal. La cual fue inaugurada a finales del año 1894, por el que el 10/09/1894 se inauguró el tramo Purchena-Serón y el 11/12/1894 el tramo Serón-Baza.

A pesar de que la minería en el Valle del Almanzora no se había desarrollado en el momento del nacimiento del ferrocarril, y más aún,  ni siquiera se tenía constancia de la riqueza de los yacimientos, parece claro que uno de los mayores intereses residía en la posibilidad de transporte de minerales.

La puesta en marcha de los cotos mineros de Serón y Bacares, supuso para el ferrocarril un cambio radical pues en poco tiempo pasó de ser una lánguida línea de carácter marcadamente local a convertirse en un activo ferrocarril esencialmente industrial. Para ello hubo de dotarse de los equipos necesarios con el fin de aumentar en la medida necesaria la capacidad de transporte de línea y convertirla en un ferrocarril especializado en el transporte de mineral de hierro. Las reformas se plasmaron en las ampliaciones sufridas en las estaciones de Serón y Águilas, la construcción de los cargaderos de Los Canos, La Estación y Tesorero. En 1905 las minas de Serón y Bacares alcanzan un gran auge, por lo que fue dos años después lo que consiguió que el ferrocarril se hallaba en plena efervescencia minera.

Una vez llegada la Guerra Civil el Gobierno Republicano creó el Comité Nacional de Ferrocarriles que mas tarde pasó a llamarse Red Nacional de Ferrocarriles, antecedente inmediato del acrónimo RENFE. Concluida la guerra la intervención estatal sería decisiva en todos los terrenos.

El tráfico de minerales continuó llevándose a cabo aunque la actividad extractiva fue desapareciendo en parte de los cotos que anteriormente utilizaban el ferrocarril. El último cargadero de minerales que prestó servicio fue el de Los Canos, y que dejó de funcionar en 1.969. Años antes habían parado los cargaderos de la Bda. de la Estación. Una vez revisado el coste que generaba el mantenimiento de la línea Guadíx-Almendricos y viendo que era deficitaria y a pesar de las protestas populares fue cerrado el tráfico a partir del 01 de enero de 1985.

LOS HACHOS Y LA FESTIVIDAD DE SANTA LUCÍA

La festividad de Santa Lucía se celebra el 13 de Diciembre y proviene de una fiesta pagana, la del solsticio de invierno, por lo tanto el día más corto del año, pero en la edad media es retrasada y por esta razón en la actualidad la celebramos en esta fecha.

Santa Lucía nace en Siracusa (Sicilia) y se atribuye como patrona de los ciegos, representándose con una bandeja y dos ojos encima de ella.

La fiesta de Santa Lucía tiene mucho arraigo en Serón y se celebra el día 13 independientemente del día de la semana que sea.

Unas semanas antes de su celebración, los niños del pueblo buscan ramas, muebles viejos… y todo lo sea susceptible de ser quemado y lo amontonan en los lugares donde se les va a pegar fuego.

¡Importante! alguien debe de vigilar, pues unos “se quitan” la leña a otros y si esto no se hace la fiesta carece de gracia.

La quema de la iluminaría se realiza cuando todos los vecinos se han reunido en torno a ella. Para animar el ayuntamiento entrega a cada lumbre inscrita, vino, pan, embutidos, refrescos, caramelos para los niños…

La fiesta comienza y son imprescindibles los hachos, que son movidos por los niños en círculo y que va a acompañado de una cancioncilla:

“Hacho, reahacho

fuma tabaco

no fumes más

que te vas a emborrachar”

Para que la tradición de los hachos no se pierda, la Asociación de Mayores y la Asociación de Padres y Madres de Serón se fue al campo, concretamente al polvorín, a recoger el esparto para posteriormente realizar los hachos.

Parece fácil hacer un hacho, pero no es así, los mayores nos enseñaron su arte y se lo agradecemos, pues sin su sabiduría y su paciencia con todos nosotros no hubiésemos sido capaces de realizarlos, pero por si alguien quiere practicar y tenerlo hecho para la próxima Santa Lucía voy a tratar de describir como se realizan:

 

1.- Buscar un buen atochar.

2.- Ponerse guantes, pues el esparto pincha y tiene mucha fuerza, no es fácil de arrancar.

3.- Coger reviejos (es la parte seca del esparto que se encuentra debajo de la mata).

4.- Coger esparto verde (tirar con mucha fuerza, se agarra muy bien y los mayores lo cogen ayudados por un pequeño palo donde enroscan el esparto y tiran).

5.- Hacer el hacho:

  • Juntar todos los reviejos y atarlos con el esparto verde.
  • Realizar una trenza para sujetar el hacho y poder volarlo.

6.- Ponerse ropa vieja, por si se te quema (será lo más probable).

7.- Irse a la Santa Lucia de tu barrio.

8.- Encender el hacho.

9.- Darle vueltas y cantar. (¡Ojo¡ mirar donde te pones pues siempre se suele quemar a alguien, no se si intencionadamente o sin querer).

MARIBEL GARCÍA SÁNCHEZ

admin 12 diciembre, 2013 Leave A Comment Permalink