Blog Turismo Serón

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XX SAFARI FOTOGRÁFIO SIERRA DE SERÓN

El Ayuntamiento de Serón convocaba la XX Edición del Safari Fotográfico “Sierra de Serón” durante los días 13, 14 y 15 de Mayo.

El Safari Fotográfico es un evento cultural anual que se encuentra muy consolidado, contando con gran proyección; no solo en municipios cercanos, sino también en toda la provincia y provincias cercanas, debido al aumento de aficionados a la fotografía que cada año participan y plasman en imágenes la belleza de nuestro municipio y nuestra sierra, hecho que nos permite conservar un archivo fotográfico de un inmenso valor y calidad.

Con un incremento notable de público, sobre todo en la categoría local, los participantes han llegado este año de provincias como Granada, Málaga y Almería principalmente.

En esta edición ha destacado el nivel de los reportajes presentados a concurso, incluso entre la categoría Junior, donde el jurado ha precisado de un gran esfuerzo para otorgar las clasificaciones.

De forma paralela al desarrollo del Safari, se realizaban actividades complementarias para los participantes, con el objetivo de convertir estos días en un espacio de convivencia entre los fotógrafos. Entre las actividades complementarias de esta edición, destaca el Cine Fórum “La fotografía a través del cine” realizado el sábado, y el Taller de fotografía “De la toma a la edición fotográfica” desarrollado el domingo; impartidos ambos por los fotógrafos y artistas visuales malagueños Jesús Jiménez y José Gallardo. El nivel de participación en las actividades complementarias ha sido bastante alto y se ha respirado un clima muy bueno entre los participantes.

La temática del Safari de este año, que se daba a conocer al comienzo del concurso, era “Viaje a Serón”, con la intención de que los reportajes entregados para concurso contasen la “visita” de los participantes durante un fin de semana en Serón, intentando reflejar en las imágenes su experiencia personal, captando la “esencia” de nuestras gentes y las experiencias que Serón puede ofrecer. Entre los objetivos de caza se pedía la típica “postal” representada en panorámicas principalmente, fotos de “detalle” representadas en lugares o aspectos que especialmente llamaran la atención al fotógrafo, y fotos de “momentos y experiencias” representadas en imágenes de los modos de vida de la gente de aquí, la vida en la Vía Verde, autorretratos, etc.

El jurado, compuesto por los fotógrafos profesionales Jesús Jiménez y José Gallardo, el diseñador gráfico Antonio F. Lucas Martínez, y la concejal de Turismo, Carmen Cuadrado, otorgaban las siguientes clasificaciones:

 

PREMIOS CATEGORÍA JUNIOR

PRIMER PREMIO: Desierto

SEGUNDO PREMIO: Eva Camenforte Plasencia

TERCER PREMIO COMPARTIDO: Paula Anastasia Cuadrado Plasencia, Lidia Jiménez Zea, Carmen Mª López Gea, Isabel Jiménez García, e Ismael Panadero Manjavacas.

 

PREMIOS CATEGORÍA ADULTOS

PRIMER PREMIO: Raúl García de Paredes Espín

SEGUNDO PREMIO: Miguel José Ávalos González

TERCER PREMIO: Juan Carlos García Simón

 

PREMIOS LOCALES CATEGORÍA ADULTOS

PRIMER PREMIO: Jose Antonio Yélamos Castillo

SEGUNDO PREMIO: Judit Morales Navío

TERER PREMIO: Miguel Rodríguez López

 

PREMIO MEJOR FOTOGRAFÍA DEL SAFARI: Jose Antonio Yélamos Castillo

 

PREMIO MEJOR FOTOGRAFÍA OBJETIVOS DE CAZA:

PANORÁMICA DE SERÓN AL ATARDECER: Ricardo García Navarro

VIDA EN LA VÍA VERDE: Victoria Mª Castillo Carayol

GENTES DE SERÓN, MODOS DE VIDA: Juan Carlos García Simón

TEMA LIBRE: Judit Morales Navío

COMERCIOS TÍPICOS: Miguel Rodríguez López

 

Exposición Safari Fotográfico

Durante los 20 años de esta iniciativa, el Safari ha evolucionado y mejorado considerablemente, y en esta edición, al cumplirse el 20 aniversario, desde el Ayuntamiento se ha programado una exposición más amplia con imágenes de las todas las ediciones.

La entrega de premios e inauguración de la doble exposición de este año, la “Exposición del XX Safari Fotográfico” y la “Exposición del XX Aniversario del Safari” se celebraba el pasado 31 de Julio, y permanece abierta del 1 al 14 de Agosto en horario de tarde.

Este año hemos cumplido 20 ediciones de un evento que se iniciaba en el año 1997, un evento que ha ido creciendo progresivamente en participantes, en repercusión, en calidad de los trabajos presentados a concurso y en muchos otros aspectos. La exposición del XX aniversario es una muestra pequeña pero representativa de esas 20 ediciones, y en ella podemos apreciar de algún modo su evolución.

Serón ha demostrado a lo largo de estos años que es precisamente un lugar idóneo para el desarrollo de un evento así, porque ofrece innumerables paisajes, parajes, rincones,… un amplio patrimonio arquitectónico, cultural, natural,…, una tierra de contrastes, de tradiciones,…

Este evento, a su vez, ha dado un impulso indiscutible a la puesta en valor precisamente de todos esos recursos.

Ha habido muchos cambios a lo largo de estos 20 años, en cuanto a la duración del Safari, a las modalidades de premios, las categorías de participación, las temáticas, el cambio de carretes y revelado a las cámaras digitales en el X Safari,…, todas ellas orientadas a aportar una mayor calidad y oferta a este evento.

El mayor cambio sin duda se realizó al cumplir su mayoría de edad, en su décimo octava edición, con la ampliación de su duración a un fin de semana completo, la incorporación de actividades complementarias para los participantes, el establecimiento de unos “objetivos de caza” específicos en lugar de una temática general, ofrecer la posibilidad a los participantes de seleccionar sus fotografías para concurso una vez impresas, y finalizando con el veredicto del jurado.

Cambios que han sido valorados positivamente por la mayoría de vosotros, y que nos hacen pensar que vamos por el buen camino.
Desde aquí quiero dar las GRACIAS con mayúsculas a todas las personas que han hecho que el Safari Fotográfico sea hoy lo que es.

CARMEN Mª CUADRADO PÉREZ / Área de Turismo

AGOSTO 2016

admin 11 noviembre, 2016 Leave A Comment Permalink

EL PINO DORMIDO

Otra de nuestras joyas en la Sierra de los Filabres es este espécimen un tanto extraño que se encuentra en el Cerro del Escomite. En el corazón de Filabres, en una de las márgenes del cortafuegos del Cerro del Escomite a unos 1.800 m. de altura, vive aislado este ejemplar de pino de repoblación de la especie Pinus pinaster, que destaca por su inusual tronco tumbado.

No están claras las razones de por qué este pino ha crecido de esta forma tan poco habitual. Quizá lo tumbo la nieve o el viento es su juventud, quizá la distorsión de los troncos es causada por la actividad de la oruga de la mariposa Rhyacionia buoliana. Esta mariposa, en otros países, ha conseguido que bosques enteros de árboles retuerzan sus troncos, haciéndolos crecer de forma singular. Por ejemplo el Bosque de pinos en el Istmo de Curlandia, en la región de Kaliningrado, en Rusia.

El mejor modo de visitar el Pino dormido es realizar el Sendero del Escomite. Es un sendero circular de 12.4 km de largo, de dificultad media.

El recorrido parte desde las estribaciones del Collado del Conde y en su mayor parte discurre por antiguos senderos de herradura que enlazaban Poblados de la Sierra de Filabres (Los Sapos, Los Canos, Las Morcillas, Los Carrascos). El sendero nos lleva desde el Mirador del Escomite por la vertiente este del Barranco de la Olapra hasta descubrir el verdadero corazón de los Filabres.

A grandes rasgos describimos el recorrido de este modo: se inicia en la Balsa de los Carrascos y pasa por la pista forestal, el cortafuegos, llegando al mirador del Escomite (1778 m), donde las vistas del Calar y el Barranco de la Olapra son impresionantes.

Volvemos sobre nuestros pasos para regresar al cortafuegos de la Loma del Escomite y llegamos al Pino dormido, ejemplar singular, en medio del cortafuegos. de apreciar el pino, podremos disfrutar de un paisaje y vistas inmejorables.

Continuamos por el Barranco de la Olapra, que nos conduce entre encinas milenarias, pinos gigantes, fresnos, cerezos, majuelos, saucos y antiguos frutales en flor, al verdadero corazón de los Filabres. En la confluencia  de los barrancos del Negro y las Morcillas nos encontraremos con un magnifico ejemplar de encina milenaria llamada de las Elenas. Recorremos el Barranco de las Morcillas, donde su  arroyo proporciona agua a una abundante vegetación de ribera, y un buen sitio para descansar y comer algo. Desde aquí nos dirigimos, subiendo en zig-zag, a Los Carrascos y vuelta a la balsa, desde donde habíamos partido.

Para los aficionados a la botánica, mencionar que nos encontraremos conejillos (Linaria aeruginea), zapaticos de la virgen, dedalera, espino roquero, majuelo, espino albar, sauco, orejillas del diablo, lino azul, orquídea amarilla y muchas especies más.

 

¡!Buen paseo, amig@s!!

Fuentes:

http://www.enlabuhardilla.com/RutasySenderos/tabid/1030/articleType/ArticleView/articleId/985/Sendero-del-Escomite.aspx

https://hacialosalvaje.wordpress.com/2015/11/25/el-misterio-del-pino-dormido-de-filabres/

MAITE ACOSTA CHITO

AGOSTO 2016

admin 11 noviembre, 2016 Leave A Comment Permalink

CENTENARIO DE LA LLEGADA DE LA LUZ ELÉCTRICA A SERÓN

Durante el año que se nos va se han cumplido cien años de la llegada a Serón de la luz eléctrica. La persona que lo hizo posible fue D. Emilio Rodríguez Esteban (1849‐1916), quien constituye, en marzo de 1912, la sociedad anónima  La Hidroeléctrica Seronense con el objetivo de producir electricidad para abastecer a Serón y Las Menas.

También supuso que el Ayuntamiento pudiera poner en funcionamiento la Estación Telegráfica del Estado que tenía concedida desde el 9 de septiembre de 1911 por la Dirección General de Correos y Telégrafos[1].

Antes de la llegada de la luz eléctrica a Serón, el alumbrado público se realizaba mediante gas. En 1909 la concesión mediante este alumbrado la tenía D. Diego Herrerías Jiménez, por la que cobraba del Ayuntamiento la cantidad de 150 ptas por trimestre[2].

Las primeras centrales hidroeléctricas en España fueron instaladas en molinos harineros o en industrias textiles que desde mediados del XIX aprovechaban como fuerza motriz la corriente de agua de la acequia de alguna fuente o río. Hacia principios del siglo XX, se intentó aprovechar esta técnica para generar corriente eléctrica, en cantidades suficientes, para abastecer a pueblos y ciudades, mejorando la calidad de vida de sus habitantes. Los ingredientes para obtener electricidad, en nuestro caso, fueron el “salto de agua” de la Fuente Liar, turbinas y generadores. El principio es simple: El movimiento del agua que fluye o cae sobre la turbina, produce una energía cinética que trasladada al generador se convierte en energía eléctrica. Realizado este proceso, el agua se devuelve al río  o se canaliza para el riego de la vega.

En 1904, hubo un intento de traer la luz eléctrica a Serón por parte del D. Juan Martínez Canovas, director de la Sociedad Eléctrica Levantina, con sede en Águilas (Murcia). El 13 de marzo, el Ayuntamiento le concede el derecho de aprovechar las aguas de la Fuente Liar para la instalación de una fábrica de electricidad. En abril se establecen las bases para la concesión, donde se reflejan, entre otras, la protección de la fuente, en tanto y en cuanto, no sólo se utiliza para el riego sino también para abastecimiento del municipio. En este sentido, cualquier alteración del cauce podría afectar a la fuente. Entre estas bases estaban la que establecía lagratuidad del alumbrado público al municipio y la que dejaba sin efecto la concesión si en elplazo de seis meses las obras no habían comenzado[3]. Por este último motivo, el Ayuntamiento declara caducada la concesión el 25 de octubre de 1904.

Este mismo señor ya había presentado un escrito en el ayuntamiento de Huércal Overa a principios de 1903 pidiendo establecer una fábrica eléctrica para suministrar fluido para el alumbrado público y privado del pueblo. Propuesta que también quedó en nada.

Huércal Overa habría de esperar hasta 1905, cuando los vecinos Ambrosio Mena y José Ballesta Fernández, tomando en arrendamiento un salto de agua de la Sociedad Asunción, crean la sociedad anónima Hidroeléctrica Huercalense y empiezan a generar electricidad [4].

El trabajo que sigue expone la vida de La Hidroeléctrica Seronense SA desde su concepción en 1909 hasta su cierre definitivo en 1976.

EL PROYECTO Y LOS INCONVENIENTES PARA SU REALIZACIÓN

En agosto de 1909 la fábrica de hilados de lana “San Emilio”, propiedad de D. Emilio Rodríguez, situada en el paraje de La Cerrada en el Arroyo de Líar o de Las Minas, queda destruida por un incendio. De esta forma terminaban 14 años desde su fundación en 1895 sobre el molino harinero de tiempos de la Repoblación, asolado por una riada[5].

Nace entonces la idea de una fábrica hidroeléctrica.

El 19 de septiembre de 1909, en sesión extraordinaria celebrada en el Ayuntamiento de Serón, cinco concejales de los trece de que se componía el mismo, , votan favorablemente la propuesta de D. Emilio Rodríguez Estéban, a la sazón Alcalde[6] y quien levanta el acta, consistente en la derivación de las aguas del Arroyo de Líar con destino a fuerza motriz para producir energía eléctrica por medio de una presa situada aguas abajo de la fábrica de harinas de D. Enrique Nin de Cardona y Navarro , y conduciéndolas mediante un canal  provocando un salto de agua a su fábrica,  generando  suficiente fluido para abastecer de luz eléctrica a Serón y Las Menas[7].

El 4 de octubre de 1909 Enrique Nin de Cardona Navarro manifiesta a Obras Públicas que quiere aprovechar las aguas del Arroyo de Líar para poner en producción la fábrica de harinas en ruinas de su propiedad.  Con esta excusa intenta oponerse a la construcción de la Hidroeléctrica, argumentando la privacidad de parte del agua, ya que pasa obligatoriamente por su molino-fábrica[8].

El 10 de diciembre de 1909 D. Emilio Rodríguez Estéban pide permiso a Obras Públicas presentando el Proyecto pertinente realizado por el Ingeniero Industrial D. José Rodríguez Pardo en noviembre de ese año. En el proyecto se incluía una Presa situada 120 metros aguas abajo del molino-fábrica de D. Enrique Nin de Cardona con objeto de aprovechar 258 litros de agua por segundo de la Fuente de Líar. Un Acueducto para  desviar el curso del agua a la ladera izquierda hasta alcanzar una Caseta Reguladora ,con un depósito de 79 cm de altura, situada a 79,44 metros en vertical sobre los diez que ya tenía la antigua fábrica. Y un Salto de agua desde dicha caseta reguladora protegido con tubos de hierro que bajaba hasta la turbina[9].

En marzo de 1910 D. Emilio Rodríguez, como alcalde interino que era, expone el edicto en el ayuntamiento hasta el 4 de abril del mismo año (30 días preceptivos) para información de los vecinos, sin que se presentase reclamación alguna[10].

El 17 de agosto de 1910, en sesión extraordinaria presidida por el entonces alcalde D. Antonio Cano Martínez[11] y con los votos favorables de los concejales D. Amatorio Gallego, D. José Cano Rubio, D. Cipriano Yélamos Martínez, D. José Antonio Martínez Corral, Manuel Fernández Blázquez, José Gea Fernández, Antonio Castaño Corral y D. Sebastián Vargas (ocho de los trece concejales de la Corporación) deniegan el anterior permiso concedido a D. Emilio para construir la fábrica eléctrica basándose en la oposición que manifiestan los propietarios D. José Antonio Martínez Corral, D. José Herrerías Torreblanca, D. José Molina Martínez, D. Juan Cano Requena y D. Cipriano Yélamos Martínez, quienes piensan que el paso del agua por las máquinas de la futura Hidroeléctrica traería graves problemas de salud a la población de Serón[12]. Alegando además, que el anterior permiso fue concedido debido a las  coacciones por parte del anterior Alcalde, D. Emilio Rodríguez, a los cinco concejales que lo firmaron, ya que ni tan siquiera fue firmado por el Secretario del Ayuntamiento, D. Antonio López Morales[13].

La resolución del Gobernador Civil

Así las cosas, el asunto pasó a manos del Gobernador civil, D. Antonio López Pacheco, quien dictaminó que las discrepancias eran debidas a rencillas políticas entre dos bandos opuestos. Uno representado por D. Emilio Rodríguez y sus cinco concejales y el otro representado por D. Enrique Nin con sus ocho concejales[14].

En cuanto a la salubridad de las aguas, principal objeción de los vecinos firmantes (los propietarios mencionados anteriormente), el Gobernador Civil estuvo de acuerdo con el lógico planteamiento que esgrimió D. Emilio en su defensa, pues el agua de la Fuente de Líar atravesaba el camino de la Sierra que iba hacia las minas, Gérgal y Almería con un gran tránsito de personas y animales, abasteciéndose todos en ese punto y con lo que eso suponía para la suciedad de las mismas. Por lo tanto, no podría ser peor el paso del agua por la maquinaria de la Hidroeléctrica, situada un kilómetro más abajo, ya que en todos los puntos de España donde se podía, el encauzamiento del agua potable se hacía mediante tuberías de hierro.

La reclamación de Enrique Nin de Cardona Navarro fue desestimada por no ajustarse a las prescripciones de la Instrucción en cuanto a los tiempos de reclamación, ya que el plazo para la misma espiró el 23 de febrero. Y por otro lado por estar la fábrica de harinas de su propiedad en ruinas desde que la comprara y sin producción en todo el tiempo que fue suya. Además, quedó claro que la titularidad de las aguas eran públicas, ya que el agua después de pasar de molino en molino iba al arrollo y de ahí volvía a la acequia principal para beneficio del riego y consumo de la población de Serón.

Finalmente, el 1 de abril de 1911 el Gobernador Civil informa a D. Emilio Rodríguez que tiene la autorización para desarrollar su proyecto. Unos días más tarde, el 24 de abril, saldría en BOP la resolución argumentada viendo todas las partes, por parte del Gobernador.

El plazo para la ejecución de las obras sería finalmente de un año para su comienzo, y de dos y medio para su finalización[15].

Entre el 14 y 20 de julio de 1911 son informados de la resolución del Gobernador, oficialmente por el Secretario del ayuntamiento de Serón, los vecinos que interpusieron reclamación. Para estas fechas D. Enrique Nin de Cardona Navarro ya había fallecido (antes de mayo), por lo que dicha notificación se hizo a sus herederos[16].

Manifestación Popular

En el mes de abril de 1911 hubo una manifestación por las calles de Serón exigiendo que las aguas se encauzaran desde la Fuente de Líar hasta el pueblo mediante tubería. Esta fue una de las condiciones exigidas a D. Juan Martínez Canovas en su intento de instalar una hidroeléctrica en Serón en 1904.

No así a la de D. Emilio Rodríguez, por lo que para que tal proyecto se llevase a cabo el Ayuntamiento debería realizar un estudio en el que debería fijar la cantidad de litros que cada habitante habría de necesitar. El demasiado costo de este proyecto, que sobrepasaba en varios miles las 2.000 ptas, hizo imposible su realización en estos años por parte del Ayuntamiento.

El agua encauzada mediante tuberías, el depósito y las fuentes deberían esperar algunos años más[17].

CONSTITUCIÓN DE LA HIDROELÉCTRICA. Los primeros Accionistas y Presidentes

En Serón, el 13 de marzo de 1912, ante el notario D. Higinio Pi Miñana, los señores D. Emilio Rodríguez Estéban, D. Francisco Giménez Dumas, D. Francisco Giménez Fernández, D. José Jiménez Fernández, D. Emilio Jiménez Fernández, D. José Antonio Pérez Domene, D. Alfredo Martínez Pérez, D. Domingo Garrido Camenforte, D. Antonio Requena Cuellar y D. Miguel García López constituyen la Compañía Civil Anónima por acciones llamada “La Hidroeléctrica Seronense SA”, con sede en la calle Real nº  22. Su primer presidente fue D. Emilio Rodríguez Estéban[18].

La Compañía nació con un capital social de 200.000 ptas, divididas en 1.000 acciones de 200 pts cada una. Para llegar a este capital se hicieron 3 emisiones, la primera de ellas:

-1ª serie de 700 acciones (30/08/1912): 140.000 ptas.

Tras esta primera serie se sumaron a la Compañía, el 9 de septiembre, los accionistas D. Antonio Cano Martínez, D. Enrique Martínez Martínez, D. Juan Fernández León, D. Ángel Sánchez Navarro, D. José Dobet y Font, D. Rogelio Martínez Cano, D. Juan Giménez Cano, D. Juan Plazas Herrerías, D. Luis Pérez Domene, D. Juan Garrido Domene   y D. Ricardo Herrerías[19].

Se emitirían otras dos series:

-2ª serie de 200 acciones (03/03/1913):   40.000 ptas

-3ª serie de 100 acciones (02/08/1913):   20.000 ptas

Tras el fallecimiento de D. Emilio Rodríguez Estéban en 1916, el nuevo presidente pasa a ser su yerno, D. Emilio Jiménez Fernández. Como homenaje “In Memoriam”, se colocó una lápida en la fachada de la fábrica que dice: “D. Emilio Rodríguez Esteban falleció en Serón el 17 de enero de 1916. La Sociedad Hidro- Eléctrica le dedica este recuerdo en conmemoración a haber sido el fundador de la misma”[20].

Los Presidentes que les seguirían serían: Francisco Jiménez Fernández, Ángel Torre-Marín Nin de Cardona y , finalmente, Emilio Torre-Marín Jiménez.

AUTORIZACIÓN DEL TENDIDO DE ALTA Y BAJA TENSIÓN

El Ayuntamiento solicita autorización al Gobernador Civil de Almería para que el proceso de adjudicación se realizase sin los formalismos de subasta y concurso, quien accede a esa adjudicación[21].

En sesión de 28 de julio de 1912, el Ayuntamiento le concede autorización para la instalación del tendido de líneas de alta y baja tensión, cediéndole al mismo tiempo una parcela de 12 m2,en la calle Bacares, para construir un transformador[22].

Las líneas de Alta Tensión

De la Central hidroeléctrica partían dos líneas de alta tensión: una de ellas terminaba en el transformador que había en el final de la calle Bacares, situado a la izquierda conforme subimos, y justo antes de la última casa que hay hoy (en la época no estaba) pegada al pequeño camino que da acceso a los huertos[23].

La otra línea de alta tensión iba a suministrar fuerza motriz a las minas. Desde los postes 90 y 104 de esta línea se derivaban otras dos trifilares, destinadas a conducir energía y utilizarla, después de transformada a 120 voltios, como fuerza motriz de las minas de D. Juan Shuarce la primera, y en Las Menas la segunda[24].

Las líneas de Baja Tensión. El Alumbrado Público

En octubre, se le permite cruzar la carretera de Serón‐Bacares por cable eléctrico subterráneo. En esta fecha empiezan a realizarse las primeras pruebas de alumbrado eléctrico con éxito. Podría decirse que a final de octubre de 1912 ya había luz eléctrica en Serón[25].

En otra sesión de 29 de diciembre de 1912, el Ayuntamiento le adjudica la concesión del alumbrado público eléctrico. Entre las 17 cláusulas que establecía el pliego de condiciones para formalizar el contrato aparecen:

1. “El Ayuntamiento concede a la sociedad La Hidroeléctrica Seronense, el derecho

exclusivo del alumbrado público por medio de la electricidad, en el término municipal,

durante un periodo de diez años”.

2. “El alumbrado público comprenderá cien lámparas de diez y seis y diez bujías de

filamento metálico, que serán colocadas en los sitios que el Ayuntamiento designe.

Dentro de dicho número se incluyen las que se instalen dentro de la Casa

Ayuntamiento, Casa estación telegráfica y la Casa de la academia de música, así como

las que necesite la banda municipal durante las veladas en las plazas”.

3. “La duración del alumbrado eléctrico será desde el anochecer hasta el amanecer,

durante todas las épocas del año”.

4. “El Ayuntamiento se obliga a pagar a la Sociedad, como precio del alumbrado que ha

de suministrar, la cantidad de dos mil quinientas pesetas en cada uno de los años del

acuerdo. El alumbrado extraordinario en época de fiestas será objeto de un contrato

especial.”

5. “Como gracia especial, el Gerente, en nombre de la Sociedad, no cobrará nada por el

consumo eléctrico correspondiente al año de 1912”[26].

El contrato fue ratificado por la Junta Municipal de Asociados el 2 de abril de 1913[27].

La noticia de este acuerdo es recogido, el 17 de enero de 1913, por la Crónica Meridional.

LA FÁBRICA. La Maquinaria y Empleados. Los últimos años hasta el Cierre.

La Maquinaria

La maquinaria de la fábrica era, inicialmente, alemana y desde la Estación de Serón fue

trasladada en carretas tiradas por un par de bueyes. Subieron por la calle Bacares y camino

de Almería hasta la casa rural “L’Aqaba (antes el molino de Juan “Dios”), las carretas siguieron por el camino paralelo que se construyó junto al nuevo acueducto hasta llegar a la caseta del salto de agua de la fábrica. Y utilizando un torno con cuerdas, se descendió hasta la fábrica[28].

Para el funcionamiento de la maquinaria se construyó en la parte más alta del salto una caseta para partir el agua mediante dos válvulas. Una de ellas, abierta, conducía a un depósito  de 79 cm de altura[29] protegido con rejillas que impedían el paso de la maleza y que iba directamente a través de los tubos de hierro a la turbina principal  de la fábrica. La otra cortaba el suministro a la acequia principal de riego, actuando entonces un sencillo sistema que hacía que el sobrante de agua para la fábrica pasase a la acequia de riego y se incorporara así al caudal de agua que salía de la fábrica a la acequia principal. También era un sencillo sistema de seguridad en caso de avería[30].

Inicialmente, la Central Hidroeléctrica contó con un generador de corriente alterna trifásica, marca SIEMENS, con una turbina de sistema FRANCIS, capaz de generar una potencia de 135 Kilowatios a una tensión de 5000 voltios. Este primer generador no dio muy buen resultado por ser el caudal de agua menor del que se había previsto. Posteriormente se cambiaría por una turbina AVERLY, zaragozana, de 130 Kilowatios que funcionó en óptimas condiciones. Para esta segunda turbina se abrieron cuatro toberas, que dependiendo del caudal de agua podían funcionar solo con dos.

Más tarde se instaló otra tobera que salía de la principal, necesaria en una época en la que venía poca agua, que desembocaba en una nueva turbina de chorro libre[31]. El nuevo generador de esta turbina, marca Woyck, desarrollaba 48 Kilowatios de potencia. Por la inscripción que hay en la nueva máquina que se instaló justo delante de la principal podemos aventurar cuál sería la época en que hubo menos agua. En ella se puede leer:

Nº 9798, J.M. VOITH, HEIDENHEIM. 1926

La máquina instalada al lado de la AVERLY era una ” Escher Wyss”, que llegó desde la fábrica suiza de la Compañía Escher‐Wyss, ubicada en Zurich. La función de esta máquina era mantener las revoluciones de la Woyck.[32].

Los Empleados

A la fábrica se la dotó de una vivienda, en su parte superior izquierda, con tres dormitorios y una cocina para los empleados[33].

En la Central, los empleados disponían de dos líneas de teléfono conectadas con Serón y Menas. Así eran avisados rápidamente de cualquier avería. Los aparatos receptores tenían timbres de aviso, ya que el ruido que producían las máquinas era muy fuerte, como un zumbido parejo y monótono[34].

Una de las funciones que desempeñaron los hombres que trabajaron allí fue básicamente la de mantener las máquinas funcionando cuidando de su mantenimiento. Así como la de mantener la entrada del Salto de agua limpia de ramaje u otros materiales que pudieran obstruir la entrada del agua en el tubo de bajada.

Otras funciones consistieron en el tendido de las líneas de Alta y Baja Tensión y su mantenimiento. El pueblo de Serón sería el que más trabajo proporcionó a los instaladores de Baja Tensión, y sobre todo a los empleados que hacían las instalaciones eléctricas en domicilios particulares. La cara más conocida de la empresa fue D. José Lorenzo Jiménez (José “el de la luz”), ya que fue el que se dedicó más prolongadamente a esta última labor, siguiendo con las instalaciones en domicilios incluso después del cierre de la hidroeléctrica.

Otro de los empleados que trabajó en la hidroeléctrica entre los años 40 y 50 fue D. Emilio Domene Cruz   (“Malojo”).

Manuel Arredondo Mesas (“Manolico el de Anselmo”), Epifanio Domene Corcesa (“Marconi”)

Antonio Pérez Pérez, Emilio Jiménez Rodríguez, Francisco Jiménez Rodríguez,  José Martínez Camenforte (Pepe “el de Justa”) y Ángel Torre-Marín Jiménez son otros empleados que aparecían en nómina hacia 1958[35].

Las iniciales de los nombres de algunos de estos trabajadores aparecen cinceladas en las rocas cercanas a la hidroeléctrica. Si se retiran las hiedras que los cubren se distinguen perfectamente: “EJF”, “EG”, y hasta una cadena labrada en la piedra. D. Emilio Torre-Marín creía recordar que el autor de esta última fue “Manolico el de Anselmo”[36].

Los últimos años hasta el Cierre.

El 25 de marzo de 1923, el Ayuntamiento renueva la concesión de alumbrado público con La Hidroeléctrica Seronense, manteniéndose las mismas condiciones con la modificación de que

la conservación y reparación del material eléctrico, en diez años, corran a cargo del Ayuntamiento. La Sociedad recibirá la cantidad de 1500 pesetas al año[37].

Hacia 1961 el suministro de electricidad que producía Hidroeléctrica Seronense era insuficiente para el creciente número de abonados y mayor número de industrias. Así, ese año se firmó un contrato con Sevillana para que aportase la electricidad de más que las nuevas necesidades del pueblo demandaban.

Los contratos se fueron sucediendo hasta 1974, año en que Sevillana de Electricidad decide no suministrar más fluido eléctrico a La Hidroeléctrica Seronense.  A partir de este momento se puede decir que La Hidroeléctrica Seronense tenía los días contados[38].

En 1976 Sevillana de Electricidad se fusiona con la Hidroeléctrica el Chorro  obteniendo, al mismo tiempo, la autorización del Ministerio de Industria para establecer en Serón instalaciones eléctricas[39].

Los accionistas, “el 9 de agosto de 1976  en Junta General Extraordinaria  acuerdan la disolución y venta de la Hidro-Eléctrica Seronense SA. La venta se haría efectiva  el 1 de octubre del mismo año a favor de Sevillana de Electricidad” por un valor de un millón quinientas mil pesetas, siendo el último presidente del consejo de administración D. Emilio Torre‐Marín Jiménez, fallecido recientemente[40].

Finalizaban así 64 años de suministro eléctrico generado con recursos naturales de Serón, creado por hijos de Serón, y que hoy podríamos catalogar como energía ecológica y sostenible.

 

FRANCISCO JOSÉ CUADRADO PÉREZ

FLORENCIO CASTAÑO IGLESIAS

 DICIEMBRE 2012

 

 

 

 

AGRADECIMIENTOS: Este artículo se ha podido hacer gracias a la colaboración de Miguel Ángel Guiard Torre-Marín, quien ha facilitado toda la documentación disponible en los Archivos de La Hidroeléctrica Seronense, propiedad de su familia.

 

 

 

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

-Archivo de La Hidroeléctrica Seronense SA. Este Archivo es propiedad de la familia Torre-Marín.

-Libro de Actas del Ayuntamiento de Serón.

-BOP de 18 de enero de 1910. BOP de 24 de abril de 1911. BOP 30 de enero de 1976.

-Periódico Crónica Meridional. 17 de enero de 1913.

-Revista Al-Cantillo, nº 12. Agosto de 2000. “La electricidad y el Progreso de Serón”. Valeriano Sánchez Ramos.

-Revista Al-Cantillo, nº 18. Agosto de 2002. “Sorpresa para mí y fraude para los lectores de Al-Cantillo”. Emilio Torre-Marín Jiménez.

-Revista de Humanidades y Ciencias Sociales del IEA, 16 (1998). “El ciclo de la Electricidad en Almería, Siglos XIX y XX”. Donato Gómez Díaz, José Miguel Martínez López.

-Página web Seron.tv. Historia. “Emilio Rodríguez Estéban”. Miguel Ángel Guiard Torre-Marín.

-Video documental realizado por D. Emilio Torre-Marín Jiménez y su hijo José Ángel el 16 de marzo de 1996 en “La Fábrica de la Luz”.

-Revista Almansura, nº 1, 2007. “La mujer del minero: condiciones de vida y protesta popular de la mujer en Las Menas, 1900-1930”. Juan Torreblanca Martínez.

Revista Alamansura nº 2, 2008. “La Dictadura de Primo de Rivera en el municipio de Serón. 1ª parte. La estructura política municipal”. Juan Torreblanca Martínez

 



[1] Acta de sesiones, 17/09/1911

[2] Acta de sesiones, 31/12/1908

[3] Revista Al-Cantillo, nº 12. Agosto de 2000. “La electricidad y el Progreso de Serón”. Valeriano Sánchez Ramos.

[4] Revista de Humanidades y Ciencias Sociales del IEA, 16 (1998), pp. 63. “El ciclo de la Electricidad en Almería, Siglos XIX y XX”. Donato Gómez Díaz, José Miguel Martínez López.

[5] Documentos presentados ante el Gobernador Civil de Almería, en Archivo de La Hidroeléctrica Seronense. (En adelante A.H.S.). Las escrituras (documento nº 3) que presenta D. Emilio Rodríguez demuestran la antigüedad del molino. Este Archivo, aunque ordenado, no presenta una clasificación del material que contiene por lo que las referencias a Planos, Cartas personales, Escrituras, etc, obedece a una clasificación personal.

[6] Actas de sesiones del Ayuntamiento. Emilio Rodríguez Esteban actuó de secretario accidental del Ayuntamiento en 1875. También lo hizo en 1898, siendo alcalde D. Epifanio del Pozo y Santiago. Aparece también en 1902 formando parte de la Junta Local de Instrucción Pública. De alcalde, en 1908, 1909 y primera mitad de 1910.

[7] Documentación remitida por el Ayuntamiento de Serón al Gobierno Civil de Almería, en copia traslado a D. Emilio Rodríguez Estéban por el Gobernador, en A.H.S.. BOP de 24 de abril de 1911.

[8] Iden.

[9] Copia del permiso mandado a Obras Públicas por D. Emilio Rodríguez. Proyecto realizado por el Ingeniero Industrial D. José Rodríguez Pardo, en A.H.S.. BOP de 18 de enero de 1910. Los 79 cm del depósito eran los que regulaban la entrada de los 258 litros de agua por segundo que podía absorber el tubo. El agua sobrante pasaba a la acequia principal de riego.

[10] Copia documentación adjunta presentada al Gobernador Civil de Almería en A.H.S. BOP de 24 de abril de 1911.

[11] . En la sesión de agosto, D. Antonio Cano actúa de Alcalde interino representando al Partido Liberal, viéndose obligado a firmar el acta por los ocho concejales contrarios, ya que eran mayoría.

[12] Copia de acta del Ayuntamiento trasladada a D. Emilio Rodríguez Estéban, en A.H.S.

[13] Respuesta del Gobernador Civil a D. Emilio Rodríguez Estéban, en A.H.S. BOP de 24 de abril de 1911.

[14] D. Enrique Nin de Cardona y Navarro formaba parte del Partido Conservador. D. Antonio Cano Martínez formaba parte del Partido Liberal, en Revista Almansura nº 2, 2008. “La Dictadura de Primo de Rivera en el municipio de Serón. 1ª parte. La estructura política municipal”. Juan Torreblanca Martínez

[15] A.H.S. Carta personal de D. Emilio y su abogado. En un principio el plazo para el comienzo de las obras era de seis meses, pero el Gobernador concede un año viendo los argumentos esgrimidos por D. Emilio Rodríguez.

[16]A.H.S. Notificación del Ayuntamiento. D. Trinidad Nin de Cardona Ramírez es el hijo informado en calidad de heredero.

[17] Carta personal de D. Emilio Rodríguez Estéban con su abogado, D. Francisco García Peinado, en A.H.S. También en Revista Almansura nº1. 2007. La mujer del minero: condiciones de vida y protesta popular de la mujer en Las Menas, 1900-1930. Juan Torreblanca Martínez.  La manifestación además incluía otras protestas contra la subida de  impuestos, o la de consumos. La vida del seronense de la época era muy precaria.

[18] Escritura de constitución de La Hidroeléctrica Seronense SA, en A.H.S.

[19] Junta de Accionistas de 9 de septiembre de 1912, en A.H.S.

[20] Revista Al-Cantillo, nº 18. Agosto de 2002. “Sorpresa para mí y fraude para los lectores de Al-Cantillo”. Emilio Torre-Marín Jiménez.

[21] Acta de sesiones, 29/12/1912. El Gobernador accede a esta petición el 04/10/1912

[22] Acta de sesiones, 28/07/1912.

[23] A.H.S. Planos.

[24]  Copia del acta de inspección realizada el 17 de febrero de 1914 por el Ingeniero Jefe de Obras Públicas D. Ignacio Toll y su Ayudante, D. Deodato Donoso, en A.H.S.

[25] Acta de sesiones, 06/10/1912

[26] Acta de sesiones, 29/12/1912

[27] Acta de sesiones, 25/03/1923

[28] Testimonio oral.

[29] A.H.S. Planos. Esta altura aseguraba la entrada del agua por el ancho del tubo de hierro, diseñado para absorber los 258 litros de agua por segundo de la concesión.

[30] Proyecto realizado por el Ingeniero Industrial D. José Rodríguez Pardo, en A.H.S. Video documental realizado por D. Emilio Torre-Marín Jiménez y su hijo José Ángel el 16 de marzo de 1996.

[31] Iden nota al pie nº 16

[32] Ibiden. Se ha optado por poner la marca Woyck por ser como se nombra en las escrituras de compra-venta. Aunque, como vemos en la inscripción pone VOITH.

[33] A.HS. Planos: en un principio se la quiso dotar con seis dormitorios y dos cocinas.

[34] Plano original de la hidroeléctrica, en A.H.S. Video documental realizado por D. Emilio Torre-Marín Jiménez y su hijo José Ángel el 16 de marzo de 1996.

[35] Nóminas, en A.H.S.

[36] Video documental realizado por D. Emilio Torre-Marín Jiménez y su hijo José Ángel el 16 de marzo de 1996.

[37] Acta de sesiones, 25/03/1923.

[38] Contrato con Sevillana de Electricidad, en A.H.S. Revista Al-Cantillo, nº 18. Agosto de 2002. “Sorpresa para mí y fraude para los lectores de Al-Cantillo”. Emilio Torre-Marín Jiménez

[39] BOP de 30 de enero de 1976. Resolución de la Dirección General de la Energía.

[40] Actas de accionistas, en A.H.S. Escritura de compra-venta a favor de Sevillana de Electricidad, en A.H.S. Cita, en Revista Al-Cantillo, nº 18. Agosto de 2002. “Sorpresa para mí y fraude para los lectores de Al-Cantillo”. Emilio Torre-Marín Jiménez.

HISTORIA DE LA REBELIÓN Y CASTIGO DE LOS MORISCOS DEL REINO DE GRANADA. Libro sexto Capítulo XXV

Libro sexto

Capítulo XXV

Cómo Aben Humeya envió a levantar los lugares del río Almanzora, y la descripción de aquella tierra

Río de Almanzora quiere decir río de la vitoria. Tiene principio de una fuente que nace en el camino que va de Canilles de Baza a Serón, llamada Fuencaliente, y corriendo por un valle lleno de arboledas, va a dar a la villa de Tíjola, dejando en los cerros de la mano derecha, algo apartadas del río, a Serón, el Deyre, Bayarca, Lúcar, Sierro, Sofloy, Almuña, Purchena, que tiene título de ciudad, Olula, Fínix, Lanteyra, Cantoria, Líjar, Códbar, Errax, el Borx, Alboleas, Sujura o Surgena, Overa, las Cuevas, Lubrín, Urriecal, Ante, Védar, Serena, Teresea, Cabrera, Benitagla, Albánchez; y en la torre de Montroy, una legua a poniente de la ciudad de Vera, se mete en el mar Mediterráneo. En las sierras que son a levante dél yendo hacia la mar están Lucus, Somontin, Partaloba, Códbar, Oria, Albox, Vélez el Rubio y Vélez el Blanco. Tiene a poniente la sierra de Bacares y la de Filabres, cuyo lugar principal se llama Tahalí. Los otros son Senes, Chercos, Alcudia, Alhabra, Benalguacil el alto, Benalguacil el bajo, Benicanon, Senimina, Xenecit, Castro, Ulela de Castro y Ulela del Campo. Y a tramontana, la hoya y comarca de Baza, donde están las villas de Canilles, Benamaurel, Zújar, Freyla, Cúllar, Güéscar, Castilleja, Orce, Galera, Cortes y otras; a levante tiene las sierras de los Vélez y de Mojácar, y a mediodía el mar Mediterráneo. Toda esta tierra es abundante de pan y de legumbres; crían los moradores mucha seda y muy buena, y tienen muchos ganados. En las laderas de las sierras de una parte a otra del río hay hermosas arboledas de huertas, que se riegan con el agua de las fuentes que nacen dellas y corren a dar al río principal, y las frutas todas son tempranas y muy sabrosas. La mayor parte de las villas tienen castillos antiguos puestos en sitios fuertes por naturaleza, y algunos son de calidad que con poco trabajo se podrían hacer inexpugnables. Quisieron los rebeldes levantar todos los pueblos deste río, cuando levantaron a Gérgal, y por temor del marqués de los Vélez, que, como atrás dijimos, entraba por aquella parte, lo dejaron de hacer. Este miedo les duró todo el tiempo que estuvo alojado en Terque; y como después salió el marqués de Mondéjar de la Alpujarra, y el marqués de los Vélez se recogió en Berja y después en Adra, acudiendo los moros por las sierras de Gérgal y de Bacares, comenzaron a hacer algunos saltos en el río de Almanzora. De aquí tomó atrevimiento Aben Humeya de enviar a levantar aquella tierra; y andándolo tratando, un moro de los que estaban con él fue al lugar de Almuña, y queriendo consolar a la mujer y hijas de Jerónimo el Maleh, que las tenía captivas el alcaide Diego Ramírez, les dijo que estuviesen de buen ánimo, porque dentro de quince días tendrían libertad, y que el proprio Maleh venía con mucha gente a levantar aquellos pueblos. Había hecho Diego Ramírez muy buen tratamiento a estas moriscas, y teníalas recogidas en casa de un morisco amigo suyo; y queriendo gratificarle la buena obra, le dijeron lo que el moro les había dicho, para que se pusiese con tiempo en cobro. El cual envió luego un correo a don Juan de Austria, suplicándole que enviase alguna gente de guerra con que poder asegurar aquella tierra antes que los moros entrasen en ella, porque de otra manera se perdería. Y como esto no se pudo hacer tan presto como la necesidad pedía, a 12 días del mes de junio deste año de 1569 bajaron de la Alpujarra el Gorri de Andarax y el Peligui de Gérgal, y con ellos el Maleh y otros capitanes moros con más de cuatro mil hombres de pelea; y dando primero en Purchena, se hubieran de perder los cristianos que allí había, si el bachiller Román, beneficiado de Macaela, que venía de captiverio de la Alpujarra y había llegado la noche antes, no les avisara como dejaba junta aquella gente para venir a amanecer sobre ellos. Los cuales, viendo que en la fortaleza no había alcaide ni gente de guerra, aunque de sitio era muy fuerte, no osaron meterse dentro; y dejándola desamparada, se fueron huyendo a Oria y a Vera y a otras parte; por manera que cuando llegaron los moros había solas tres horas que se habían salido de la ciudad, y solamente hicieron que los moriscos que moraban en ella se rebelasen, y a los que no querían hacerlo, les daban muchos palos y los llevaban consigo maniatados. Hubo tres moriscos de los principales, que por no alzarse dejaron sus mujeres y hijos; los dos dellos se metieron en Oria, y el uno en Cantoria; los otros todos, cual de grado, cual por fuerza, se fueron con sus mujeres y lujos a la Alpujarra. Los moros robaron y destruyeron la iglesia, luego saquearon las casas de los cristianos, y mataron una mujer vieja que no había querido irse con los demás; y no queriendo dejar aquella fortaleza desamparada, por ser de la calidad que era, metieron gente de guerra dentro para sustentarla, y de la madera de los techos de la iglesia, que desbarataron, hicieron aposentos y reparos en ella, y levantaron una torre de tapiería hacia aquella parte. Hecho esto pasaron a Olula y a los otros lugares, y levantando los moriscos dellos, saquearon y destruyeron las iglesias y las casas de los cristianos, mas no mataron ninguno, porque se habían puesto todos en cobro con el aviso de la mujer y hijas del Maleh. Los moriscos de Serón estuvieron tres días que no se alzaron, porque los entretuvo Diego de Mirones, vecino de Madrid, que tenía la tenencia de aquel castillo por el marqués de Villena, cuya es aquella villa; el cual habiendo enviado su mujer y hijos a Castilla con los soldados que tenía de guarnición y con los vecinos cristianos que vivían en aquel lugar, que por todos serían ciento y treinta hombres, se velaba con mucho cuidado; y cuando supo que los moros andaban alzando los lugares del río. Recogió todas las mujeres cristianas en el castillo. Estando pues los alcaides moros en el río, le enviaron a decir que por tenerle buena voluntad y pesarles de su trabajo, le aconsejaban que les entregase aquella fortaleza; y que si esto hacía, le dejarían ir con toda la gente que tenía dentro, y le acompañarían hasta ponerle en lugar seguro cerca de Baza; mas que si no lo hacía, supiese que no podían dejar de pasar él y con los que él estaban por el rigor de la muerte. Diego de Mirones recibió la embajada con alegre semblante, y hizo dar de comer a dos moros que la llevaban, y sendos pares de alpargates que la pidieron; y después les respondió que él agradecía mucho a los alcaides la voluntad que mostraban a sus cosas; mas que el castillo le tenía por el marqués de Villena, a quien había escrito para ver lo que mandaba que hiciese dél; y que venida la resolución, que sería muy en breve, podría responderles con más certidumbre. Vueltos los dos moros con la respuesta, los alcaides entendieron que era dilación, y dende a dos días el Maleh y el Hanon fueron con todo el golpe de la gente sobre él; y alzando los moriscos de la villa. Le tuvieron cercado doce días; y al fin, viendo que se les defendía, y que no tenían artillería con que poderle batir, ni se podía ganar a batalla de manos, levantaron el cerco y fueron sobre Tahalí, lugar de don Enrique Enríquez; y alzándose los moriscos del lugar, cercaron y combatieron el castillo, donde estaba don Álvaro de Luna, vecino de Bazar, con cincuenta soldados. Lo primero que hicieron fue acometer el reducto o rebelión, y picándole, hicieron un portillo, y entraron dentro, y sacaron dos caballos que estaban en una caballeriza. Luego enviaron a requerir al alcaide que se rindiese, diciendo que por ser aquel lugar de don Enrique Enríquez harían todo buen tratamiento a los que estaban dentro con él, y los dejarían ir libremente con sus armas y bienes muebles donde quisiesen; y aunque sobre esto hubo demandas y respuestas, estando el alcaide suspenso entre temor y esperanza, al fin aceptó el partido con que le diesen solos dos días de término, y los moros alzaron el cerco. Esto hizo don Álvaro de Luna contra la voluntad de un morisco llamado Juan Alguacil y de un hijo suyo, de los más ricos de aquel lugar, que se habían recogido con él en el castillo; los cuales le requirieron que no lo rindiese, porque ellos se ofrecían a defenderle con la gente que allí había, mas no le pudieron convencer, antes se enojó con ellos y los metió en una mazmorra, y dentro del término que los alcaides le habían dado salió dél con todos los soldados y cinco mujeres vestidas en hábito de hombres, y se fue a la ciudad de Almería. Los moros entraron en el castillo, y hallando en la mazmorra aquellos dos moriscos los sacaron fuera y los ahorcaron luego, no sin grandísima nota del que los había dejado allí. Certificáronnos personas que dijeron haberse hallado presentes, que murieron cristianos, diciendo que morían por no ser traidores a Dios ni al Rey. Ganado el castillo de Tahalí, los moros pasaron a Cantoria, y teniendo cercada aquella villa solo un día, se les dio, porque eran todos los vecinos moriscos. Y por esta orden fueron levantando todos los otros lugares del río, excepto a Oria, las Cuevas a Serón, que se defendieron los castillos por entonces.

Transcripción del capítulo XXV del libro “Historia de la rebelión y castigo de los moriscos del Reino de Granada”, de Luis del Mármol Carvajal, historiador español.

Hemos respetado la ortografía y sintaxis del original.

Libro sexto – Capítulo XXVI

Cómo los moros volvieron a cercar el Castillo de Serón, y yendo a socorrerle don Alonso de Carvajal, se le mandó que no fuese, y se volvió a su villa de Jódar

Queriendo pues Aben Humeya acabar de ocupar todos los lugares del río de Almanzora para hacer la guerra por aquella parte, recogió el mayor número de gente que pudo, y se fue a poner en la sierra de Bacares, y desde allí envió un alcaide, llamado el Mecebe, sobre el castillo de Serón; el cual le cercó con cinco mil moros, a 10 días del mes de junio deste año, con grandes regocijos y algazaras. El alcaide Diego de Mirones envió luego un soldado a Baza para que desde allí se diese aviso a su majestad y a don Juan de Austria del estado en que estaba; el cual salió de parte de noche, y pudo hacer el efeto a que iba sin que los moros se lo estorbasen. Mas ya en este tiempo don Juan de Austria sabía por algunas espías como los moros se aprestaban para ir sobre el castillo, y se había tratado del remedio, y tomádose resolución en el Consejo en que convendría que fuese a socorrerle suficiente número de gente, por si fuese menester pelear con el enemigo en campaña; y porque no la había de ordenanza que pudiese ir con la brevedad que el negocio requería, acordaron de cometerlo a don Alonso de Carvajal, señor de Jódar, encargándole que juntase el mayor número de gente que pudiese de sus deudos, amigos y vasallos, y hiciese aquel socorro. Este acuerdo había sido muy acertado, si otra provisión no lo interrompiera; porque su majestad, siendo avisado del cerco, escribió aquellos mesmos días al marqués de los Vélez que procurase socorrer aquella fuerza, pareciéndole que por tener su campo junto en Adra, nadie lo podría hacer con más brevedad. El aviso desta orden llegó a don Juan de Austria a tiempo que don Alfonso de Carvajal iba la vuelta de Baza con mil y quinientos arcabuceros y ciento y cincuenta caballos, y muchos caballeros y hijosdalgo de Úbeda y Baeza, amigos y allegados de su casa. Y casi a un mesmo tiempo, estando un día don Juan de Austria con los del Consejo, le llegó un correo con carta del marqués de los Vélez, en que decía que habiéndole su majestad cometido el socorro del castillo de Serón, y viendo cuán malo lo podía hacer, por la distancia que había desde Adra, le había parecido que podría ir a hacerlo en su lugar una de tres personas, Juan Rodríguez de Villafuerte Maldonado, corregidor de Granada, don Luis de Córdoba, o don Rodrigo de Benavides, con mil y quinientos infantes y trecientos caballos, que era número suficiente y necesario para aquel efeto. Esta carta puso en confusión a los del Consejo por el inconveniente que traía, y estuvieron suspensos, no se determinando si pasaría adelante don Alonso de Carvajal con la orden que llevaba de don Juan de Austria, o si se le mandaría que parase. Luis Quijada decía que no se debía hacer otra provisión sobre la que su majestad había hecho en el marqués de los Vélez; el Presidente porfiaba que la que don Juan de Austria había hecho en don Alonso de Carvajal, pues el Consejo supremo no proveyera lo contrario si supiera lo que él tenía proveído, era la que se había de guardar, porque tenía poder y facultad para poderlo hacer, como capitán general; mayormente que se había de mirar el inconveniente que se presentaba de perder aquel castillo con cualquiera dilación, poniendo ejemplo en que en tiempo del emperador don Carlos, habiendo él mesmo proveído la plaza de maese de campo del tercio de Nápoles, que estaba vaca, en un caballero particular, teniéndola proveída el visorrey don Pedro de Toledo en otro, se había determinado que la provisión del Visorrey se había de cumplir, pues siendo capitán general, había podido proveerla. Deste parecer, fueron la mayor parte del Consejo; mas don Juan de Austria se arrimó a lo que Luis Quijada decía, y se resolvió en que don Alonso de Carvajal se volviese, porque llegó luego otra carta del marqués de los Vélez, avisando como, por parecerle que había dificultad en ir a hacer aquel socorro uno de los tres caballeros que había señalado, lo había cometido a don Enrique Enríquez, su cuñado, que estaba más a la mano en Baza. Toda esta diligencia que el marqués de los Vélez hacía, se entendió que era para deshacer la provisión de don Alonso de Carvajal, de que ya estaba avisado, queriendo enviar persona de su mano. Era el marqués de los Vélez valeroso y esforzado caballero y muy discreto; mas no se podía determinar cuál era en él mayor extremo, su esfuerzo, valentía y discreción, o la arrogancia y ambición de honra, acompañada de aspereza de condición, a que demasiadamente era inclinado. Volviendo pues a nuestra historia, don Juan de Austria escribió luego a don Alonso de Carvajal, mandándole que en el lugar que le alcanzase aquella carta parase y se volviese a su casa, y agradeciese de su parte a la gente que llevaba la voluntad con que se había movido a hacer aquella jornada, la cual convenía que parase por algunos respetos que había parecido al Consejo; y alcanzándole el correo en Cúllar, una legua antes de llegar a Baza, se volvió bien desgustado, por no dejarle llegar a hacer el efeto para que había salido. Dejemos agora el socorro deste castillo; que hubo hartas controversias en él, por encontrarse las dos provisiones, y vamos a echar los moriscos del Albaicín de Granada; cosa en que hacían grandísima instancia el Presidente y el duque de Sesa; pareciéndoles que aquella gente no era de provecho, y podría ser muy dañosa teniéndola en la ciudad.

 

Transcripción del capítulo XXV del libro “Historia de la rebelión y castigo de los moriscos del Reino de Granada”, de Luis del Mármol Carvajal, historiador español.

Hemos respetado la ortografía y sintaxis del original.

Libro sexto – Capítulo XXVIII

Cómo don Enrique Enríquez envió a don Antonio Enríquez, su hermano, en socorro del castillo de Serón, y los moros le desbarataron

 

En este tiempo los moros apretaban reciamente a los cristianos que tenían cercados en el castillo de Serón; y don Juan de Austria, siendo avisado que don Enrique Enríquez estaba mal dispuesto, y que no podía ir a hacer aquel socorro por su persona, como el marqués de los Vélez decía, acordó de enviar a ello a don Luis de Córdoba, uno de los tres caballeros que  había señalado al principio; y mientras se aparejaba la gente que había de ir, y se daba orden en las cosas necesarias para la jornada, envió delante al capitán Antonio Moreno; el cual adoleció en Baza, de cuya causa se procedió en el socorro más lenta y espaciosamente de lo que convenía, y sucedieron los inconvenientes que adelante diremos; porque viéndose el alcaide Diego de Mirones en grandísimo trabajo por la falta de agua para tanta gente como tenía dentro, a culpa de los mesmos soldados y vecinos, que por ocuparse en robar las casas del lugar cuando se fueron los moriscos, no habían querido henchir el aljibe, que les fuera de más provecho que los viles despojos que metieron en el castillo, hizo que se descolgasen por el muro de parte de noche tres soldados grandes arábigos, y les mandó que lo más encubiertamente que pudiesen pasasen por el campo de los enemigos cada uno por su parte, y fuesen a dar aviso a la ciudad de Baza del estado en que le dejaban, y dijesen a don Enrique Enríquez que le enviase socorro; y que de vuelta procurasen traer alguna pólvora a cuestas, como mejor pudiesen; avisándoles que cuando tornasen, si viesen que no podían llegar al castillo con seguridad, hiciesen una ahumada de día en el cerro del Javea, que está dos leguas de Serón a la parte de Baza; y si les respondiesen a ella desde la torre del homenaje, llegasen; y si no, se volviesen. Salieron estos tres soldados del castillo, de la manera que hemos dicho, día de San Pedro, a 29 de juno, y fueron tan venturosos, que pasaron por medio del campo de los moros sin ser conocidos, y llegaron a Baza y dieron su recaudo a don Enrique; el cual no fue a hacer el socorro, por estar enfermo, ni lo envió por entonces, porque no tenía cantidad de gente para ello y estaba aguardando que le viniese de fuera; y haciendo dar a cada uno dellos un zurrón de pólvora, los despidió, mandándoles que dijesen al alcaide Mirones que con mucha brevedad le socorrería, y que se entretuviese lo mejor que pudiese. Sucedió pues que los moriscos que moraban dentro la ciudad de Baza vieron los tres soldados, y supieron lo que iban a tratar, porque tenían espías dentro de la casa del proprio don Enrique; y para dar aviso a los moros tomaron las señas dellos, y despacharon un morisco al alcaide Mecebe, avisándole que si acudiesen al campo, tuviese cuenta con prenderlos; el cual usó de un ardid de guerra que le pudiera aprovechar, y fue mandar que algunos moros aljamiados se llegasen a castillo, y dijesen como los tres cristianos que habían enviado a Baza eran muertos, y diesen las proprias señas que tenían, y les persuadiesen a que se rindiesen, pues ya no tenían remedio, sino que se habían de perder. Mas los cercados entendieron luego que no era verdad lo qué decían, porque los soldados habían hecho la ahumada que se les había mandado en el cerro del Javea, y no les habían respondido, y entendieron claramente que se habían vuelto a Baza, conforme a la orden que llevaban; antes tomaron alguna manera de consuelo, por entender que habrían pasado a dar su recaudo. No mucho después don Enrique acordó de enviar el socorro con don Antonio Enríquez, su hermano, aunque fue muy flaco, porque no llevó más de quinientos arcabuceros y sesenta caballos, con orden que entrase por el paraje de Lúcar, que cae tres leguas de Serón en el mesmo río. Con esta gente llegó don Antonio Enríquez a Lúcar, y hallando solas las mujeres en las casas, y doce moros que se habían hecho fuertes en el castillo, no quiso detenerse en combatirle; antes viendo que hacían grandes ahumadas, apellidando la tierra, y entendiendo que se juntaría mucha gente contra él, dio vuelta hacia Baza sin llegar a Serón; y no se engañó mucho, porque el Mecebe con toda su gente acudió luego a las ahumadas. Y estando en el cortijo del Jauca, que apenas acababan de llegar a él, dieron sobre ellos; y hallándolos desapercebidos, con improviso acometimiento los desbarataron; y matando más de docientos soldados, pusieron los demás en huida; y cargados de armas y despojos, volvieron aquel día a Serón, haciendo grandes alegrías por la vitoria. Luego envió el Mecebe un recaudo a Mirones, diciendo que no porfiase más en su vana defensa, que le había de aprovechar poco, porque le hacía saber como todos los cristianos que iban a socorrerle eran muertos, y ofreciéndole cualquier partido que pidiese si determinaba de entregarle aquel castillo.

 

Transcripción del capítulo XXVIII del libro “Historia de la rebelión y castigo de los moriscos del Reino de Granada”, de Luis del Mármol Carvajal, historiador español.

Hemos respetado la ortografía y sintaxis del original.

Capítulo XXIX

Cómo Diego de Mirones salió a buscar socorro, y fue preso, y los cercados rindieron el castillo de Serón

Entendiendo pues los cercados que debía de haber alguna rota de nuestra parte, porque la pólvora con que los moros tiraban era de mejor respuesta que la con que habían tirado hasta allí, así por esto, como por ver los grandes regocijos que por todo el campo hacían, comenzaron a desmayar; y estando en gran confusión, vieron asomar cincuenta de a caballo, que don Enrique enviaba a que diesen vista al castillo desde lejos para entretener a los cercados en esperanza, mientras llegaba don Luis de Córdoba con la gente que iba de Granada; porque tenía aviso que le enviaba don Juan de Austria a hacer aquel socorro. Estos caballos los pusieron en mayor confusión, porque como dieron luego la vuelta sin llegar al castillo, entendieron que iban huyendo. Creciendo pues cada hora el temor y la falta del agua, que los aquejaba mucho, Diego de Mirones determinó de salir en persona con treinta arcabuceros de parte de noche, y rompiendo por medio del campo de los enemigos, ir a buscar socorro antes que la gente pereciese de sed. Con este acuerdo salió, y arcabuceándose con los moros, pasó por todos ellos sin perder hombre; y pusiéranse en salvo con mucha facilidad si los soldados, que iban muertos de sed, no se detuvieran tanto en el río bebiendo, que los moros tuvieron lugar de alcanzarlos; los cuales tomándoles los pasos por diferentes partes, siguiendo el rastro de las cuerdas que llevaban encendidas, dieron con catorce dellos, y los mataron; los otros diez y seis pudieron salvarse con la escuridad de la noche, y llegaron otro día a Baza. Diego de Mirones, que iba a caballo, anduvo toda la noche perdido de un barranco en otro, con un solo mozo que le pudo seguir; y como no era prático en la tierra, después de cansado de dar vueltas, dejó ir el caballo por donde quiso; y cuando creyó estar cerca de Canilles, en la hoya de Baza, se halló en las viñas de Serón, porque como el caballo había sido criado en aquel lugar, volvió a la querencia. Y descubriéndole  los moros que estaban en las atalayas, bajaron a él y le tomaron los pasos; y al fin, no se pudiendo menear ya el caballo de cansado, le prendieron. Con esta prisión fueron los enemigos muy alegres, porque entendieron que se les entregarían luego los cercados; y llevándole a la tienda del Mecebe, donde estaba también el Maleh, que había venido aquellos días al campo, trataron con él que si hacía que los cristianos rindiesen el castillo, les darían libertad a él y a cuantos había dentro, chicos y grandes, hombres y mujeres, con que dejasen las armas y no llevasen consigo más de cada ocho reales; y entre ruego y amenazas le dijeron que si no lo hacían, le darían cruelísima muerte. Viéndose Diego de Mirones preso, y sabiendo el trabajo que había dentro del castillo, y cuán mal se podía ya sustentar, creyendo que los moros cumplirían su palabra, tuvo este medio por razonable; y llevándole maniatado a una casa junto a la puerta del castillo, llamó a González, su escribano, y a otros cristianos por sus nombres, y les dio cuenta de su desventura, y les rogó que saliese uno dellos debajo de seguro a tratar de partido, porque los alcaides le hacían tal, que le parecía que no era de desechar. Luego salió el escribano, y con él otros tres cristianos, que hicieron sus capitulaciones con los alcaides de la manera que dijimos, con aquellas condiciones; y a 11 de julio deste año de 1569 entregaron el castillo a los moros; mas los enemigos de Dios no les guardaron nada de cuanto les prometieron, porque tomaron las mujeres y niños por esclavos, y mataron cruelmente todos los hombres, y entre ellos dos clérigos de misa, y cuatro mujeres viejas. Y como dijese un moro vecino de Serón al Maleh que cómo permitía que se hiciese un tan mal hecho como aquel, mostró una carta de Aben Humeya, por la cual le mandaba que no diese vida a cristiano que pasase de doce años, y que luego le enviase a Diego de Mirones y a todas las mujeres a Bacares. Mataron este día ciento y cincuenta cristianos, y fueron captivas ochenta mujeres. Otro día siguiente llegaron a vista de Serón don Antonio Enríquez y el capitán Antonio Moreno, que llevaban la vanguardia del socorro; y hallando las calles llenas de cuerpos de cristianos muertos y el castillo ocupado de moros, se volvieron; y lo mismo hizo don Luis de Córdoba desde el camino, cuando supo que era perdido Serón.

 

Capítulo VII

Cómo don Juan de Austria fue a reconocer a Serón y los moros le desbarataron, y la muerte de Luis Quijada

La propria noche que don García Manrique volvió a Canilles, se tomó resolución de que fuesen a reconocer a Serón dos mil arcabuceros escogidos y docientos caballos, porque convenía mucho entender bien la disposición que había, para cercar la villa de manera que no le pudiese entrar socorro, y que los cuarteles se pudiesen socorrer los unos a los otros cuando fuese menester; cosa que dificultaban mucho todos los que habían estado en aquel pueblo, diciendo que era tierra muy quebrada, y que por haber falta de agua en algunas partes, no se podía bien cercar. Don Juan de Austria quiso ir personalmente con esta gente, y acompañado del comendador mayor de Castilla y de Luis Quijada y de otros caballeros y gentileshombres de su casa, partió del lugar de Canilles a las nueve de la noche. Llevaba tres compañías de caballos, una del duque de Medina-Sidonia, cuyo capitán era Francisco de Mendoza, vecino de Gibraltar; otra de la ciudad de Jerez de la Frontera, que llevaba don Luis de Ávila, por indisposición de don Martín de Ávila, su hermano, que era el capitán; y la tercera del adelantamiento de Cazorla, y capitán della Hernando de Quesada. Con la infantería iban el maese de campo don Lope de Figueroa, y don Miguel de Moncada, y Juan de Espuche, y otros capitanes y gentileshombres de cuenta. Caminando pues toda aquella noche sin parar, a la hora que amanecía se emboscó la infantería en unas quebradas que están antes de llegar a Serón en la propria falda de la sierra; y pasando adelante don García Manrique con cien lanzas de la compañía del duque de Medina, se le dio orden que entrase al galope por el río abajo, dando muestra a los enemigos que iba a reconocer la villa, porque si hubiese algunos moros emboscados, saliesen a él; el cual llegó desta manera hasta la empalizada que dijimos; y viendo que no salía nadie, volvió hacia donde había dejado la otra gente. Viendo pues don Juan de Austria que los moros no habían salido como la otra vez, mandó a don Francisco de Mendoza que con sus cien lanzas y algunos caballos más fuese por el río abajo, y se pusiese de la otra parte de Serón en el paso por donde podían venir moros de Tíjola y de Purchena. Y haciendo de la infantería dos escuadrones, el uno dio a Luis Quijada para que fuese por la ladera de la mano derecha del río, y con él Juan de Espuche; y el otro dio al comendador mayor de Castilla para que fuese ocupando la otra parte del río hacia la mano izquierda, y con él don Lope de Figueroa; y por el lecho del río mandó ir la gente de a caballo con su guión, quedándose él con los alabarderos de la guardia y algunos gentileshombres, y obra de cien soldados en un cerro que descubría toda aquella tierra; porque el Comendador mayor y Luis Quijada no le consintieron pasar adelante, hasta que se entendiese que estaba todo el río seguro de emboscada, y que podría llegar cerca de la villa sin peligro de su persona, que era lo que más se procuraba. Con esta orden caminó toda la gente, y comenzando los moros a hacer ahumada, acudieron muchos de todos aquellos cerros con sus banderas; y así los de Serón como los que venían de otras partes, poniéndose en los recuestos, comenzaron a tirar de mampuesto con las escopetas a la gente de a caballo que iba por medio del río; de cuya causa mandó don Juan de Austria que se subiese su guión donde él estaba, porque recebían daño los que le acompañaban, tirándoles los enemigos como a terrero. Tello González de Aguilar, que iba esta jornada con solos cuatro escuderos de su compañía cerca de la persona de don Juan de Austria, y acompañaba el estandarte, con otros caballeros y gentileshombres, pasaron adelante, y fueron a juntarse con el escuadrón de Luis Quijada, que marchaba poco a poco buscando lugar dispuesto para poder acometer a los moros, que ocupaban las cumbres de aquellos cerros; el cual llegando en el paraje de una atalaya antigua, que estaba frontero de la villa en un cerro antes de llegar al camino que sube del río, repartió la gente en dos partes: la una dio a Tello González de Aguilar para que subiese derecho a la torre; y con la otra subió él por cerca del camino que va a Serón. Y subiendo animosamente los soldados escaramuzando con los enemigos, fueron retirándolos hasta la propria villa; y no osándolos tampoco aguardar allí, la desampararon, y se subieron a una sierra alta que está por cima de las casas. Las moras corrieron luego a meterse en el castillo, donde estaban muchos moros, que no cesaban de hacer ahumadas llamando socorro. A este tiempo llegó la gente del escuadrón que llevaba don Lope de Figueroa, y entrando los soldados por las casas, comenzaron a desmandarse, y algunos fueron por las calles hasta llegar a las puertas del castillo y captivaron muchas moras de las que iban a meterse dentro; y muchos cudiciosos, teniendo más cuenta con el interese que con la honra de la nación, se encerraron en las casas para guarecer la presa que habían ganado. Mientras esto se hacía, el Comendador mayor y Luis Quijada comenzaron a reconocer la villa, y andando mirando la disposición de aquella tierra, se descubrieron más de seis mil moros, que   —316→   acudieron a las ahumadas de Tíjola y de Purchena y de los otros lugares del río, con Hernando el Habaquí y el Maleh y otros capitanes moros; los cuales llegaron donde estaba el capitán Francisco de Mendoza a tiempo que la mayor parte de los escuderos se le habían ido a saquear las casas de la villa; y no se hallando poderoso para resistir a tan gran golpe de enemigos, comenzó a retirarse, tocando arma, por el río arriba. El Comendador mayor y Luis Quijada enviaron a don Miguel de Moncada con cantidad de caballos y de infantes a que le socorriese y reforzase la guardia de aquel paso; mas ya cuando llegó era tarde, porque encontró los caballos que venían retirándose a más andar; y los unos y los otros se retiraron, dejando libre el paso a los enemigos. A esto acudió luego el Comendador mayor en persona, y con mucha brevedad y presteza hizo un cuerpo de los soldados y caballos que pudo recoger, donde se favorecieron los que venían desmandados. Por otra parte los moros, hallando el paso desocupado, subieron hacia Serón; y juntándose con ellos los que habían salido huyendo de la villa, entraron por la parte alta; y hallando a nuestra gente desordenada, ocupados los soldados en robar, mataron muchos de los que se les opusieron; otros arrojaron vilmente las armas y dieron a huir, no siendo parte los más animosos para detenerlos. Don Lope de Figueroa fue herido de un escopetazo en un muslo; y matáranle si los escuderos de Écija no le retiraran. Estos escuderos libraron también al compañero, que los turcos de a caballo habían captivado y le tenían en una mazmorra. Fue tanto el temor y poca vergüenza de algunos soldados este día, que pareció ira del cielo, porque sin aguardarse unos a otros, no sabiendo por dónde poner las espaldas a los enemigos huyendo, ni por dónde el pecho peleando, iban de corrida hasta el río un buen cuarto de legua, y aun allí no se tenían por seguros. En tanta desorden don Juan de Austria bajó del cerro donde estaba, y acudió animosamente a mostrarse a nuestros cristianos, para que hiciesen rostro, o a lo menos se retirasen con orden, diciéndoles: «¿Qué es esto, españoles? ¿De qué huís? ¿Dónde está la honra de España? ¿No tenéis delante a don Juan de Austria, vuestro capitán? ¿De qué teméis? Retiraos con orden, como hombres de guerra, con el rostro al enemigo, y veréis presto arredrados estos bárbaros de vuestras armas». Con estas y otras palabras animaba y recogía los soldados, metido en el común peligro, porque los moros crecían, yendo siempre ejecutando su vitoria. Este día, andando Luis Quijada recogiendo la gente y poniéndola en escuadrón, fue herido de un escopetazo en el hombro, que le entró la pelota en lo hueco; y don Juan de Austria mandó retirarle luego y que Tello González de Aguilar con los caballos de Jerez de la Frontera le llevase a curar a Canilles; y con toda la otra gente se fue retirando lo mejor que pudo con grande ejemplo de su invicto valor, acudiendo a todas las necesidades con peligro de su persona, porque le dieron un escopetazo en la cabeza sobre una celada fuerte que llevaba, que a no ser tan buena, le mataran. Finalmente los moros, habiendo seguido más de un cuarto de legua a nuestros cristianos y hecho poco daño en la retaguardia, se volvieron aquella noche a Serón, y don Juan de Austria pasó a Canilles. Hubo algunos soldados de los que entraron en la villa, que no se pudiendo retirar, se hicieron fuertes en las casas y en las iglesias, y pelearon tres días con los moros, defendiéndose hasta que les pegaron fuego y los quemaron dentro. Murieron este día seiscientos hombres de nuestra parte y de los enemigos hubo fama que cuatrocientos, y hubo muchas moras captivas. Perdimos con la reputación más de mil arcabuces y espadas. Teniendo ganada la villa, los moros quedaron ufanos por aquella vitoria, y hicieron grandes regocijos. Estuvo nuestro campo algunos días en Canilles; y en este tiempo murió Luis Quijada de la herida, cuya muerte sintió don Juan de Austria tiernamente, porque era muy buen caballero, y había servido al Emperador su padre desde niño, y halládose con él en todas las ocasiones de las guerras que se le habían ofrecido, y por la mucha confianza que de su virtud tenía, se lo había encomendado y lo había criado desde su niñez, cuando aun no sabía cuyo hijo era, y así le llamaba tío, y él a él sobrino. La nueva deste suceso tuvo su majestad en Córdoba por carta de don Juan de Austria de 19 de febrero, dándole cuenta como por la desorden de los soldados se había dejado de ganar la villa de Serón, y pidiendo mayor número de gente con que poder proseguir adelante; y luego se despachó correo a las ciudades de Úbeda y Baeza y Jaén, por donde habían de pasar dos mil infantes que iban de Castilla y del reino de Toledo, con orden que donde quiera que los alcanzase, parasen; y dejando de ir a Granada, como les había sido ordenado, fuesen al campo de don Juan de Austria. Y al duque de Sesa se le escribió que le enviase el mayor número de gente que pudiese, quedando él proveído de manera que por falta della no dejase de hacer los efetos que se pretendían por aquella parte; encargándole brevedad en su entrada en la Alpujarra, por ser cosa que daría mucho calor a lo que don Juan de Austria había de hacer en el río de Almanzora. Mas ya cuando le llegó este mandato había salido de Granada, y estaba recogiendo su campo en el lugar del Padul, como diremos en el siguiente capítulo. Dejemos agora a don Juan de Austria rehaciendo su campo, y vamos a lo que se hizo en este tiempo a la parte de Granada.

 

Libro Octavo – Capítulo XI

Cómo don Juan de Austria fue sobre la villa de Serón y la ganó

 

Cuando don Juan de Austria hubo reforzado su campo en Canilles de Baza, donde estuvo algunos días, y proveídose de bastimentos, artillería y municiones para ir al río de Almanzora, sabiendo que ya el duque de Sesa había salido de Granada con el otro campo, partió de aquel alojamiento con ocho mil infantes y quinientos caballos. La primera jornada que hizo fue a la Fuen Caliente, y a la hora que llegó, que sería a vísperas, mandó a Tello González de Aguilar que con los caballos de su cargo diese vista a Serón desde unos cerros que están de la otra parte del río por frente de la viña, y que no se quitase de allí hasta que el campo estuviese alojado. Los moros pensaron hacer lo que la vez primera, y en descubriendo la caballería salieron huyendo la vuelta de la sierra para aguardar el socorro y volver a dar sobre nuestra gente; mas como vieron que no iba nadie a ocupar la villa, volvieron aquella noche a meterse dentro. Otro día de mañana marchó nuestro campo en su ordenanza por el río abajo, llevando la vanguardia de la infantería el capitán Antonio Moreno con el tercio de su cargo, y la caballería delante; y como los enemigos entendieron que se les iba a poner cerco de propósito, no se asegurando en la villa ni en el castillo, le pusieron fuego de parte de noche; y dejándole ardiendo, tornaron a subirse a la sierra, como de primero. Viendo pues don Juan de Austria que el castillo ardía, y entendiendo que los moros le habían desamparado, mandó a Tello González de Aguilar que fuese a ponerse en el proprio paso donde había estado Francisco de Mendoza, y a don García Manrique que con mil y quinientos arcabuceros tomase lo alto de la sierra sobre la villa a la parte de Tíjola, que eran los pasos por donde los moros habían de entrar con el socorro. Habíanse recogido a las almenaras que toda la noche habían hecho los de Serón, más de siete mil moros en Purchena, donde había venido Hernando el Habaquí; y al tiempo que nuestra gente caminaba la vuelta de la villa, comenzaron a descubrirse como venían el río arriba puestos en sus escuadrones, con sus banderas tendidas, tocando sus atabalejos y dulzainas, a manera de representación de batalla. Don Juan de Austria envió luego a don Martín de Ávila que fuese a reconocerlos con las cien lanzas que servía Jerez de la Frontera; el cual los reconoció, y refirió que era mucha gente, y que le parecía traer determinación de pelear. Entonces mandó cesar el alojamiento, y ordenó sus escuadrones y exhortó los capitanes y soldados; y apeándose del caballo, se puso en la vanguardia delante del escuadrón de la infantería. El Habaquí traía la vanguardia de su campo con ochenta caballos, y luego seguía un escuadrón de infantería a veinte y cinco por hilera, puestos en tan buena orden como si fueran soldados muy práticos, y dos mangas de escopeteros sueltas, que fueron acercándose hacia nuestra caballería, tirando con las escopetas para provocar a que los nuestros hiciesen algún acometimiento desordenadamente. Y hiciérale Tello González de Aguilar si don Juan de Austria quisiera darle licencia para ello; el cual le mandó que se estuviese quedo; y haciendo apartar el escuadrón de la vanguardia sobre mano izquierda para que pudiese tirar la artillería contra los enemigos, bastó aquello para que dejasen el camino que llevaban y tomasen la vuelta de la sierra hacia donde don García Manrique estaba; y cargándole con grandísima furia, comenzaban ya nuestros soldados a aflojar y muchos dellos a huir; y perdiéranse todos si don Juan de Austria viendo ir al enemigo la vuelta dellos, no enviara dos mil arcabuceros en su socorro, los cuales reforzaron la pelea por nuestra parte cargando animosamente a los enemigos, que firmes se sustentaron más de una hora. En este tiempo mandó don Juan de Austria a Tello González de Aguilar que con sus cien lanzas subiese la sierra arriba, y con él dos adalides que guiasen, porque era tan fragosa, que apenas parecía poderla hollar caballos: tardó en subir más de media hora por la parte hacia donde nuestra gente peleaba; y cuando llegó arriba no llevaba más de cuarenta caballos con su estandarte, porque no le habían podido seguir los otros. Y siendo a tiempo que don García Manrique tenía frente a los enemigos y los comenzaba a arrancar con la gente del socorro, hizo tocar las trompetas y los acometió. Fue tanta la turbación de los moros en ver caballería donde entendían que no podía subir, que perdiendo la furia y el ánimo juntamente, dieron a huir. Siguiose el alcance por nuestra parte, matando y hiriendo muchos dellos, y prendiendo algunos, les tomaron siete banderas, y el Habaquí, dejando muerto el caballo, se escapó huyendo a pie. Habida esta vitoria, la villa y el castillo quedó por nosotros: alojose nuestro campo en unas viñas junto al río, y mandose a los gastadores que terrasen los cuerpos de los cristianos muertos, que aun estaban tendidos por aquellos campos desde la rota pasada. Detúvose don Juan de Austria allí algunos días, porque comenzaban a faltar los bastimentos para ir adelante, mandándome a mí que fuese a las ciudades de Úbeda y Baeza y al adelantamiento de Cazorla a proveer el campo, como lo hice. Y cuando fue tiempo, partió sobre Tíjola, dejando de presidio en Serón al capitán Antonio Sedeño con cuatro compañías de infantería y una de caballos para asegurar las escoltas, y en el castillo a Cristóbal Carrillo, criado del marqués de Villena, con docientos soldados que había enviado a su costa para aquel efeto. Vamos a lo que en este tiempo hacia el duque de Sesa.

 

Transcripción del Capítulo XI del libro Octavo “Historia de la rebelión y castigo de los moriscos del Reino de Granada”, de Luis del Mármol Carvajal, historiador español. Se ha respetado la ortografía y sintaxis del original.

 

EN SERÓN Y KABUL HAY ABEJAS

Serón es un pueblo andaluz de la Sierra de los Filabres y está de fiesta. Es el día de su patrona, la Virgen de los Remedios.

– ¡Mi globo, mi globo…! – grita la niña. Y echa a correr cuesta arriba en un intento inútil de alcanzar la larga cuerdecilla que pende del globo.

Su abejita Maya vuela dulcemente sobre la torre del castillo, hacia las nubes blancas que ocultan los montes.

– ¡Mi globo, mi globo! – grita desesperada.

El padre la sigue, la coge en brazos y le dice al oído:

– ¡Anda, bonita, no llores! Es imposible alcanzar tu globo pero yo, esta noche, te voy a contar un cuento de abejas…

Hace seis años, cuando era militar, me mandaron a un país lejano. Era un destino peligroso debido a los atentados terroristas que cometían los talibanes, que son hombres muy violentos.

¿Sabes, hija? Los talibanes desprecian a las mujeres, las encierran en las casas, las obligan a ir a todas partes bajo un manto azul con solo una mirilla por donde vislumbran el mundo. Mira, cúbrete la cabeza con el mantelito de crochet que tejió la abuela. ¿Verdad que ves muy mal? Como si estuvieras en una cárcel, detrás de una reja… Pues así viven las mujeres en Afganistán. Las más pobres visten harapos y piden comida por los mercados, casi siempre con niños hambrientos agarrados a sus mantos; son viudas, y en los años en que los talibanes gobernaron el país, pedían limosnas a las puertas de las mezquitas porque les estaba prohibido trabajar. Los talibanes impedían que las niñas como tú fueran a la escuela, tenían que permanecer enclaustradas en sus casas. No podían vestir trajes de colores, bailar, cantar, ni siquiera tener canarios y jilgueros. Llevaban una vida muy triste. Y a todos los que desobedecían sus terribles leyes, los castigaban sin piedad.

En Kabul, donde se encontraba nuestro cuartel, vivían Samira y su hermanita Sadaf. No tenían padre, lo habían matado los talibanes en la guerra. La madre de Samira trabajaba en una panadería cercana al Colegio Español Cometa, una de las pocas escuelas para niñas de Afganistán.

El Cometa estaba en un edificio nuevo, luminoso, muy alegre, con un jardincito amurallado, en un barrio residencial de Kabul. En la garita, un portero enorme protegía la escuela y a las niñas. La madre de Samira, la panadera, consiguió matricular a su hija en tan prestigioso colegio y, como no podía hacerse cargo de Sadaf, que tenía solo dos años, dejó a la pequeñita al cuidado de la abuela en la otra punta de la ciudad. Llevaba mucho tiempo sin verla porque trabajaba de sol a sol, y no tenía ni dinero ni vacaciones.

La panadera y su hija ocupaban un cuartucho adosado a la casa del patrón. La niña tenía diez años y era espabilada y muy trabajadora, la primera de su clase. Quería ser médica. Pero su plan se torció cuando su madre tuvo un accidente y murió por falta de hospital y medicinas.

A Samira la llevaron con la abuela a lomo de su borriquillo. Lloró amargamente varios días, echaba de menos a su madre, la escuela, sus amigas y a la maestra doña Pepita, que le había enseñado a hablar español. Samira quería viajar con ella a España para estudiar en la universidad.

La casa de la abuela de Samira se encontraba a las afueras de Kabul, muy cerca del aeropuerto. Era pequeñísima, apenas dos habitaciones sin muebles, unas alfombras descoloridas, un corral con un horno y una enorme chimenea para calentarse en invierno y cocinar.

Lo primero que hizo la anciana cuando llegó Samira fue cortarle el pelo a rape y vestirla con ropa de niño. Le había contado a los vecinos que su nieto Nasim había vuelto de Pakistán. Todo para que la niña pudiera salir de la casa a vender sus pasteles, y a buscar leña en un bosquecillo cercano. Al cabo de unos días de aparentar ser un niño, hasta su hermanita Sadaf la llamaba Nasim.

Por las mañanas bien temprano salía Samira al mercado a lomos de su burrito para vender los dulces. Y ya de vuelta a casa, si le sonreía la suerte y encontraba cajas o tablones viejos, los vendía por unos afganis para comprarse libros.

La niña estudiaba como podía, enseñaba a leer a su hermana y procuraba no jugar con los chicos del barrio por miedo a que la descubrieran. Solo se relacionaba con su vecino Ehsan, que conocía su secreto. Con él iba algunas tardes a volar cometas. Ehsan le hizo una preciosa de cien colores y le enseñó a manejarla. La abuela la dejaba ir con su amigo a regañadientes, tenía un genio de mil diablos y reprendía a Samira a gritos siempre que la veía leyendo. ¡Y la llamaba Nasim!

– Ya te enseñaré yo, Nasim. ¡A palos! De nada nos sirven los libros que la loca de tu madre te compraba. ¡Qué cabeza de chorlito…! Mira, yo no sabré leer pero me gano la vida preparando comidas en las bodas, y con mis pastelillos. Y ahora, a mi vejez, tengo que bregar el doble para sacaros adelante. Anda y vete a buscar leña, so zángano, ¿no ves que tu hermana llora de hambre y frío?

Pasó el tiempo y un día Samira recibió una carta de doña Pepita. Le anunciaba que estaba preparando su adopción y la de su hermana. Y que pronto las llevaría a su país, a una casa blanca, al ladito del mar.

Vivió Samira soñando su futuro en España pero, una tarde, doña Pepita se presentó en su casa con las maletas. Le contó entre lágrimas que su padre estaba muy enfermo y que debía regresar con urgencia a Almería para cuidarlo, pero muy pronto volvería a Kabul a por ellas. Fue por entonces cuando yo la conocí.

Marchábamos en un servicio de control por el barrio de Samira, que estaba al ladito del aeropuerto que nosotros defendíamos. Se había producido un atentado, menos mal que sin víctimas. Cuando ya regresábamos al cuartel, en un recoveco del camino, se nos cruzó un burro trotando como un loco. A lomos del pollino, Salaf se aferraba a los serones y Samira los perseguía chillando. Unos niños habían intentado robarle los pasteles y le habían dado de palos al pobre burrillo, que salió pitando hacia su cuadra como alma que lleva el diablo.

Salaf lloraba, estaba a punto de estrellarse contra el suelo. Entonces yo salté de la tanqueta y paré al animal. Y cuál fue mi sorpresa cuando me llegó la vocecita amable de la niña que me decía en perfecto español:

– Muchas gracias, señor soldado, ha salvado usted a mi hermana. Mi burro es bueno, pero lo han pegado y se ha asustado. ¡Mi pobre burrito! – Y le acarició las orejillas hasta tranquilizarlo.

Invité a unos helados a las niñas y Samira me contó su historia. Ya de camino a su casa, le apunté el número de mi teléfono por si alguna vez me necesitara. Y me despedí de ellas regalándoles todo el chocolate que llevábamos en las mochilas.

A los dos meses me llamó Samira angustiada. Su abuela estaba muy enferma y no podía hacerse cargo de ellas. Quería llevarlas a un orfanato.

Me presenté aquella misma tarde en su casa; estaba en orden y muy limpia. Salaf jugaba feliz con una muñeca de trapo. Samira me preparó un té de hierbabuena y me ofreció unos pastelitos de miel. ¡Estaban deliciosos! Los había hecho ella misma, como le había enseñado su abuela. Se encontraban en una situación desesperada. Debían pagar las medicinas y ya se les había acabado el poco dinero que tenían ahorrado, así que no podían comprar almendras, pistachos, pasas, nueces y miel.

– No nos queda ni un afgani, los ingredientes son muy caros – me dijo Samira sin una lágrima, era una niña muy fuerte-. Señor soldado, yo quiero quedarme en casa para cuidar a mi abuela y a Sadaf. No quiero que descubran que no soy Nasim; si saben que soy una niña, me castigarán, me separarán de Sadaf, me obligarán a cubrirme con un burka. ¡Me casarán con un viejo! Yo soy fuerte, puedo ganarme la vida en la fábrica de ladrillos donde trabaja mi amigo Ehsan.

Y yo me horroricé al oírla porque había visto a niños pequeñines acarreando pesados ladrillos de adobe. Zagalicos tristes, sin juegos, sin infancias… Aquel era un trabajo de hombres. Le prometí a Samira que intentaría ayudarla, le di todo el dinero que llevaba encima y, para distraerlas, las llevé al parque. Nos sentamos en un café. De pronto, una abeja bien gorda se posó en el vaso de refresco de Samira y la niña se la quedó mirando.

– ¡Qué linda, una abeja! – dijo. No le tenía miedo, la abeja se posó en su mano y no la picó.

Entonces se me ocurrió una estupenda idea: ¡le regalaría una de nuestras colmenas de Serón! Mi familia era apicultora, teníamos muchas colmenas en los montes de Los Filabres y un pequeño negocio de cera y miel.

– Samira, te voy a enseñar a sacar miel de las colmenas para tus pastelillos, hasta podrás venderla en tarros. ¡Y también velas! Te ganarás muy bien la vida.

Al fin la niña sonrió.

Aquella tarde le conté a Samira que se habían descubierto pinturas rupestres, de hace miles de años, con escenas de la recolección de la miel de colmenas silvestres. Y que, desde entonces, los apicultores gozaron de gran prestigio porque la miel era el único edulcorante hasta que, tras el descubrimiento de América, se difundió la caña de azúcar y la remolacha azucarera. Ella me preguntaba ilusionada, quería aprender todo sobre la crianza de las abejas y la obtención de los productos que estos laboriosos insectos elaboran.

Cuando regresé al cuartel, le pedí ayuda al comandante. Y al poco tiempo, y a pesar de ser un enorme engorro transportar una colmena desde los montes de Los Filabres a la lejana Afganistán en un avión de combate, las abejas de Serón llegaron a Kabul perfectamente, deseosas de libar las flores del parque cercano de la casa de Samira. Conseguimos un permiso municipal para que la niña colocara su colmena en un rincón poco transitado del jardín, junto a unos macizos de rosas y de árboles frutales. Y pusimos un gran letrero advirtiendo del peligro de acercarse.

Volví muchas tardes por allí; le enseñé a Samira a utilizar los utensilios del apicultor, como el ahumador, el cepillo de desabejar, la vestimenta especial y las técnicas y precauciones que se deben tomar. A Samira le encantaba trabajar vestida con su traje blanco «de astronauta», así lo llamaba ella.

¡Se hizo amiga de las abejas!

También le conté que las abejas están en peligro de extinción por el mal uso que hace el hombre de los pesticidas, por nuevas enfermedades y por el cambio climático. Y que su desaparición sería una auténtica catástrofe para la humanidad. Sin las abejas, morirían los vegetales por falta de polinización. Samira lo entendió perfectamente y me dijo, entusiasmada, que lucharía para protegerlas.

Todo marchaba bien, la abuela mejoraba con los cuidados de las niñas y con las pastillas que le llevó el doctor de nuestro regimiento. Hasta el día del Festival de las Cometas, la gran afición de los afganos.

En ese país las llaman gudiparan, que significa «muñecas voladoras». Pueden llegar a tener el tamaño de un hombre. Son muy flexibles y ligeras. Ehsan, el amigo de Samira, las hacía con madera de bambú y papel muy fino, casi siempre con forma de diamante. Él era el remontador, el gudiparan baz, el que sostiene la bobina de madera en donde se enrolla el cable; y ella, la charka gir, la que sujeta la cometa. Hacían un buen equipo, se compenetraban a la perfección.

Ehsan tenía cuatro años más que ella. Era un jovencito fuerte y decidido, acostumbrado a ganarse la vida desde que, a los siete años, sus padres lo pusieron a hacer ladrillos. Cuando conoció a Samira, al falso Nasim, trabajaba como conductor de uno de los carros que transportaban los ladrillos de la fábrica a las obras. Otro de esos conductores era un chico alborotador y pendenciero que se llamaba Malik. El muchacho no tenía familia, se había criado en la calle como un perrillo sin dueño. Malik envidiaba la amistad que se profesaban Ehsan y Nasim y el día del Festival de las Cometas estalló su odio.

La cometa nueva de Ehsan era tan grande como él, y llevaba pintada una graciosa abeja. Samira no había visto nunca una cometa tan majestuosa y rápida como la de su amigo. Cortaba el aire, a cada tironazo de Ehsan ascendía y bajaba como un cohete. Las cuchillas de su larguísima cola sajaban en un tris tras las cuerdas de las que se ponían en su camino. Al cabo de un rato de intensa lucha, solo quedaba en combate la de Malik, y también esta sucumbió a la abeja. Por una hábil maniobra de Ehsan, el dragón verde de Malik agonizó unos segundos cabeceando sin control hasta terminar estrellándose en un vertedero cercano.

De nada sirvieron las excusas de Ehsan. Malik no olvidó el ultraje.

Una noche de nieve, a la salida del trabajo, Malik siguió a su compañero. Ehsan cruzó el parque y entró en el recinto donde estaban las colmenas para echarles un vistazo. Entonces Malik, sin darle opción a defenderse, le atacó por la espalda con una estaca. Le golpeó en la cabeza y Ehsan cayó al suelo sin sentido. A la mañana siguiente, un jardinero vio a Ehsan en medio de un charco de sangre y lo llevó a su casa. ¡Las colmenas habían desaparecido!

Cuando se recuperó, Ehsan no denunció su agresión porque desconocía quién lo había intentado matar. Más que su cabeza magullada, a Ehsan le dolía el robo de las abejas de su amiga.

– ¡Ayúdame a encontrarlas, amigo! No podemos sobrevivir sin ellas, ¡ayúdame! – le suplicó Samira.

Y las buscaron sin descanso. Pero por mucho que preguntaron en los mercados, por muchos puestos que investigaron, no lograban localizar la deliciosa miel de las abejas filabreñas que Samira tan bien conocía. De las colmenas, ni rastro. Hasta que, ya desesperados y totalmente en la ruina, descubrieron el pastel.

Una mañana Ehsan se cruzó con el carro de Malik al salir de la fábrica. El rapaz intentó ocultarse la cabeza con un pañuelo pero fue inútil. ¡Llevaba la cara roja e hinchada, y como picada de viruela! Además, el carro no portaba ladrillos sino unos bultos sospechosos cubiertos con un plástico negro…

– ¡Las colmenas! – chilló Ehsan. Y salió como una exhalación detrás de Malik hasta que le dio alcance. Saltó de su carro al del ladronzuelo y lo tiró del pescante.

– ¡Si no me cuentas la verdad, rata inmunda, te meto la cabeza en una colmena! ¡Verás qué dulce es la miel que le robaste a Nasim!

Malik se arrojó del carro y puso pies en polvorosa. No volvieron a saber de él. Las abejas de Samira volvieron al parque, y al fin la niña respiró tranquila.

A los dos años del robo de las colmenas, doña Pepita se llevó a las hermanas a España. Ya eran sus hijas adoptivas. Ehsan se quedó en Kabul al cuidado del negocio. Doña Pepita le regaló al muchacho un ordenador para que, todas las noches, Samira pudiera hablar con él por Skype.

Abejas de Los Filabres es hoy una gran empresa, el mayor productor de miel de Afganistán. Y colorín colorado… ¡este cuento se ha acabado!

– Pero, papá, lo que me has contado… ¿es de verdad un cuento?

– Mañana conocerás a Samira, viene a Serón a por más abejas de nuestros montes. Volará pronto a Kabul para visitar a su amigo Ehsan y conocer la nueva fábrica de miel y velas. Ella te contará de nuevo esta historia que no es un cuento, hija, por fortuna, claro que no es un cuento.

CARMEN DE LA ROSA

ABRIL 2015

admin 18 diciembre, 2014 Leave A Comment Permalink