{"id":235,"date":"2015-05-18T10:53:23","date_gmt":"2015-05-18T10:53:23","guid":{"rendered":"http:\/\/turismoseron.es\/blog\/?p=235"},"modified":"2016-01-14T23:39:18","modified_gmt":"2016-01-14T23:39:18","slug":"historia-de-la-rebelion-y-castigo-de-los-moriscos-del-reino-de-granada-libro-sexto-capitulo-xxv","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/turismoseron.es\/blog\/historia-de-la-rebelion-y-castigo-de-los-moriscos-del-reino-de-granada-libro-sexto-capitulo-xxv\/","title":{"rendered":"HISTORIA DE LA REBELI\u00d3N Y CASTIGO DE LOS MORISCOS  DEL REINO DE GRANADA. Libro sexto Cap\u00edtulo XXV"},"content":{"rendered":"<h3 align=\"center\">Libro sexto<\/h3>\n<h3 align=\"center\">Cap\u00edtulo XXV<\/h3>\n<p align=\"center\">C\u00f3mo Aben Humeya envi\u00f3 a levantar los lugares del r\u00edo Almanzora, y la descripci\u00f3n de aquella tierra<\/p>\n<p>R\u00edo de Almanzora quiere decir r\u00edo de la vitoria. Tiene principio de una fuente que nace en el camino que va de Canilles de Baza a Ser\u00f3n, llamada Fuencaliente, y corriendo por un valle lleno de arboledas, va a dar a la villa de T\u00edjola, dejando en los cerros de la mano derecha, algo apartadas del r\u00edo, a Ser\u00f3n, el Deyre, Bayarca, L\u00facar, Sierro, Sofloy, Almu\u00f1a, Purchena, que tiene t\u00edtulo de ciudad, Olula, F\u00ednix, Lanteyra, Cantoria, L\u00edjar, C\u00f3dbar, Errax, el Borx, Alboleas, Sujura o Surgena, Overa, las Cuevas, Lubr\u00edn, Urriecal, Ante, V\u00e9dar, Serena, Teresea, Cabrera, Benitagla, Alb\u00e1nchez; y en la torre de Montroy, una legua a poniente de la ciudad de Vera, se mete en el mar Mediterr\u00e1neo. En las sierras que son a levante d\u00e9l yendo hacia la mar est\u00e1n Lucus, Somontin, Partaloba, C\u00f3dbar, Oria, Albox, V\u00e9lez el Rubio y V\u00e9lez el Blanco. Tiene a poniente la sierra de Bacares y la de Filabres, cuyo lugar principal se llama Tahal\u00ed. Los otros son Senes, Chercos, Alcudia, Alhabra, Benalguacil el alto, Benalguacil el bajo, Benicanon, Senimina, Xenecit, Castro, Ulela de Castro y Ulela del Campo. Y a tramontana, la hoya y comarca de Baza, donde est\u00e1n las villas de Canilles, Benamaurel, Z\u00fajar, Freyla, C\u00fallar, G\u00fc\u00e9scar, Castilleja, Orce, Galera, Cortes y otras; a levante tiene las sierras de los V\u00e9lez y de Moj\u00e1car, y a mediod\u00eda el mar Mediterr\u00e1neo. Toda esta tierra es abundante de pan y de legumbres; cr\u00edan los moradores mucha seda y muy buena, y tienen muchos ganados. En las laderas de las sierras de una parte a otra del r\u00edo hay hermosas arboledas de huertas, que se riegan con el agua de las fuentes que nacen dellas y corren a dar al r\u00edo principal, y las frutas todas son tempranas y muy sabrosas. La mayor parte de las villas tienen castillos antiguos puestos en sitios fuertes por naturaleza, y algunos son de calidad que con poco trabajo se podr\u00edan hacer inexpugnables. Quisieron los rebeldes levantar todos los pueblos deste r\u00edo, cuando levantaron a G\u00e9rgal, y por temor del marqu\u00e9s de los V\u00e9lez, que, como atr\u00e1s dijimos, entraba por aquella parte, lo dejaron de hacer. Este miedo les dur\u00f3 todo el tiempo que estuvo alojado en Terque; y como despu\u00e9s sali\u00f3 el marqu\u00e9s de Mond\u00e9jar de la Alpujarra, y el marqu\u00e9s de los V\u00e9lez se recogi\u00f3 en Berja y despu\u00e9s en Adra, acudiendo los moros por las sierras de G\u00e9rgal y de Bacares, comenzaron a hacer algunos saltos en el r\u00edo de Almanzora. De aqu\u00ed tom\u00f3 atrevimiento Aben Humeya de enviar a levantar aquella tierra; y and\u00e1ndolo tratando, un moro de los que estaban con \u00e9l fue al lugar de Almu\u00f1a, y queriendo consolar a la mujer y hijas de Jer\u00f3nimo el Maleh, que las ten\u00eda captivas el alcaide Diego Ram\u00edrez, les dijo que estuviesen de buen \u00e1nimo, porque dentro de quince d\u00edas tendr\u00edan libertad, y que el proprio Maleh ven\u00eda con mucha gente a levantar aquellos pueblos. Hab\u00eda hecho Diego Ram\u00edrez muy buen tratamiento a estas moriscas, y ten\u00edalas recogidas en casa de un morisco amigo suyo; y queriendo gratificarle la buena obra, le dijeron lo que el moro les hab\u00eda dicho, para que se pusiese con tiempo en cobro. El cual envi\u00f3 luego un correo a don Juan de Austria, suplic\u00e1ndole que enviase alguna gente de guerra con que poder asegurar aquella tierra antes que los moros entrasen en ella, porque de otra manera se perder\u00eda. Y como esto no se pudo hacer tan presto como la necesidad ped\u00eda, a 12 d\u00edas del mes de junio deste a\u00f1o de 1569 bajaron de la Alpujarra el Gorri de Andarax y el Peligui de G\u00e9rgal, y con ellos el Maleh y otros capitanes moros con m\u00e1s de cuatro mil hombres de pelea; y dando primero en Purchena, se hubieran de perder los cristianos que all\u00ed hab\u00eda, si el bachiller Rom\u00e1n, beneficiado de Macaela, que ven\u00eda de captiverio de la Alpujarra y hab\u00eda llegado la noche antes, no les avisara como dejaba junta aquella gente para venir a amanecer sobre ellos. Los cuales, viendo que en la fortaleza no hab\u00eda alcaide ni gente de guerra, aunque de sitio era muy fuerte, no osaron meterse dentro; y dej\u00e1ndola desamparada, se fueron huyendo a Oria y a Vera y a otras parte; por manera que cuando llegaron los moros hab\u00eda solas tres horas que se hab\u00edan salido de la ciudad, y solamente hicieron que los moriscos que moraban en ella se rebelasen, y a los que no quer\u00edan hacerlo, les daban muchos palos y los llevaban consigo maniatados. Hubo tres moriscos de los principales, que por no alzarse dejaron sus mujeres y hijos; los dos dellos se metieron en Oria, y el uno en Cantoria; los otros todos, cual de grado, cual por fuerza, se fueron con sus mujeres y lujos a la Alpujarra. Los moros robaron y destruyeron la iglesia, luego saquearon las casas de los cristianos, y mataron una mujer vieja que no hab\u00eda querido irse con los dem\u00e1s; y no queriendo dejar aquella fortaleza desamparada, por ser de la calidad que era, metieron gente de guerra dentro para sustentarla, y de la madera de los techos de la iglesia, que desbarataron, hicieron aposentos y reparos en ella, y levantaron una torre de tapier\u00eda hacia aquella parte. Hecho esto pasaron a Olula y a los otros lugares, y levantando los moriscos dellos, saquearon y destruyeron las iglesias y las casas de los cristianos, mas no mataron ninguno, porque se hab\u00edan puesto todos en cobro con el aviso de la mujer y hijas del Maleh. Los moriscos de Ser\u00f3n estuvieron tres d\u00edas que no se alzaron, porque los entretuvo Diego de Mirones, vecino de Madrid, que ten\u00eda la tenencia de aquel castillo por el marqu\u00e9s de Villena, cuya es aquella villa; el cual habiendo enviado su mujer y hijos a Castilla con los soldados que ten\u00eda de guarnici\u00f3n y con los vecinos cristianos que viv\u00edan en aquel lugar, que por todos ser\u00edan ciento y treinta hombres, se velaba con mucho cuidado; y cuando supo que los moros andaban alzando los lugares del r\u00edo. Recogi\u00f3 todas las mujeres cristianas en el castillo. Estando pues los alcaides moros en el r\u00edo, le enviaron a decir que por tenerle buena voluntad y pesarles de su trabajo, le aconsejaban que les entregase aquella fortaleza; y que si esto hac\u00eda, le dejar\u00edan ir con toda la gente que ten\u00eda dentro, y le acompa\u00f1ar\u00edan hasta ponerle en lugar seguro cerca de Baza; mas que si no lo hac\u00eda, supiese que no pod\u00edan dejar de pasar \u00e9l y con los que \u00e9l estaban por el rigor de la muerte. Diego de Mirones recibi\u00f3 la embajada con alegre semblante, y hizo dar de comer a dos moros que la llevaban, y sendos pares de alpargates que la pidieron; y despu\u00e9s les respondi\u00f3 que \u00e9l agradec\u00eda mucho a los alcaides la voluntad que mostraban a sus cosas; mas que el castillo le ten\u00eda por el marqu\u00e9s de Villena, a quien hab\u00eda escrito para ver lo que mandaba que hiciese d\u00e9l; y que venida la resoluci\u00f3n, que ser\u00eda muy en breve, podr\u00eda responderles con m\u00e1s certidumbre. Vueltos los dos moros con la respuesta, los alcaides entendieron que era dilaci\u00f3n, y dende a dos d\u00edas el Maleh y el Hanon fueron con todo el golpe de la gente sobre \u00e9l; y alzando los moriscos de la villa. Le tuvieron cercado doce d\u00edas; y al fin, viendo que se les defend\u00eda, y que no ten\u00edan artiller\u00eda con que poderle batir, ni se pod\u00eda ganar a batalla de manos, levantaron el cerco y fueron sobre Tahal\u00ed, lugar de don Enrique Enr\u00edquez; y alz\u00e1ndose los moriscos del lugar, cercaron y combatieron el castillo, donde estaba don \u00c1lvaro de Luna, vecino de Bazar, con cincuenta soldados. Lo primero que hicieron fue acometer el reducto o rebeli\u00f3n, y pic\u00e1ndole, hicieron un portillo, y entraron dentro, y sacaron dos caballos que estaban en una caballeriza. Luego enviaron a requerir al alcaide que se rindiese, diciendo que por ser aquel lugar de don Enrique Enr\u00edquez har\u00edan todo buen tratamiento a los que estaban dentro con \u00e9l, y los dejar\u00edan ir libremente con sus armas y bienes muebles donde quisiesen; y aunque sobre esto hubo demandas y respuestas, estando el alcaide suspenso entre temor y esperanza, al fin acept\u00f3 el partido con que le diesen solos dos d\u00edas de t\u00e9rmino, y los moros alzaron el cerco. Esto hizo don \u00c1lvaro de Luna contra la voluntad de un morisco llamado Juan Alguacil y de un hijo suyo, de los m\u00e1s ricos de aquel lugar, que se hab\u00edan recogido con \u00e9l en el castillo; los cuales le requirieron que no lo rindiese, porque ellos se ofrec\u00edan a defenderle con la gente que all\u00ed hab\u00eda, mas no le pudieron convencer, antes se enoj\u00f3 con ellos y los meti\u00f3 en una mazmorra, y dentro del t\u00e9rmino que los alcaides le hab\u00edan dado sali\u00f3 d\u00e9l con todos los soldados y cinco mujeres vestidas en h\u00e1bito de hombres, y se fue a la ciudad de Almer\u00eda. Los moros entraron en el castillo, y hallando en la mazmorra aquellos dos moriscos los sacaron fuera y los ahorcaron luego, no sin grand\u00edsima nota del que los hab\u00eda dejado all\u00ed. Certific\u00e1ronnos personas que dijeron haberse hallado presentes, que murieron cristianos, diciendo que mor\u00edan por no ser traidores a Dios ni al Rey. Ganado el castillo de Tahal\u00ed, los moros pasaron a Cantoria, y teniendo cercada aquella villa solo un d\u00eda, se les dio, porque eran todos los vecinos moriscos. Y por esta orden fueron levantando todos los otros lugares del r\u00edo, excepto a Oria, las Cuevas a Ser\u00f3n, que se defendieron los castillos por entonces.<\/p>\n<p align=\"right\">Transcripci\u00f3n del cap\u00edtulo XXV del libro \u201cHistoria de la rebeli\u00f3n y castigo de los moriscos del Reino de Granada\u201d, de Luis del M\u00e1rmol Carvajal, historiador espa\u00f1ol.<\/p>\n<p align=\"right\">Hemos respetado la ortograf\u00eda y sintaxis del original.<\/p>\n<h3 align=\"center\">Libro sexto &#8211; Cap\u00edtulo XXVI<\/h3>\n<p align=\"center\"><b>C\u00f3mo los moros volvieron a cercar el Castillo de Ser\u00f3n, y yendo a socorrerle don Alonso de Carvajal, se le mand\u00f3 que no fuese, y se volvi\u00f3 a su villa de J\u00f3dar<\/b><\/p>\n<p>Queriendo pues Aben Humeya acabar de ocupar todos los lugares del r\u00edo de Almanzora para hacer la guerra por aquella parte, recogi\u00f3 el mayor n\u00famero de gente que pudo, y se fue a poner en la sierra de Bacares, y desde all\u00ed envi\u00f3 un alcaide, llamado el Mecebe, sobre el castillo de Ser\u00f3n; el cual le cerc\u00f3 con cinco mil moros, a 10 d\u00edas del mes de junio deste a\u00f1o, con grandes regocijos y algazaras. El alcaide Diego de Mirones envi\u00f3 luego un soldado a Baza para que desde all\u00ed se diese aviso a su majestad y a don Juan de Austria del estado en que estaba; el cual sali\u00f3 de parte de noche, y pudo hacer el efeto a que iba sin que los moros se lo estorbasen. Mas ya en este tiempo don Juan de Austria sab\u00eda por algunas esp\u00edas como los moros se aprestaban para ir sobre el castillo, y se hab\u00eda tratado del remedio, y tom\u00e1dose resoluci\u00f3n en el Consejo en que convendr\u00eda que fuese a socorrerle suficiente n\u00famero de gente, por si fuese menester pelear con el enemigo en campa\u00f1a; y porque no la hab\u00eda de ordenanza que pudiese ir con la brevedad que el negocio requer\u00eda, acordaron de cometerlo a don Alonso de Carvajal, se\u00f1or de J\u00f3dar, encarg\u00e1ndole que juntase el mayor n\u00famero de gente que pudiese de sus deudos, amigos y vasallos, y hiciese aquel socorro. Este acuerdo hab\u00eda sido muy acertado, si otra provisi\u00f3n no lo interrompiera; porque su majestad, siendo avisado del cerco, escribi\u00f3 aquellos mesmos d\u00edas al marqu\u00e9s de los V\u00e9lez que procurase socorrer aquella fuerza, pareci\u00e9ndole que por tener su campo junto en Adra, nadie lo podr\u00eda hacer con m\u00e1s brevedad. El aviso desta orden lleg\u00f3 a don Juan de Austria a tiempo que don Alfonso de Carvajal iba la vuelta de Baza con mil y quinientos arcabuceros y ciento y cincuenta caballos, y muchos caballeros y hijosdalgo de \u00dabeda y Baeza, amigos y allegados de su casa. Y casi a un mesmo tiempo, estando un d\u00eda don Juan de Austria con los del Consejo, le lleg\u00f3 un correo con carta del marqu\u00e9s de los V\u00e9lez, en que dec\u00eda que habi\u00e9ndole su majestad cometido el socorro del castillo de Ser\u00f3n, y viendo cu\u00e1n malo lo pod\u00eda hacer, por la distancia que hab\u00eda desde Adra, le hab\u00eda parecido que podr\u00eda ir a hacerlo en su lugar una de tres personas, Juan Rodr\u00edguez de Villafuerte Maldonado, corregidor de Granada, don Luis de C\u00f3rdoba, o don Rodrigo de Benavides, con mil y quinientos infantes y trecientos caballos, que era n\u00famero suficiente y necesario para aquel efeto. Esta carta puso en confusi\u00f3n a los del Consejo por el inconveniente que tra\u00eda, y estuvieron suspensos, no se determinando si pasar\u00eda adelante don Alonso de Carvajal con la orden que llevaba de don Juan de Austria, o si se le mandar\u00eda que parase. Luis Quijada dec\u00eda que no se deb\u00eda hacer otra provisi\u00f3n sobre la que su majestad hab\u00eda hecho en el marqu\u00e9s de los V\u00e9lez; el Presidente porfiaba que la que don Juan de Austria hab\u00eda hecho en don Alonso de Carvajal, pues el Consejo supremo no proveyera lo contrario si supiera lo que \u00e9l ten\u00eda prove\u00eddo, era la que se hab\u00eda de guardar, porque ten\u00eda poder y facultad para poderlo hacer, como capit\u00e1n general; mayormente que se hab\u00eda de mirar el inconveniente que se presentaba de perder aquel castillo con cualquiera dilaci\u00f3n, poniendo ejemplo en que en tiempo del emperador don Carlos, habiendo \u00e9l mesmo prove\u00eddo la plaza de maese de campo del tercio de N\u00e1poles, que estaba vaca, en un caballero particular, teni\u00e9ndola prove\u00edda el visorrey don Pedro de Toledo en otro, se hab\u00eda determinado que la provisi\u00f3n del Visorrey se hab\u00eda de cumplir, pues siendo capit\u00e1n general, hab\u00eda podido proveerla. Deste parecer, fueron la mayor parte del Consejo; mas don Juan de Austria se arrim\u00f3 a lo que Luis Quijada dec\u00eda, y se resolvi\u00f3 en que don Alonso de Carvajal se volviese, porque lleg\u00f3 luego otra carta del marqu\u00e9s de los V\u00e9lez, avisando como, por parecerle que hab\u00eda dificultad en ir a hacer aquel socorro uno de los tres caballeros que hab\u00eda se\u00f1alado, lo hab\u00eda cometido a don Enrique Enr\u00edquez, su cu\u00f1ado, que estaba m\u00e1s a la mano en Baza. Toda esta diligencia que el marqu\u00e9s de los V\u00e9lez hac\u00eda, se entendi\u00f3 que era para deshacer la provisi\u00f3n de don Alonso de Carvajal, de que ya estaba avisado, queriendo enviar persona de su mano. Era el marqu\u00e9s de los V\u00e9lez valeroso y esforzado caballero y muy discreto; mas no se pod\u00eda determinar cu\u00e1l era en \u00e9l mayor extremo, su esfuerzo, valent\u00eda y discreci\u00f3n, o la arrogancia y ambici\u00f3n de honra, acompa\u00f1ada de aspereza de condici\u00f3n, a que demasiadamente era inclinado. Volviendo pues a nuestra historia, don Juan de Austria escribi\u00f3 luego a don Alonso de Carvajal, mand\u00e1ndole que en el lugar que le alcanzase aquella carta parase y se volviese a su casa, y agradeciese de su parte a la gente que llevaba la voluntad con que se hab\u00eda movido a hacer aquella jornada, la cual conven\u00eda que parase por algunos respetos que hab\u00eda parecido al Consejo; y alcanz\u00e1ndole el correo en C\u00fallar, una legua antes de llegar a Baza, se volvi\u00f3 bien desgustado, por no dejarle llegar a hacer el efeto para que hab\u00eda salido. Dejemos agora el socorro deste castillo; que hubo hartas controversias en \u00e9l, por encontrarse las dos provisiones, y vamos a echar los moriscos del Albaic\u00edn de Granada; cosa en que hac\u00edan grand\u00edsima instancia el Presidente y el duque de Sesa; pareci\u00e9ndoles que aquella gente no era de provecho, y podr\u00eda ser muy da\u00f1osa teni\u00e9ndola en la ciudad.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"right\">Transcripci\u00f3n del cap\u00edtulo XXV del libro \u201cHistoria de la rebeli\u00f3n y castigo de los moriscos del Reino de Granada\u201d, de Luis del M\u00e1rmol Carvajal, historiador espa\u00f1ol.<\/p>\n<p align=\"right\">Hemos respetado la ortograf\u00eda y sintaxis del original.<\/p>\n<h3 align=\"center\">Libro sexto &#8211; Cap\u00edtulo XXVIII<\/h3>\n<p align=\"center\"><b>C\u00f3mo don Enrique Enr\u00edquez envi\u00f3 a don Antonio Enr\u00edquez, su hermano, en socorro del castillo de Ser\u00f3n, y los moros le desbarataron<\/b><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En este tiempo los moros apretaban reciamente a los cristianos que ten\u00edan cercados en el castillo de Ser\u00f3n; y don Juan de Austria, siendo avisado que don Enrique Enr\u00edquez estaba mal dispuesto, y que no pod\u00eda ir a hacer aquel socorro por su persona, como el marqu\u00e9s de los V\u00e9lez dec\u00eda, acord\u00f3 de enviar a ello a don Luis de C\u00f3rdoba, uno de los tres caballeros que \u00a0hab\u00eda se\u00f1alado al principio; y mientras se aparejaba la gente que hab\u00eda de ir, y se daba orden en las cosas necesarias para la jornada, envi\u00f3 delante al capit\u00e1n Antonio Moreno; el cual adoleci\u00f3 en Baza, de cuya causa se procedi\u00f3 en el socorro m\u00e1s lenta y espaciosamente de lo que conven\u00eda, y sucedieron los inconvenientes que adelante diremos; porque vi\u00e9ndose el alcaide Diego de Mirones en grand\u00edsimo trabajo por la falta de agua para tanta gente como ten\u00eda dentro, a culpa de los mesmos soldados y vecinos, que por ocuparse en robar las casas del lugar cuando se fueron los moriscos, no hab\u00edan querido henchir el aljibe, que les fuera de m\u00e1s provecho que los viles despojos que metieron en el castillo, hizo que se descolgasen por el muro de parte de noche tres soldados grandes ar\u00e1bigos, y les mand\u00f3 que lo m\u00e1s encubiertamente que pudiesen pasasen por el campo de los enemigos cada uno por su parte, y fuesen a dar aviso a la ciudad de Baza del estado en que le dejaban, y dijesen a don Enrique Enr\u00edquez que le enviase socorro; y que de vuelta procurasen traer alguna p\u00f3lvora a cuestas, como mejor pudiesen; avis\u00e1ndoles que cuando tornasen, si viesen que no pod\u00edan llegar al castillo con seguridad, hiciesen una ahumada de d\u00eda en el cerro del Javea, que est\u00e1 dos leguas de Ser\u00f3n a la parte de Baza; y si les respondiesen a ella desde la torre del homenaje, llegasen; y si no, se volviesen. Salieron estos tres soldados del castillo, de la manera que hemos dicho, d\u00eda de San Pedro, a 29 de juno, y fueron tan venturosos, que pasaron por medio del campo de los moros sin ser conocidos, y llegaron a Baza y dieron su recaudo a don Enrique; el cual no fue a hacer el socorro, por estar enfermo, ni lo envi\u00f3 por entonces, porque no ten\u00eda cantidad de gente para ello y estaba aguardando que le viniese de fuera; y haciendo dar a cada uno dellos un zurr\u00f3n de p\u00f3lvora, los despidi\u00f3, mand\u00e1ndoles que dijesen al alcaide Mirones que con mucha brevedad le socorrer\u00eda, y que se entretuviese lo mejor que pudiese. Sucedi\u00f3 pues que los moriscos que moraban dentro la ciudad de Baza vieron los tres soldados, y supieron lo que iban a tratar, porque ten\u00edan esp\u00edas dentro de la casa del proprio don Enrique; y para dar aviso a los moros tomaron las se\u00f1as dellos, y despacharon un morisco al alcaide Mecebe, avis\u00e1ndole que si acudiesen al campo, tuviese cuenta con prenderlos; el cual us\u00f3 de un ardid de guerra que le pudiera aprovechar, y fue mandar que algunos moros aljamiados se llegasen a castillo, y dijesen como los tres cristianos que hab\u00edan enviado a Baza eran muertos, y diesen las proprias se\u00f1as que ten\u00edan, y les persuadiesen a que se rindiesen, pues ya no ten\u00edan remedio, sino que se hab\u00edan de perder. Mas los cercados entendieron luego que no era verdad lo qu\u00e9 dec\u00edan, porque los soldados hab\u00edan hecho la ahumada que se les hab\u00eda mandado en el cerro del Javea, y no les hab\u00edan respondido, y entendieron claramente que se hab\u00edan vuelto a Baza, conforme a la orden que llevaban; antes tomaron alguna manera de consuelo, por entender que habr\u00edan pasado a dar su recaudo. No mucho despu\u00e9s don Enrique acord\u00f3 de enviar el socorro con don Antonio Enr\u00edquez, su hermano, aunque fue muy flaco, porque no llev\u00f3 m\u00e1s de quinientos arcabuceros y sesenta caballos, con orden que entrase por el paraje de L\u00facar, que cae tres leguas de Ser\u00f3n en el mesmo r\u00edo. Con esta gente lleg\u00f3 don Antonio Enr\u00edquez a L\u00facar, y hallando solas las mujeres en las casas, y doce moros que se hab\u00edan hecho fuertes en el castillo, no quiso detenerse en combatirle; antes viendo que hac\u00edan grandes ahumadas, apellidando la tierra, y entendiendo que se juntar\u00eda mucha gente contra \u00e9l, dio vuelta hacia Baza sin llegar a Ser\u00f3n; y no se enga\u00f1\u00f3 mucho, porque el Mecebe con toda su gente acudi\u00f3 luego a las ahumadas. Y estando en el cortijo del Jauca, que apenas acababan de llegar a \u00e9l, dieron sobre ellos; y hall\u00e1ndolos desapercebidos, con improviso acometimiento los desbarataron; y matando m\u00e1s de docientos soldados, pusieron los dem\u00e1s en huida; y cargados de armas y despojos, volvieron aquel d\u00eda a Ser\u00f3n, haciendo grandes alegr\u00edas por la vitoria. Luego envi\u00f3 el Mecebe un recaudo a Mirones, diciendo que no porfiase m\u00e1s en su vana defensa, que le hab\u00eda de aprovechar poco, porque le hac\u00eda saber como todos los cristianos que iban a socorrerle eran muertos, y ofreci\u00e9ndole cualquier partido que pidiese si determinaba de entregarle aquel castillo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"right\">Transcripci\u00f3n del cap\u00edtulo XXVIII del libro \u201cHistoria de la rebeli\u00f3n y castigo de los moriscos del Reino de Granada\u201d, de Luis del M\u00e1rmol Carvajal, historiador espa\u00f1ol.<\/p>\n<p align=\"right\">Hemos respetado la ortograf\u00eda y sintaxis del original.<\/p>\n<h3 align=\"center\">Cap\u00edtulo XXIX<\/h3>\n<p align=\"center\">C\u00f3mo Diego de Mirones sali\u00f3 a buscar socorro, y fue preso, y los cercados rindieron el castillo de Ser\u00f3n<\/p>\n<p>Entendiendo pues los cercados que deb\u00eda de haber alguna rota de nuestra parte, porque la p\u00f3lvora con que los moros tiraban era de mejor respuesta que la con que hab\u00edan tirado hasta all\u00ed, as\u00ed por esto, como por ver los grandes regocijos que por todo el campo hac\u00edan, comenzaron a desmayar; y estando en gran confusi\u00f3n, vieron asomar cincuenta de a caballo, que don Enrique enviaba a que diesen vista al castillo desde lejos para entretener a los cercados en esperanza, mientras llegaba don Luis de C\u00f3rdoba con la gente que iba de Granada; porque ten\u00eda aviso que le enviaba don Juan de Austria a hacer aquel socorro. Estos caballos los pusieron en mayor confusi\u00f3n, porque como dieron luego la vuelta sin llegar al castillo, entendieron que iban huyendo. Creciendo pues cada hora el temor y la falta del agua, que los aquejaba mucho, Diego de Mirones determin\u00f3 de salir en persona con treinta arcabuceros de parte de noche, y rompiendo por medio del campo de los enemigos, ir a buscar socorro antes que la gente pereciese de sed. Con este acuerdo sali\u00f3, y arcabuce\u00e1ndose con los moros, pas\u00f3 por todos ellos sin perder hombre; y pusi\u00e9ranse en salvo con mucha facilidad si los soldados, que iban muertos de sed, no se detuvieran tanto en el r\u00edo bebiendo, que los moros tuvieron lugar de alcanzarlos; los cuales tom\u00e1ndoles los pasos por diferentes partes, siguiendo el rastro de las cuerdas que llevaban encendidas, dieron con catorce dellos, y los mataron; los otros diez y seis pudieron salvarse con la escuridad de la noche, y llegaron otro d\u00eda a Baza. Diego de Mirones, que iba a caballo, anduvo toda la noche perdido de un barranco en otro, con un solo mozo que le pudo seguir; y como no era pr\u00e1tico en la tierra, despu\u00e9s de cansado de dar vueltas, dej\u00f3 ir el caballo por donde quiso; y cuando crey\u00f3 estar cerca de Canilles, en la hoya de Baza, se hall\u00f3 en las vi\u00f1as de Ser\u00f3n, porque como el caballo hab\u00eda sido criado en aquel lugar, volvi\u00f3 a la querencia. Y descubri\u00e9ndole \u00a0los moros que estaban en las atalayas, bajaron a \u00e9l y le tomaron los pasos; y al fin, no se pudiendo menear ya el caballo de cansado, le prendieron. Con esta prisi\u00f3n fueron los enemigos muy alegres, porque entendieron que se les entregar\u00edan luego los cercados; y llev\u00e1ndole a la tienda del Mecebe, donde estaba tambi\u00e9n el Maleh, que hab\u00eda venido aquellos d\u00edas al campo, trataron con \u00e9l que si hac\u00eda que los cristianos rindiesen el castillo, les dar\u00edan libertad a \u00e9l y a cuantos hab\u00eda dentro, chicos y grandes, hombres y mujeres, con que dejasen las armas y no llevasen consigo m\u00e1s de cada ocho reales; y entre ruego y amenazas le dijeron que si no lo hac\u00edan, le dar\u00edan cruel\u00edsima muerte. Vi\u00e9ndose Diego de Mirones preso, y sabiendo el trabajo que hab\u00eda dentro del castillo, y cu\u00e1n mal se pod\u00eda ya sustentar, creyendo que los moros cumplir\u00edan su palabra, tuvo este medio por razonable; y llev\u00e1ndole maniatado a una casa junto a la puerta del castillo, llam\u00f3 a Gonz\u00e1lez, su escribano, y a otros cristianos por sus nombres, y les dio cuenta de su desventura, y les rog\u00f3 que saliese uno dellos debajo de seguro a tratar de partido, porque los alcaides le hac\u00edan tal, que le parec\u00eda que no era de desechar. Luego sali\u00f3 el escribano, y con \u00e9l otros tres cristianos, que hicieron sus capitulaciones con los alcaides de la manera que dijimos, con aquellas condiciones; y a 11 de julio deste a\u00f1o de 1569 entregaron el castillo a los moros; mas los enemigos de Dios no les guardaron nada de cuanto les prometieron, porque tomaron las mujeres y ni\u00f1os por esclavos, y mataron cruelmente todos los hombres, y entre ellos dos cl\u00e9rigos de misa, y cuatro mujeres viejas. Y como dijese un moro vecino de Ser\u00f3n al Maleh que c\u00f3mo permit\u00eda que se hiciese un tan mal hecho como aquel, mostr\u00f3 una carta de Aben Humeya, por la cual le mandaba que no diese vida a cristiano que pasase de doce a\u00f1os, y que luego le enviase a Diego de Mirones y a todas las mujeres a Bacares. Mataron este d\u00eda ciento y cincuenta cristianos, y fueron captivas ochenta mujeres. Otro d\u00eda siguiente llegaron a vista de Ser\u00f3n don Antonio Enr\u00edquez y el capit\u00e1n Antonio Moreno, que llevaban la vanguardia del socorro; y hallando las calles llenas de cuerpos de cristianos muertos y el castillo ocupado de moros, se volvieron; y lo mismo hizo don Luis de C\u00f3rdoba desde el camino, cuando supo que era perdido Ser\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3 align=\"center\">Cap\u00edtulo VII<\/h3>\n<p align=\"center\">C\u00f3mo don Juan de Austria fue a reconocer a Ser\u00f3n y los moros le desbarataron, y la muerte de Luis Quijada<\/p>\n<p>La propria noche que don Garc\u00eda Manrique volvi\u00f3 a Canilles, se tom\u00f3 resoluci\u00f3n de que fuesen a reconocer a Ser\u00f3n dos mil arcabuceros escogidos y docientos caballos, porque conven\u00eda mucho entender bien la disposici\u00f3n que hab\u00eda, para cercar la villa de manera que no le pudiese entrar socorro, y que los cuarteles se pudiesen socorrer los unos a los otros cuando fuese menester; cosa que dificultaban mucho todos los que hab\u00edan estado en aquel pueblo, diciendo que era tierra muy quebrada, y que por haber falta de agua en algunas partes, no se pod\u00eda bien cercar. Don Juan de Austria quiso ir personalmente con esta gente, y acompa\u00f1ado del comendador mayor de Castilla y de Luis Quijada y de otros caballeros y gentileshombres de su casa, parti\u00f3 del lugar de Canilles a las nueve de la noche. Llevaba tres compa\u00f1\u00edas de caballos, una del duque de Medina-Sidonia, cuyo capit\u00e1n era Francisco de Mendoza, vecino de Gibraltar; otra de la ciudad de Jerez de la Frontera, que llevaba don Luis de \u00c1vila, por indisposici\u00f3n de don Mart\u00edn de \u00c1vila, su hermano, que era el capit\u00e1n; y la tercera del adelantamiento de Cazorla, y capit\u00e1n della Hernando de Quesada. Con la infanter\u00eda iban el maese de campo don Lope de Figueroa, y don Miguel de Moncada, y Juan de Espuche, y otros capitanes y gentileshombres de cuenta. Caminando pues toda aquella noche sin parar, a la hora que amanec\u00eda se embosc\u00f3 la infanter\u00eda en unas quebradas que est\u00e1n antes de llegar a Ser\u00f3n en la propria falda de la sierra; y pasando adelante don Garc\u00eda Manrique con cien lanzas de la compa\u00f1\u00eda del duque de Medina, se le dio orden que entrase al galope por el r\u00edo abajo, dando muestra a los enemigos que iba a reconocer la villa, porque si hubiese algunos moros emboscados, saliesen a \u00e9l; el cual lleg\u00f3 desta manera hasta la empalizada que dijimos; y viendo que no sal\u00eda nadie, volvi\u00f3 hacia donde hab\u00eda dejado la otra gente. Viendo pues don Juan de Austria que los moros no hab\u00edan salido como la otra vez, mand\u00f3 a don Francisco de Mendoza que con sus cien lanzas y algunos caballos m\u00e1s fuese por el r\u00edo abajo, y se pusiese de la otra parte de Ser\u00f3n en el paso por donde pod\u00edan venir moros de T\u00edjola y de Purchena. Y haciendo de la infanter\u00eda dos escuadrones, el uno dio a Luis Quijada para que fuese por la ladera de la mano derecha del r\u00edo, y con \u00e9l Juan de Espuche; y el otro dio al comendador mayor de Castilla para que fuese ocupando la otra parte del r\u00edo hacia la mano izquierda, y con \u00e9l don Lope de Figueroa; y por el lecho del r\u00edo mand\u00f3 ir la gente de a caballo con su gui\u00f3n, qued\u00e1ndose \u00e9l con los alabarderos de la guardia y algunos gentileshombres, y obra de cien soldados en un cerro que descubr\u00eda toda aquella tierra; porque el Comendador mayor y Luis Quijada no le consintieron pasar adelante, hasta que se entendiese que estaba todo el r\u00edo seguro de emboscada, y que podr\u00eda llegar cerca de la villa sin peligro de su persona, que era lo que m\u00e1s se procuraba. Con esta orden camin\u00f3 toda la gente, y comenzando los moros a hacer ahumada, acudieron muchos de todos aquellos cerros con sus banderas; y as\u00ed los de Ser\u00f3n como los que ven\u00edan de otras partes, poni\u00e9ndose en los recuestos, comenzaron a tirar de mampuesto con las escopetas a la gente de a caballo que iba por medio del r\u00edo; de cuya causa mand\u00f3 don Juan de Austria que se subiese su gui\u00f3n donde \u00e9l estaba, porque receb\u00edan da\u00f1o los que le acompa\u00f1aban, tir\u00e1ndoles los enemigos como a terrero. Tello Gonz\u00e1lez de Aguilar, que iba esta jornada con solos cuatro escuderos de su compa\u00f1\u00eda cerca de la persona de don Juan de Austria, y acompa\u00f1aba el estandarte, con otros caballeros y gentileshombres, pasaron adelante, y fueron a juntarse con el escuadr\u00f3n de Luis Quijada, que marchaba poco a poco buscando lugar dispuesto para poder acometer a los moros, que ocupaban las cumbres de aquellos cerros; el cual llegando en el paraje de una atalaya antigua, que estaba frontero de la villa en un cerro antes de llegar al camino que sube del r\u00edo, reparti\u00f3 la gente en dos partes: la una dio a Tello Gonz\u00e1lez de Aguilar para que subiese derecho a la torre; y con la otra subi\u00f3 \u00e9l por cerca del camino que va a Ser\u00f3n. Y subiendo animosamente los soldados escaramuzando con los enemigos, fueron retir\u00e1ndolos hasta la propria villa; y no os\u00e1ndolos tampoco aguardar all\u00ed, la desampararon, y se subieron a una sierra alta que est\u00e1 por cima de las casas. Las moras corrieron luego a meterse en el castillo, donde estaban muchos moros, que no cesaban de hacer ahumadas llamando socorro. A este tiempo lleg\u00f3 la gente del escuadr\u00f3n que llevaba don Lope de Figueroa, y entrando los soldados por las casas, comenzaron a desmandarse, y algunos fueron por las calles hasta llegar a las puertas del castillo y captivaron muchas moras de las que iban a meterse dentro; y muchos cudiciosos, teniendo m\u00e1s cuenta con el interese que con la honra de la naci\u00f3n, se encerraron en las casas para guarecer la presa que hab\u00edan ganado. Mientras esto se hac\u00eda, el Comendador mayor y Luis Quijada comenzaron a reconocer la villa, y andando mirando la disposici\u00f3n de aquella tierra, se descubrieron m\u00e1s de seis mil moros, que \u00a0 \u2014316\u2192 \u00a0 acudieron a las ahumadas de T\u00edjola y de Purchena y de los otros lugares del r\u00edo, con Hernando el Habaqu\u00ed y el Maleh y otros capitanes moros; los cuales llegaron donde estaba el capit\u00e1n Francisco de Mendoza a tiempo que la mayor parte de los escuderos se le hab\u00edan ido a saquear las casas de la villa; y no se hallando poderoso para resistir a tan gran golpe de enemigos, comenz\u00f3 a retirarse, tocando arma, por el r\u00edo arriba. El Comendador mayor y Luis Quijada enviaron a don Miguel de Moncada con cantidad de caballos y de infantes a que le socorriese y reforzase la guardia de aquel paso; mas ya cuando lleg\u00f3 era tarde, porque encontr\u00f3 los caballos que ven\u00edan retir\u00e1ndose a m\u00e1s andar; y los unos y los otros se retiraron, dejando libre el paso a los enemigos. A esto acudi\u00f3 luego el Comendador mayor en persona, y con mucha brevedad y presteza hizo un cuerpo de los soldados y caballos que pudo recoger, donde se favorecieron los que ven\u00edan desmandados. Por otra parte los moros, hallando el paso desocupado, subieron hacia Ser\u00f3n; y junt\u00e1ndose con ellos los que hab\u00edan salido huyendo de la villa, entraron por la parte alta; y hallando a nuestra gente desordenada, ocupados los soldados en robar, mataron muchos de los que se les opusieron; otros arrojaron vilmente las armas y dieron a huir, no siendo parte los m\u00e1s animosos para detenerlos. Don Lope de Figueroa fue herido de un escopetazo en un muslo; y mat\u00e1ranle si los escuderos de \u00c9cija no le retiraran. Estos escuderos libraron tambi\u00e9n al compa\u00f1ero, que los turcos de a caballo hab\u00edan captivado y le ten\u00edan en una mazmorra. Fue tanto el temor y poca verg\u00fcenza de algunos soldados este d\u00eda, que pareci\u00f3 ira del cielo, porque sin aguardarse unos a otros, no sabiendo por d\u00f3nde poner las espaldas a los enemigos huyendo, ni por d\u00f3nde el pecho peleando, iban de corrida hasta el r\u00edo un buen cuarto de legua, y aun all\u00ed no se ten\u00edan por seguros. En tanta desorden don Juan de Austria baj\u00f3 del cerro donde estaba, y acudi\u00f3 animosamente a mostrarse a nuestros cristianos, para que hiciesen rostro, o a lo menos se retirasen con orden, dici\u00e9ndoles: \u00ab\u00bfQu\u00e9 es esto, espa\u00f1oles? \u00bfDe qu\u00e9 hu\u00eds? \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 la honra de Espa\u00f1a? \u00bfNo ten\u00e9is delante a don Juan de Austria, vuestro capit\u00e1n? \u00bfDe qu\u00e9 tem\u00e9is? Retiraos con orden, como hombres de guerra, con el rostro al enemigo, y ver\u00e9is presto arredrados estos b\u00e1rbaros de vuestras armas\u00bb. Con estas y otras palabras animaba y recog\u00eda los soldados, metido en el com\u00fan peligro, porque los moros crec\u00edan, yendo siempre ejecutando su vitoria. Este d\u00eda, andando Luis Quijada recogiendo la gente y poni\u00e9ndola en escuadr\u00f3n, fue herido de un escopetazo en el hombro, que le entr\u00f3 la pelota en lo hueco; y don Juan de Austria mand\u00f3 retirarle luego y que Tello Gonz\u00e1lez de Aguilar con los caballos de Jerez de la Frontera le llevase a curar a Canilles; y con toda la otra gente se fue retirando lo mejor que pudo con grande ejemplo de su invicto valor, acudiendo a todas las necesidades con peligro de su persona, porque le dieron un escopetazo en la cabeza sobre una celada fuerte que llevaba, que a no ser tan buena, le mataran. Finalmente los moros, habiendo seguido m\u00e1s de un cuarto de legua a nuestros cristianos y hecho poco da\u00f1o en la retaguardia, se volvieron aquella noche a Ser\u00f3n, y don Juan de Austria pas\u00f3 a Canilles. Hubo algunos soldados de los que entraron en la villa, que no se pudiendo retirar, se hicieron fuertes en las casas y en las iglesias, y pelearon tres d\u00edas con los moros, defendi\u00e9ndose hasta que les pegaron fuego y los quemaron dentro. Murieron este d\u00eda seiscientos hombres de nuestra parte y de los enemigos hubo fama que cuatrocientos, y hubo muchas moras captivas. Perdimos con la reputaci\u00f3n m\u00e1s de mil arcabuces y espadas. Teniendo ganada la villa, los moros quedaron ufanos por aquella vitoria, y hicieron grandes regocijos. Estuvo nuestro campo algunos d\u00edas en Canilles; y en este tiempo muri\u00f3 Luis Quijada de la herida, cuya muerte sinti\u00f3 don Juan de Austria tiernamente, porque era muy buen caballero, y hab\u00eda servido al Emperador su padre desde ni\u00f1o, y hall\u00e1dose con \u00e9l en todas las ocasiones de las guerras que se le hab\u00edan ofrecido, y por la mucha confianza que de su virtud ten\u00eda, se lo hab\u00eda encomendado y lo hab\u00eda criado desde su ni\u00f1ez, cuando aun no sab\u00eda cuyo hijo era, y as\u00ed le llamaba t\u00edo, y \u00e9l a \u00e9l sobrino. La nueva deste suceso tuvo su majestad en C\u00f3rdoba por carta de don Juan de Austria de 19 de febrero, d\u00e1ndole cuenta como por la desorden de los soldados se hab\u00eda dejado de ganar la villa de Ser\u00f3n, y pidiendo mayor n\u00famero de gente con que poder proseguir adelante; y luego se despach\u00f3 correo a las ciudades de \u00dabeda y Baeza y Ja\u00e9n, por donde hab\u00edan de pasar dos mil infantes que iban de Castilla y del reino de Toledo, con orden que donde quiera que los alcanzase, parasen; y dejando de ir a Granada, como les hab\u00eda sido ordenado, fuesen al campo de don Juan de Austria. Y al duque de Sesa se le escribi\u00f3 que le enviase el mayor n\u00famero de gente que pudiese, quedando \u00e9l prove\u00eddo de manera que por falta della no dejase de hacer los efetos que se pretend\u00edan por aquella parte; encarg\u00e1ndole brevedad en su entrada en la Alpujarra, por ser cosa que dar\u00eda mucho calor a lo que don Juan de Austria hab\u00eda de hacer en el r\u00edo de Almanzora. Mas ya cuando le lleg\u00f3 este mandato hab\u00eda salido de Granada, y estaba recogiendo su campo en el lugar del Padul, como diremos en el siguiente cap\u00edtulo. Dejemos agora a don Juan de Austria rehaciendo su campo, y vamos a lo que se hizo en este tiempo a la parte de Granada.<\/p>\n<p><b>\u00a0<\/b><\/p>\n<h3 align=\"center\"><i>Libro Octavo &#8211; Cap\u00edtulo XI<\/i><\/h3>\n<p align=\"center\"><b><i>C\u00f3mo don Juan de Austria fue sobre la villa de Ser\u00f3n y la gan\u00f3<\/i><\/b><\/p>\n<p><b>\u00a0<\/b><\/p>\n<p>Cuando don Juan de Austria hubo reforzado su campo en Canilles de Baza, donde estuvo algunos d\u00edas, y prove\u00eddose de bastimentos, artiller\u00eda y municiones para ir al r\u00edo de Almanzora, sabiendo que ya el duque de Sesa hab\u00eda salido de Granada con el otro campo, parti\u00f3 de aquel alojamiento con ocho mil infantes y quinientos caballos. La primera jornada que hizo fue a la Fuen Caliente, y a la hora que lleg\u00f3, que ser\u00eda a v\u00edsperas, mand\u00f3 a Tello Gonz\u00e1lez de Aguilar que con los caballos de su cargo diese vista a Ser\u00f3n desde unos cerros que est\u00e1n de la otra parte del r\u00edo por frente de la vi\u00f1a, y que no se quitase de all\u00ed hasta que el campo estuviese alojado. Los moros pensaron hacer lo que la vez primera, y en descubriendo la caballer\u00eda salieron huyendo la vuelta de la sierra para aguardar el socorro y volver a dar sobre nuestra gente; mas como vieron que no iba nadie a ocupar la villa, volvieron aquella noche a meterse dentro. Otro d\u00eda de ma\u00f1ana march\u00f3 nuestro campo en su ordenanza por el r\u00edo abajo, llevando la vanguardia de la infanter\u00eda el capit\u00e1n Antonio Moreno con el tercio de su cargo, y la caballer\u00eda delante; y como los enemigos entendieron que se les iba a poner cerco de prop\u00f3sito, no se asegurando en la villa ni en el castillo, le pusieron fuego de parte de noche; y dej\u00e1ndole ardiendo, tornaron a subirse a la sierra, como de primero. Viendo pues don Juan de Austria que el castillo ard\u00eda, y entendiendo que los moros le hab\u00edan desamparado, mand\u00f3 a Tello Gonz\u00e1lez de Aguilar que fuese a ponerse en el proprio paso donde hab\u00eda estado Francisco de Mendoza, y a don Garc\u00eda Manrique que con mil y quinientos arcabuceros tomase lo alto de la sierra sobre la villa a la parte de T\u00edjola, que eran los pasos por donde los moros hab\u00edan de entrar con el socorro. Hab\u00edanse recogido a las almenaras que toda la noche hab\u00edan hecho los de Ser\u00f3n, m\u00e1s de siete mil moros en Purchena, donde hab\u00eda venido Hernando el Habaqu\u00ed; y al tiempo que nuestra gente caminaba la vuelta de la villa, comenzaron a descubrirse como ven\u00edan el r\u00edo arriba puestos en sus escuadrones, con sus banderas tendidas, tocando sus atabalejos y dulzainas, a manera de representaci\u00f3n de batalla. Don Juan de Austria envi\u00f3 luego a don Mart\u00edn de \u00c1vila que fuese a reconocerlos con las cien lanzas que serv\u00eda Jerez de la Frontera; el cual los reconoci\u00f3, y refiri\u00f3 que era mucha gente, y que le parec\u00eda traer determinaci\u00f3n de pelear. Entonces mand\u00f3 cesar el alojamiento, y orden\u00f3 sus escuadrones y exhort\u00f3 los capitanes y soldados; y ape\u00e1ndose del caballo, se puso en la vanguardia delante del escuadr\u00f3n de la infanter\u00eda. El Habaqu\u00ed tra\u00eda la vanguardia de su campo con ochenta caballos, y luego segu\u00eda un escuadr\u00f3n de infanter\u00eda a veinte y cinco por hilera, puestos en tan buena orden como si fueran soldados muy pr\u00e1ticos, y dos mangas de escopeteros sueltas, que fueron acerc\u00e1ndose hacia nuestra caballer\u00eda, tirando con las escopetas para provocar a que los nuestros hiciesen alg\u00fan acometimiento desordenadamente. Y hici\u00e9rale Tello Gonz\u00e1lez de Aguilar si don Juan de Austria quisiera darle licencia para ello; el cual le mand\u00f3 que se estuviese quedo; y haciendo apartar el escuadr\u00f3n de la vanguardia sobre mano izquierda para que pudiese tirar la artiller\u00eda contra los enemigos, bast\u00f3 aquello para que dejasen el camino que llevaban y tomasen la vuelta de la sierra hacia donde don Garc\u00eda Manrique estaba; y carg\u00e1ndole con grand\u00edsima furia, comenzaban ya nuestros soldados a aflojar y muchos dellos a huir; y perdi\u00e9ranse todos si don Juan de Austria viendo ir al enemigo la vuelta dellos, no enviara dos mil arcabuceros en su socorro, los cuales reforzaron la pelea por nuestra parte cargando animosamente a los enemigos, que firmes se sustentaron m\u00e1s de una hora. En este tiempo mand\u00f3 don Juan de Austria a Tello Gonz\u00e1lez de Aguilar que con sus cien lanzas subiese la sierra arriba, y con \u00e9l dos adalides que guiasen, porque era tan fragosa, que apenas parec\u00eda poderla hollar caballos: tard\u00f3 en subir m\u00e1s de media hora por la parte hacia donde nuestra gente peleaba; y cuando lleg\u00f3 arriba no llevaba m\u00e1s de cuarenta caballos con su estandarte, porque no le hab\u00edan podido seguir los otros. Y siendo a tiempo que don Garc\u00eda Manrique ten\u00eda frente a los enemigos y los comenzaba a arrancar con la gente del socorro, hizo tocar las trompetas y los acometi\u00f3. Fue tanta la turbaci\u00f3n de los moros en ver caballer\u00eda donde entend\u00edan que no pod\u00eda subir, que perdiendo la furia y el \u00e1nimo juntamente, dieron a huir. Siguiose el alcance por nuestra parte, matando y hiriendo muchos dellos, y prendiendo algunos, les tomaron siete banderas, y el Habaqu\u00ed, dejando muerto el caballo, se escap\u00f3 huyendo a pie. Habida esta vitoria, la villa y el castillo qued\u00f3 por nosotros: alojose nuestro campo en unas vi\u00f1as junto al r\u00edo, y mandose a los gastadores que terrasen los cuerpos de los cristianos muertos, que aun estaban tendidos por aquellos campos desde la rota pasada. Det\u00favose don Juan de Austria all\u00ed algunos d\u00edas, porque comenzaban a faltar los bastimentos para ir adelante, mand\u00e1ndome a m\u00ed que fuese a las ciudades de \u00dabeda y Baeza y al adelantamiento de Cazorla a proveer el campo, como lo hice. Y cuando fue tiempo, parti\u00f3 sobre T\u00edjola, dejando de presidio en Ser\u00f3n al capit\u00e1n Antonio Sede\u00f1o con cuatro compa\u00f1\u00edas de infanter\u00eda y una de caballos para asegurar las escoltas, y en el castillo a Crist\u00f3bal Carrillo, criado del marqu\u00e9s de Villena, con docientos soldados que hab\u00eda enviado a su costa para aquel efeto. Vamos a lo que en este tiempo hacia el duque de Sesa.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"right\">Transcripci\u00f3n del Cap\u00edtulo XI del libro Octavo \u201cHistoria de la rebeli\u00f3n y castigo de los moriscos del Reino de Granada\u201d, de Luis del M\u00e1rmol Carvajal, historiador espa\u00f1ol. Se ha respetado la ortograf\u00eda y sintaxis del original.<\/p>\n<p align=\"center\"><b>\u00a0<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Libro sexto Cap\u00edtulo XXV C\u00f3mo Aben Humeya envi\u00f3 a levantar los lugares del r\u00edo Almanzora, y la descripci\u00f3n de aquella tierra R\u00edo de Almanzora quiere decir r\u00edo de la vitoria. Tiene principio de una fuente que nace en el camino que va de Canilles de Baza a Ser\u00f3n, llamada Fuencaliente, y corriendo por un valle<br \/><a href=\"https:\/\/turismoseron.es\/blog\/historia-de-la-rebelion-y-castigo-de-los-moriscos-del-reino-de-granada-libro-sexto-capitulo-xxv\/\">Read more &rarr;<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":236,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[82],"tags":[83,73],"class_list":["post-235","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-historia","tag-historia-2","tag-seron"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/turismoseron.es\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/235","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/turismoseron.es\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/turismoseron.es\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/turismoseron.es\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/turismoseron.es\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=235"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/turismoseron.es\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/235\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":506,"href":"https:\/\/turismoseron.es\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/235\/revisions\/506"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/turismoseron.es\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media\/236"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/turismoseron.es\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=235"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/turismoseron.es\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=235"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/turismoseron.es\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=235"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}