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Barberos flebotomianos

2 abril, 2018 | Comment

Barberos flebotomianos en el Serón de los siglos XVIII y XIX

Florencio Castaño Iglesias

Desde siempre los pueblos y ciudades han contado con personas que se dedicaban a sacar dientes y muelas a sus convecinos. Hasta que la odontología no se consolidó como profesión científica e independiente (principios del siglo XX), dicha tarea la realizaban los cirujanos y los llamados barberos flebotomianos, que por un lado tenían tienda  para barbear y cortar pelos pero al mismo tiempo realizaban extracciones dentales y algunos procesos de cirugía como abrir abscesos, sangrar la carne humana o aplicar ventosas para aliviar algunas enfermedades.

En España, este oficio no se reglamentó hasta finales del siglo XV, estableciéndose que ninguna persona podía poner tienda y ejercer de sangrador sin ser previamente examinado en el arte de la flebotomía[1], o arte de sangrar.

Uno de los personajes importantes del Quijote es el de maese Nicolás, barbero sacamuelas de la aldea donde vivía el ilustre hidalgo. En la época de Cervantes el culto a Santa Apolonia era muy difundido y las personas que sufrían dolores dentales le rezaban para que los auxiliara. En nuestros días, la patrona de los odontólogos sigue siendo Santa Apolonia.

 

Cirujanos y barberos flebotomianos en Serón

Desde la segunda mitad del siglo XVIII y hasta bien entrado el XIX, Serón contó con una familia de cirujanos, los García Paredes, que además de tener tienda de barbería realizaban la flebotomía junto con las extracciones dentales. Juan García Paredes padre, fue el cirujano titular de Serón entre los años  1755 y 1783. Se casó en primeras nupcias con Bárbara de la Cruz, natural de Almería, teniendo dos hijos: Santiago y Bernardino García de la Cruz. Santiago se casó en Baza y allí estuvo ejerciendo el arte de la flebotomía. Su padre le pagó los estudios para obtener el título de sangrador, proporcionándole los “trastos” y herramientas del oficio. Bernardino obtuvo una plaza de soldado de infantería en el Regimiento de Zamora, trasladándose posteriormente a las Indias donde falleció.

En 1762, Juan se vio envuelto en un proceso judicial por motivos matrimoniales. El propio Paredes lo describe así[2]: “Que por Thomas Herrerías, vicario y juez ecónomo de este partido, se está procediendo contra mí para que haga vida maridable con Bárbara Cruz, mi  mujer que se haya fuera de mi casa desde el 27 de junio o en su defecto le diese alimentos y por no haber condescendido en ello me ha puesto preso en esta Real Cárcel. Me pondrá en libertad si me obligo a pagarle en efectivo 60 ducados cada año.”

En esta época y hasta bien entrado el siglo XX, la vida económica de Serón como la de tantos pueblos y ciudades tenía como eje central el trueque y, en particular, las Igualas[3]. En 1769, Serón contaba también con un maestro flebotomiano: Francisco Xavier Marín. Con el objetivo de evitar disputas entre ellos y al mismo tiempo mejorar la asistencia de sus igualados, Paredes y Marín firman un acuerdo de concordia[4]. El convenio contemplaba la existencia de una única tienda de barbería: “Francisco Xavier Marín ha de mantener abierta tienda de barbería…”. En otro momento del acuerdo se indica que “para sangrías ventosas, los vecinos igualados podían llamar a cualquiera de los dos”. En el caso de forasteros se estipuló que “si vienen forasteros a la tienda tanto a quitarse la barba como a sacar muelas, los estipendios que se paguen se guarden en arca para luego repartir.

En 1784, Juan García Paredes formaliza su testamento[5] donde indica que se casó en segundas nupcias con Isabel García de Aguilar, de cuyo matrimonio nacieron Pedro, María, Juan, Teresa y Melchora. El enlace se produce en la villa de Albaladejo del Cuende (Cuenca), donde vivían  los padres de Isabel. Su hijo Juan García es el que va a seguir los pasos de su padre, trabajando en Serón con los cirujanos flebotomianos Luís Agustín Usero, José Antonio de la Cruz, Juan García Portaz y Francisco de Paula Fernández. En documentos públicos aparece como Juan García Paredes tomando como segundo apellido el mismo de su padre.

En 1812 el cirujano principal de Serón era Luís Agustín Usero, aunque ya venía trabajando Paredes. Cuando José Antonio de la Cruz, llega a Serón como tercer cirujano flebotomiano, se vuelve a firmar un convenio[6] entre ellos. Acuerdan que “la tienda de barbería debe estar en la casa de Don Luís, siendo atendida por tres mancebos corriendo los gastos de mantenimiento de la tienda así como las manutención y salarios de los mancebos a apartes iguales”. También en la casa de Don Luís “se reunirán los productos de las igualas hasta su reparto, dándose cuenta mensualmente de lo que se cobre y teniendo la llave del cuarto del grano Don José Antonio de la Cruz”. Muy interesante la cláusula que establecen para cubrir económicamente la posible enfermedad o invalidez absoluta de alguno de ellos: “Si alguno de nosotros tuviese enfermedad incurable e impedido absolutamente de ejercer sus funciones, los demás tienen que cubrirle el año que reste. En los años sucesivos de su vida y para ayuda a su subsistencia se le contribuirá del fondo 50 ducados al año”.

Sobre Juan García Paredes hijo se puede decir que participó activamente en la implantación en Serón de la Constitución de 1812, hecho que se produjo en octubre de 1812, una vez que los franceses abandonan Granada y Baza. En 1816, Paredes era ya el cirujano titular de Serón prestando algunos servicios en el hospital de Tíjola. Años más tarde, en 1823 y  1837 formaría parte de los ayuntamientos constitucionales de Serón.

En 1834, Paredes seguía ejerciendo en Serón junto al cirujano sangrador Francisco de Paula Fernández. En su convenio[7] para reunir sus conductas igualadas en cirugía, sangrías y barbas se especifica que Paredes aporta 170 fanegas de trigo y 1800 reales mientras que Fernández 100 de trigo y 1100 reales.

 

Antonio Fernández Ruíz,  cirujano de 3ª clase

A partir del primer tercio del siglo XIX hay un intento de unificar y al mismo tiempo reducir, la gran cantidad de títulos emitidos por los colegios de Medicina y Cirugía en España. En particular, el nuevo título de cirujano de 3ª clase era equivalente al de cirujano flebotomiano o cirujano sangrador. Antonio Fernández Ruíz, natural de Serón, obtiene este título en 1844.

Antonio nace en 1814, siendo apadrinado por el cirujano Francisco de Paula Fernández, su tío. En octubre de 1840 se matricula en Madrid en el Colegio de Medicina y Cirugía de San Carlos para estudiar la carrera de cirujano de 3ª clase. Entre los requisitos para poder presentarse a examen se tenía que justificar el  haber estudiado privadamente la flebotomía así como haber seguido, al menos seis meses, las enseñanzas prácticas con un cirujano flebotomiano. La justificación necesaria se la proporciona Francisco de Paula el 9 de febrero de 1844 en cuyo informe se indica que: “Ha practicado a mi inmediación las pequeñas operaciones de cirugía con todo esmero y dignidad y ha asistido a la visita y curación a cuantas operaciones he practicado en dicha época”.

Hacía el último tercio del siglo XIX los médicos-cirujanos de Serón eran Francisco Jiménez Dumas y Agustín Torreblanca Carrasco. En 1893, Francisco Jiménez Cano, hijo de Jiménez Dumas es también médico-cirujano, estando casado con Mª de los Remedios Fernández Rodríguez, hija de José Fernández Estrada, cura castrense de Serón.

 

 

Tienda de barbería y barbero sacamuelas

 barberia

 

De izquierda a derecha las rúbricas de padre e hijo

rubrica1

 

Rúbricas de Paredes y Fernández en 1834

rubrica3

 

Solicitud de Antonio Fernández Ruíz para seguir la carrera de Cirujano de 3ª clase

barbaros flebotonianos


[1] Practicar incisiones en una vena para evacuar una cierta cantidad de sangre.

[2] A.H.P.AL., Pr. 4243

[3] Convenios que los vecinos hacían con el barbero, el herrero, el médico y hasta el cura, comprometiéndose a dar cierta cantidad de grano al año a cambio de sus servicios.

[4] A.H.P.AL., Pr. 4249

[5] A.H.P.AL., Pr. 4266

[6] A.H.P.AL., Pr. 4292

[7] A.H.P.AL., Pr. 4316, f. 307

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